Calidad de la educación: una realidad social alarmante

Por Guillermo Jaim Etcheverry

Febrero 2018

A comienzos de la década de 1990 se inició en la Argentina la evaluación a escala nacional de los aprendizajes logrados por los alumnos que asisten a la escuela primaria y media. Años más tarde, en 2000, el país se incorporó al conjunto de naciones que participan regularmente en la prueba PISA que, instrumentada por la “Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos” (OCDE), investiga los aprendizajes de jóvenes de 15 años que están en la escuela. El propósito de estas investigaciones es detectar las dificultades que enfrentan los estudiantes para comprender textos así como para desempeñarse en matemática, ciencias naturales y sociales con el objeto de arbitrar estrategias que permitan superarlas. Aunque con numerosos problemas y no poca resistencia, la política de evaluar los resultados de la educación se ha mantenido a pesar de los cambios de gobierno. Eso ha permitido que en el transcurso de estos 25 años se haya ido instalando en el país una todavía débil cultura de la evaluación que hace que estos procesos sean hoy mejor aceptados.

Desde los iniciales “Operativos Nacionales de Evaluación” (ONE) hasta el último realizado en 2016, la prueba “Aprender”, se han comprobado las serias deficiencias que tienen nuestros estudiantes — tanto durante su tránsito por la escuela primaria como por la secundaria — para comprender textos así como para realizar simples operaciones vinculadas con los procesos de abstracción involucrados en el manejo de los conceptos de la lógica matemática. Esos resultados han sido confirmados por investigaciones internacionales como las citadas pruebas PISA que se realizan cada tres años, el estudio PIRLS (Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora) así como por las evaluaciones llevadas a cabo por la UNESCO en países de América Latina (PERCE 1997, SERCE 2006 y TERCE 2013). Además de la confirmación citada, la comparación con otros países ubica a la Argentina en los últimos puestos en cuanto al rendimiento de sus estudiantes en comprensión lectora y en matemática. Como lo demuestran los estudios realizados en el ámbito latinoamericano en alumnos del ciclo primario, nuestro país ha retrocedido de manera significativa en lo que respecta al rendimiento de esos alumnos en los 16 años transcurridos entre el primero y el último.

La investigación “Aprender”, llevada a cabo durante el año 2016 y cuyos resultados se conocieron a comienzos de 2017, proporcionó un importante volumen de información cuyo análisis ha permitido identificar serios problemas que requieren urgente solución. No resulta posible encarar aquí un examen detallado de esos resultados pero sí al menos dejar planteadas unas pocas cuestiones de entre las más graves que surgen de ese operativo. Nos concentraremos en los resultados obtenidos en el censo de todos los estudiantes que fueron objeto del estudio “Aprender” cuando cursaban el último año de su educación media y pocos meses antes del fin del ciclo lectivo. Cabe suponer que en esa oportunidad la mayoría de ellos completó ese ciclo a fines de 2016.

Respondieron los cuestionarios alrededor de 320.000 estudiantes de 5° o 6° año del nivel medio, según la modalidad de cada sistema provincial, correspondientes a todas las jurisdicciones del país. El rendimiento de los alumnos fue calificado como avanzado, satisfactorio, básico y por debajo del nivel básico. En lo que respecta a comprensión lectora, el 23 % se encontraba por debajo el nivel básico mientras que el 24 % correspondía al básico, el 44 % al satisfactorio y el 9 % al avanzado. Vale decir que el 47 % de los estudiantes que terminan su educación media tiene graves dificultades para comprender lo que lee y sólo un escaso porcentaje demuestra una capacidad calificada como avanzada.

Si bien son numerosas las consideraciones que surgen de las comparaciones que resulta posible realizar recurriendo a la rica información proporcionada por el estudio, quisiera limitarlas a dos. En primer lugar las alarmantes diferencias que existen entre las distintas jurisdicciones del país. Así, por ejemplo, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) — la jurisdicción en la que tradicionalmente se obtienen los mejores resultados — se encuentra por debajo del nivel básico el 20 % de los alumnos, en Catamarca, Chaco, Formosa y Santiago del Estero este grupo representa más del 30 %. En estas provincias, más del 60 % de los estudiantes tiene graves dificultades para comprender lo que lee. La segunda desigualdad llamativa es la diferencia que existe entre los alumnos que asisten a escuelas de gestión estatal y los que lo hacen a las de gestión privada. Mientras que entre los primeros el 56 % tiene dificultades para comprender textos, el 32 % de quienes asisten a escuelas de gestión privada presentan ese problema. De todos modos esta última es también una cifra muy alarmante. Como se ha comprobado en el estudio, la diferencia se explica, en gran medida, por el nivel socioeconómico (NSE) de los estudiantes. Los alumnos de NSE alto son quienes obtienen mejores resultados y el 70 % de ellos concurren a establecimientos de gestión privada mientras que solo lo hace el 10 % de los alumnos de NSE bajo.

Una tendencia similar, aunque con porcentajes mucho más preocupantes, se observa en lo que respecta a las competencias de los alumnos para resolver problemas sencillos de matemática. En este caso, el 41 % se encontraba por debajo del nivel básico mientras que el 29 % correspondía al básico, el 25 % al satisfactorio y el 5 % al avanzado. Vale decir que el 70 % de los estudiantes — más de 2 de cada 3 — enfrenta graves dificultades para realizar simples operaciones matemáticas y sólo un escasísimo porcentaje tiene una capacidad calificada como avanzada. Al igual que en lo que respecta a la comprensión de textos, en el caso de matemática, existen abismales diferencias entre las distintas jurisdicciones en el país y también se observa un mejor rendimiento de los estudiantes que asisten a escuelas de gestión privada. Sin embargo, aún en este caso, los resultados son decepcionantes ya que casi la mitad de los estudiantes que asisten a estas escuelas, tiene un nivel básico o aún por debajo de este. Es esta una clara evidencia del desinterés que existe en nuestra sociedad por el logro académico, inclusive entre quienes cuentan con todas las facilidades para aprender.

Lo más preocupante es el hecho de que estos resultados no hacen más que confirmar una situación que es conocida desde hace demasiados años. Como señalara más arriba, la mayoría de los estudiantes que respondieron tan deficientemente en las pruebas “Aprender”, hoy ya son graduados de la escuela media y, además, sólo representan alrededor de la mitad de los niños que iniciaron la educación primaria porque la otra mitad abandonó los estudios por muy diversas razones. Si esta es la situación en que se encuentran los que completaron la educación media, resulta fácil imaginar la de quienes no han tenido acceso a ella o abandonaron sus estudios.

Análisis como este, que sólo es posible realizar cuando se dispone de datos concretos, en este caso acerca de los aprendizajes, deberían movilizar a la sociedad para emprender una nueva epopeya educativa que se proponga el modesto pero trascendente objetivo de enseñar a comprender lo que se lee y a desarrollar la capacidad de abstracción, condiciones básicas no solo para proseguir estudios sino para la compleja tarea de desempeñarse en la vida. Sin esas condiciones será muy difícil contar con una ciudadanía responsable y hacer así posible el desarrollo de una sociedad moderna.

    Argentinos por la Educación

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