Racismo eres tú.
Jorge Matías
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El islam no es una raza. Pero tampoco lo es “negro”, “latino” o “asiático”, y bien que aparecen bajo esa etiqueta en la lista que obligatoriamente se debe llenar para ingresar a los EEUU.

Hay un fondo con el que concuerdo plenamente: el particularismo, la visión ingenua de que “es su cultura, que nadie les diga nada, que no cambien nada” no solo es el combustible de Le Pen sino que es suicida. Para todos. Pero eso no quita que, exagerando las correlaciones, sí haya actitudes racistas, del mismo bando que deambula en torno a Le Pen, que está por expulsar del Primer Mundo o impedirle su ingreso a todo aquel que, por un color de piel o pasaporte, tenga algo que ver con las sociedades en donde el islam es mayoría.

Y eso es racismo. Racismo cultural, como lo ha llamado la sociología, o protorracismo, si se quiere testificar que la noción de qué sería esa raza a menospreciar está todavía en gestación. Tal como se gestó, y no cayó del cielo ni se reveló en los genes, que los americoliberianos eran una raza distinta y enemiga de las etnias que habitaban el territorio que hoy es Liberia, o tal como los judíos pasaron de ser jázaros a ser semitas según los ánimos de la mayoría cristiana de Europa.

Que la lucha contra la irracionalidad y la búsqueda del laicismo no sea racismo, y que por ende invalide los argumentos de quienes así lo acusan, no demuestra ni niega que este racismo no exista, y no esté presente en otras posiciones políticas que abordan este mismo problema.

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