No le dediqué una sola mirada, no me reí y no le dí dinero: #SiMeMatan

Ayer iba en el último microbús que tomo para llegar a mi casa después del trabajo cuando un hombre me agredió. Entre dientes, muy bajito, porque el microbús iba lleno y eran las 6.30 de la tarde, había demasiada luz. De hecho el sol nos azotaba de frente, traía mis lentes oscuros y aún así me lastimaba; además, había sido una jornada de trabajo especialmente pesada, iba incómoda porque el calor me hace sudar demasiado, sobre mis piernas dos bolsas llenas de calificaciones por hacer, y sobre estas bolsas mi celular donde leía cómo la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México intentaba estigmatizar a Lesvy Berlín Rivera Osorio, la chica que fue asesinada en la UNAM. Digo todo esto como si tuviera que justificar por qué no me reí con los chistes de ese hombre vestido de payaso, por qué no lo volteé a ver cuando le pidió permiso al chofer para que lo dejara subir al micro ni durante su rutina “cómica” alusiva al día de las madres y plagada de misoginia y homofobia que vociferó desde el pasillo. No le dediqué una sola mirada, no me reí y no le dí dinero. Supongo que algo de esto tuvo que ver con su rabia, tanta que al terminar su rutina y luego de recorrer el pasillo para recibir (o no) algunas monedas, fue directamente a donde yo iba sentada, justo pensando lo que dirían de mí si me asesinaran, porque intuyo que es lo primero que nos da por pensar a las mujeres que sabemos que no hemos llevado una vida intachable (¿quién sí?) al leer que tras el asesinato de una mujer a las fiscalías y a los medios les da por exhibir la vida privada de la víctima.

Todas somos Lesvy

Lo que yo estaba pensando él no tenía forma de saberlo, claro, aunque no sé si, dado que se acercó demasiado a mí, desde su altura pudo ver lo que yo iba leyendo en mi teléfono. Empezó a rumiar algo, como en esas ocasiones en que unx habla consigo mismx. Pero luego entendí una frase y supe que era para mí y recordé que no era la primera vez: hace un par de años había hecho algo similar, al no recibir nada de dinero se quedó unos minutos en el vehículo diciendo muy molesto “pinches muertos de hambre”. Dice estas cosas entre dientes, pero no para sí mismo, pasivo-agresivamente, para que lo escuchen varixs pero nadie pueda reclamarle, porque si tú lo haces “¿tú solo te pusiste el saco?” Ayer al final entendí una frase, la dijo más fuerte y más claro que el resto de su perorata: “Por eso les va como les va”. Volteé a verlo y huyó hacia la puerta, bajó de inmediato. Dudo que a mí me maten, pero si me matan, estadísticamente es más probable que no lo haga un completo extraño, sino que sea alguien cercano a mí, (desde un señor que coincide en la misma ruta de vez en vez conmigo, hasta una persona ligada a mí sentimentalmente); pero de verdad, dudo que así sea, porque pese a mis interminables listas de calificaciones en las que trabajaré el fin de semana, mi sudor excesivo, los 7 camiones que debo tomar diario y demás situaciones de las que a veces me quejo, también reconozco mis privilegios, y sé que uno de ellos consiste en que para subsistir no tengo que subirme a autobuses a contar chistes (aunque hace unos años a punto estuve). Lo que estaría terrible, creo, es que mis privilegios no me sirvieran para luchar por las miles de mujeres que están expuestas a violencias más grandes, y por eso empiezo por visibilizar estos micromachismos. No es normal que un señor se arrime tanto a mí y me agreda verbalmente en el micro. Vi el hashtag “Si me matan”, leí de nuevo el boletín y las notas “periodísticas” sobre Lesvy, y volví a escuchar en mi mente la frase que ese payaso pronunció en un microbús repleto, a plena luz del día: “Por eso les va como les va”. Sepan que este sistema en el que las mujeres son asesinadas como escarmiento por no ser “buenas”, y luego revictimizadas, se sostiene con esas frases entre dientes, con chistes, con imágenes y comentarios sobre cómo debería o no ser una mujer, aparentemente tan inofensivos. No nos matan por cómo vivimos, nos matan porque hay miles de personas cobardes que en el fondo son como ese triste payaso.

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