Neurosis.

Adentro libre, afuera cae.

Es del alma el ancla del neurótico al mundo de la negación, el de la corrupción del ser, de todo este mundo de mierda.

Es así la vida explicada desde cualquier plataforma que así la conciba.

Detestar la realidad es un asunto tan salvaje que solo pocos tratan de recrearlo.

La negación de la realidad es parcial en el neurótico que despedaza la realidad en pedazos, aísla sus partes, las comprime, reduciéndolas, para luego dar otra forma.

Forma a la cual el neurótico se adapta para lidiar con la realidad, con la propia ansiedad, con la frustración y con cualquier otra sublevación emocional que este éste esté experimentando.

Tal como si alguien pensara, siempre, -maldición- en los otros.

El otro se nutre de mí. Yo me nutro del otro.

La única cosa -ésto- real, es aquello negado. Aquello prohibido que desespera al neurótico. Aquello que guarda -no- relación con su estado anímico.

El otro se nutre de mí. Yo me nutro del otro.

El duelo comienza por la negación.
Negación de lo perdido, de lo vivido, de lo ganado, de lo extraviado entre las agujas del tiempo y nuestros brazos picados por agujas de legitima y sincera ansia de devorar.

Así, el alma -está- triste e iracunda del enfermo ronda la negación existencial. Se deprime, se aleja, revienta y luego pide perdón. Esto lo causa la neurosis.

La medicación puede volverse la cura.

La auto medicación es algo por demás natural. Así como también lo es que el padre neurótico comunique bien sus malos estados de animo al hijo del neurótico; -pasando- su sangre.