Sobre cómo mi amigo, a quien admiro, me ha subido el ego, y he vuelto a escribir.

Una historia de amor y cólera.

Colérico, empleo palabras sin sentido en mi oración, así, sin foto. La verdad es que amo esto, así, sin sentido.

#Mentí.

Es agradable despertar de la jornada de un trabajo que, aunque nos apasione, nos quita tiempo valioso (para hacer alguna otra cosa, así, sin la cadena del salario).

Más agradable aún es encontrar que tu escrito, nacido de la presión de ciertas teclas y el ímpetu salvaje de una juventud, ahora añeja, ha sido recomendado, no por tu amigo del alma (inexistente, por cierto), sino por un escritor de cama, de piso, de almohadas, de alcobas oliendo a fieras, a obras de teatro y análisis de textos viejos, pútridos, amados.

Esto, amados lectores coléricos, esto es lo que genera la escritura, la interacción, la perdida en un mundo otrora lleno de conjugaciones y palabras raras.

Esto, amigos míos, es por lo que yo escribo.

En otras partes se encuentran textos apresurados, vendidos, ansiosos por reconocimiento.

A esto me dedico, a no esperar a que alguien lea lo que escribo.

¡Salve Raúl!

Se escribe por ego.