Tiempo

Feliz día.Te extraño.
Otro año ha pasado y el día sigue siendo tuyo. Desde el comienzo. Aunque la vida difícilmente es despedida, a veces se recuerda para vivir, observando continuamente el entorno, las caras ajenas, espejos dentro de otra casa; la razón en manos de nadie.

Mi luna en vos.

El amor en vos.

Mi dolor en vos.

Pero no muero.

Y sigo así, conteniendo las palabras extranjeras en la costa del nacionalismo inicuo del nuestro ser errático; del hombre, de la mujer, de los padres y madres prestos a fingir amor por descontento.

Sabes bien que eres la música en mi organismo, recuerdo constante, tonada del viento. Hoy mi corazón, sufriendo, no respeta puntos ni horarios lingüísticos, ni respeta al padre del que tan poco se habla. Hoy sólo somos dos cuerpos inmortales, retrocediendo en la insondable soledad de nuestras horas y nuestros minutos, de nuestros cuerpos alejados de los abrazos fríos, confundidos entre hierro; hoy tan sólo nos pensamos, extrañados, confrontando con agrado la desesperación y el cinismo, la influencia de seres antiguos, los infieles del ayer.

Es este el vaticinio de un suicidio, de la carta larga, del proceso interno, esta vez el día comienza a las 12:15, con tu cara en mis ojos, con mi rostro en tu cara, con estas ganas de amarte sin distancias, sin redes, sin reproches; con el ansia antigua de buscarte, necio a desfallecer, imparable. Pero las cosas cambian, en Octubre los amores se revuelcan en el odio que ya no es más, hasta que nace toda calma, todo pensamiento sobre la materia y la materia misma del pensamiento.

Pero al igual que todo, este día termina con las mismas horas y segundos ajenos, con la mirada rota, con el amor a medias y el secreto a voces; una noche, dos, otro día más para el amor que habla de amor, de locura, de necesidad: del recuerdo que brota de las cuerdas de un instrumento, de los pasos dados entre cristal, de las elecciones de seres débiles, cobardes, embusteros. Desiciones que afectan a otros, tomadas por miedo a vivir, a crecer, a ser quien se ha sido en años anteriores, honestos, entre retazos de humanidad, sin retardos, cuando cada mundo se escribía en mil palabras, en una frase, sintiéndonos vivos.

Mi inverso se ha quedado en otro tiempo, alejado de mí, soportando una carga que presta se ha mostrado a dimitir, a doblegarse ante el poder externo, a mancillar nuestro templo, nuestra familia. Cercanos ya a toda farsa, fácil nos resulta resolver; amantes de lo nocturno, caminando entre el pantano de otros, aguantando otros gritos, otras historias, aunque la nuestra sigue, alerta, en espera.

Nadie nunca obtendrá la despedida eterna, el tan preciado lazo, entre acciones orientadas a permanecer. Hoy el día aun no comienza, y así, con estas palabras que se dislocan, desplazándose, como partículas en movimiento, en medio de vicisitudes, el camino se despliega glorioso ante ti, amable, inteligente.

Ahora debemos de ser conscientes, ahora tenemos que entender: la distancia y el tiempo no son para nosotros, porque, después de todo, el amor en mí no acaba.

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