¿Y dónde están los medios?


El periodismo como startup


“No hay mejor entrenamiento para un emprendedor que trabajar en un periódico, porque todos los días hay que entregar un producto”. Esa frase de Charlie Cheever, cofundador de Quora, un sitio de preguntas y respuestas organizado por los usuarios, me hizo sentir revindicada en un salón lleno de ingenieros y MBA en Silicon Valley.

Los periodistas somos más parecidos a los emprendedores de lo que creemos. Ambos tenemos olfato para encontrar primero aquello que nadie más ha visto; nos sobra empatía para entrevistar, validar nuestra hipótesis. Cuando tenemos más o menos una idea de por dónde va la cosa, vamos y le hacemos el “pitch”, se lo “vendemos” al editor.

Iteramos al más mínimo gesto de desaprobación y una vez que tenemos el sí, nos sentamos a crear un prototipo, a escribir y a editar hasta que la versión con la que estamos medianamente satisfechos se la llevamos al editor o corrector y allí hasta que se publica. Entonces, ¿por qué los periodistas no emprendemos más?

La respuesta la da Cheever, la encarnación del sueño “siliconiano”. Ingeniero en computación de Harvard, ex Facebook, ex Amazon, cuya startup valorada en 900 millones de dólares consiguió 80 millones en inversión. Él habla del periódico como “producto”, mientras que los periodistas no pensamos en nuestro trabajo como tal y esa es la gran diferencia. Porque lo es. Pero no como lo vieron algunos dueños de periódicos que aplicaron la fórmula del abaratamiento de costos despidiendo periodistas y bajando la calidad de la noticias, solamente para darse cuenta poco tiempo después de que el usuario sí distinguía entre un buen artículo y uno hecho a retazos.

El periodismo es un proceso que trae como resultado un producto porque hay alguien que lo consume e incluso está dispuesto a pagar por él, como bien apunta David Cohn, ex director de noticias de la aplicación Circa y ahora productor ejecutivo de AJ +.

Cuando estudiaba en la universidad, las teorías de la comunicación describían a la audiencia como poco más que un saco de papa que se tragaba todo lo que le daban los medios sin rechistar. No había mucho sitio para innovar. Hasta que llegó internet y rompió el modelo de distribución de los medios tradicionales y con ella llegaron los dispositivos y las aplicaciones que le dieron el poder a nuestra entonces pasiva audiencia para decidir cómo, cuándo y con quién se informaban. Brutal, y no lo vimos venir. Bueno en parte sí, si tomamos en cuenta que en América Latina tuvimos la oportunidad de ver pasar el futuro frente a nuestros ojos (y lo seguimos viendo), con lo que pasa en los medios alrededor del mundo. Sin embargo, no hicimos mucho. Acá estamos en plena transición digital a tientas, con una audiencia volcada en dispositivos móviles y en redes sociales, que se nos ha vuelto desconocida y esquiva. Pocos medios tradicionales han optado por experimentar tímidamente y el resto subsiste hasta donde alcance el papel.

Las presiones a la prensa en América Latina han jugado también un papel importante en esta transición. Facebook y Twitter se han convertido en canales de expresión y de información para la gente que ya no compra periódico y la oportunidad para que los periodistas rompan no solamente el corsé de formatos tradicionales sino también el de la censura, una plaga que ha evolucionado en forma de presiones económicas y jurídicas, como es el caso de Venezuela o Ecuador.

Estas presiones llevaron a que las protestas de principios de febrero pasado en Venezuela no fueran transmitidas por televisión. La gente se abocó a Twitter a buscar información, no solamente dentro del país sino también fuera. Con varios compañeros del Knight Fellowship de la Universidad de Stanford, un programa que promueve el liderazgo entre periodistas, nos preguntábamos que podíamos hacer por informarnos e informar mejor a la gente sobre lo que ocurría.

En Silicon Valley dicen que muchas veces los emprendimientos nacen de una necesidad personal, y así fue. Decidimos aplicar entonces la fórmula del Valle: identificar un problema, hacer una tormenta de ideas, plantear una hipótesis, entrevistar a potenciales usuarios, crear un prototipo y probar. Decidimos usar Twitter porque allí estaban la información y la audiencia. Queríamos utilizar el contenido valioso y fidedigno de las redes y agregarle contexto, un experimento que combinara tecnología con quehacer periodístico y el público.

Con Ana María Carrano, periodista; Martín Quiroga, programador; Martha Olmos, diseñadora, y Douglas Gómez, periodista, creamos Venezuela Decoded (VD) en dos semanas de trabajo a destajo. Lo iniciamos en inglés porque no había un sitio dedicado en ese idioma al conflicto venezolano. En dos semanas habíamos logrado 20.000 visitas y habíamos descubierto que casi la mitad de nuestro tráfico venía de Venezuela, por lo que decidimos sacar la versión en español. Fuimos reseñados en casi 60 medios a nivel mundial, incluida la BBC y Journalism News, e incluso hicimos una campaña exitosa de “crowdfunding” (recolección de fondos) en internet. Ninguno de nosotros había pedido en su vida antes dinero para llevar a cabo un proyecto.

Cohn dice que la aversión al dinero no nos deja emprender más. “Creemos que todo lo que tiene que ver con dinero es corrupto, además de la creencia de que somos muy malos para los números”, reflexiona uno de los pocos periodistas que trabajó en una startup de noticias que exitosamente ha levantado fondos.

La mayoría de las aplicaciones y sitios de noticias que pululan en el Silicon Valley no han salido de una mente periodística, sino de ingenieros, muchos de ellos, cansados de cómo los medios presentan la información. También es cierto que la mayoría de estos productos no van a llegar a ningún lado, sin embargo nos pueden inspirar otros emprendimientos, pero habrá alguno que sí lo haga, entonces nos dirá mucho de nuestra audiencia y de cómo se consume el “producto”.

Agregar contenido no es periodismo, pero quizá lo que no tenemos muy claro es que desde hace tiempo estamos en la misma industria que estos ingenieros, porque la tecnología es información. No tengo la fórmula para salvar el periodismo, pero sí tengo un consejo de Steve Blank, el padre del Lean Startup, la metodología que es la biblia del emprendimiento en Silicon Valley: “Experimentar, experimentar y experimentar”. Y en esas estamos.


Venezuela Decoded fue incluido en la selección oficial del premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2014 en la categoría Innovación como uno de los 10 mejores trabajos presentados.


Artículo originalmente publicado con algunos cambios en la @RevistaArcadia de Colombia en su edición especial de septiembre de 2014 sobre tecnología y su relación con el conocimiento y la creación.

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