Prince: una pantera en mi ascensor

Cuando un artista canta y baila como lo hacía Prince, con sus chorreras y su purpurina, a la policía del rock siempre le cuesta admitir su capacidad para tocar un buen solo. Parece que en el pop más luminoso no caben los arpegios virtuosos, pero Prince se dedicó a barrer clichés allá por donde iba: tocó funk, blues, jazz, rock y ese pop magnificente y brillante que le caracterizó en los 80 y que hoy da forma a nuestros recuerdos sobre él.

Era multiinstrumentista, pero una de sus facetas más infravaloradas fue la de guitarrista. Admiró a Hendrix y lo emuló hasta que pudo aplicar esos conocimientos en otros géneros. Todos. Fue un músico versátil, creativo, valiente y emotivo que la industria nunca consideró como tal: era un animal escénico peligroso, con demasiada personalidad (no normativa) para ser tomado en serio. El único problema es que, como una pantera en un ascensor, las garras acabaron asomando por debajo de la puerta. En 2016, 32 años después del álbum Purple Rain, no conozco a un solo músico al que no haya influido: es imposible contener a una bestia con una correa.

While My Guitar Gently Weeps

El mejor ejemplo lo vimos en 2004: Tom Petty insinuó que no se sabía “While My Guitar Gently Weeps” y Prince tocó un solo que dejó con la boca abierta al mundo entero. “Coño, pero si este maricón sabe tocar”, que habría dicho tu cuñado en la cena de Navidad. Supo tocar 30 instrumentos, cantar, bailar, componer (también para otros), producir e incluso enfrentarse a Warner en contra del control artístico al que le sometían.

Que su vida de talento y trabajo nos sirva a todos de lección: negarse a seguir a la multitud nos deja legados como este. Si no lo ves en rankings junto a Satriani o Van Halen es por su naturaleza outsider dentro del pop. Que le den a la velocidad y a la técnica, si tu técnica toca el alma así. Un artista imposible de clasificar, con una creatividad imposible de abarcar; el guitarrista favorito de Eric Clapton y el productor favorito de Brian Eno; un tipo extraño y un genio de los clásicos. Poco a poco, el público general ha ido aprendiendo lo que los fans de Prince siempre han sabido: que fue un tesoro sepultado por prejuicios (que le pasaron factura en su vida personal).

Bajo su excentricidad había un showman, bajo su imagen hortera y anticuada respiraba un alumno aventajado de Jimi Hendrix, y bajo su aparente cursilería vivía uno de los músicos más sensibles y emotivos que ha visto el mundo de la música. Los “modos de vida cuestionables” siempre acaban dándonos el arte más valioso. Será que habrá que desobedecer.

Gracias.