Romperse para romperla

Se acerca enero del 2014 y llega la noticia que en silencio espero hace rato, me van a mandar a trabajar a ESPN. Ese mes me tomo mis primeras vacaciones, y dos días antes de volver al ruedo me quiebro el pie jugando al fútbol en patas.

Romperse. No puedo caminar. Me dicen que es cuestión de paciencia y que voy a estar bien rápido, soy joven. Pero no. La lesión empieza a hacerse eterna y la calentura también, algo pasa que el hueso no se recupera. “Tengo que ir a la tele, loco… No puedo andar con muletas justo ahora”. Estoy todo ese mes trabajando desde Cañuelas y pensando: “Ya está. Llaman a otro, es fácil conseguir a otra persona que quiera ir a ESPN. Un fanático lo hace gratis”. Respiro profundo. El hueso sigue roto, y yo hago todo el mérito que puedo desde casa pero no es lo mismo… Mi familia y mis amigos me apoyan al máximo, pero el metatarso no se suelda y las sesiones de kinesiología ya parecen ser en vano. Se hacen dos meses y algo más, hasta que se nota un cambio mínimo. Mis ansias hablan por mi y apenás me dicen eso, piden volver desde mi boca. Se hace el tiempo y ahí estoy, renguísimo, caminando a dos por hora, pero en los pasillos del canal que miraba siempre con mis amigos. Donde quería estar y siendo parte.

Así encaro el año, laburando con capos de los capos, cruzándome con ídolos, chocando los 5 con el gran Quique Wolff y conociendo cómo es el todo de todo eso. El sueño del pibe, terrible.

Romperla. Cuando ya estaba en la salsa y mi dolor se había calmado, llega el evento más groso, el Mundial. Y ahí estoy junto a mis compañeros, trabajando para la parte digital del canal durante el Brasil 2014. Mi camiseta es distinta, soy el único no-periodista y llego hasta divertirme en un mes al palo, en el que Argentina casi sale campeón. Ah, y en el que casi soy campeón aparte, porque dentro de mi agencia se llega a hacer una propuesta para mandarme al Mundial, una locura que me entero después… Pero, ¿si se daba? Me volvía 10 veces más loco de lo que estoy. O 100 si eramos campeones.

Y pasa el Mundial , y pasa el año, y pasan cosas, sorpresas, desafíos y logros. Al igual que cagadas, cagadones, idas, venidas, corridas, maratones… Pero terminé el año bien, acá estoy. Escribiendo.

Escribo esto porque desde el arranque del año le dediqué mucho al trabajo. No sé si es lo mejor o no, porque en el medio se pierden algunas cosas, pero se dio así y ahora que leo esto, confirmo que estuvo bueno.

En fin, uno hace su camino e intenta forjar una historia, aunque al fin y al cabo, se termina llevando a la mochila cada momento compartido con caminos de otras personas. Esas personas son tus pares, y pueden ser tan increíbles como el gran Quique Wolff, un periodista que la rompe.

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