La maratón más importante de la historia.

No importa cuán aburrida suene la idea de ver durante dos horas a gente corriendo, vale la pena mirar la próxima maratón de Berlín.

La distancia es por historia la madre de todas las disciplinas atléticas y el corazón de los Juegos Olímpicos modernos. Y mientras los corredores amateur la han vuelto cada vez más popular, los de élite la vuelven cada vez más rápida.

Con un récord del mundo que está por cumplir tres años, están dadas las condiciones para que sea una jornada épica e histórica.

Porque hay pista.

Por una combinación de factores pareciera que la capital alemana dejó de ser una maratón de calle para convertirse en una pista de atletismo. Otrora las disciplinas distinguían claramente entre las pruebas de velocidad y la de resistencia. Ese límite se ha vuelto difuso, pues las velocidades que se logran en largas distancias cada vez se acercan más a las que antes eran exclusivas de media o corta. Mientras tanto, Berlín no sólo se ha convertido en la más rápida de las maratones pero también en la sede habitual para desafiar al récord del mundo. Por su recorrido sencillo, con rectas prolongadas, sin pendientes ni curvas molestas, y un frecuente clima propicio, sus números la avalan. Desde el 2011, a excepción de 15 segundos del 2012, se mantiene sostenidamente debajo de las dos horas cuatro minutos y acumula tres récord del mundo y un último intento que quedó a solo seis segundos. Sirve comparar contra las otras grandes para confirmar que Berlín es siempre la más rápida. Y 2017 no será la excepción.

Porque hay carrera.

Ed Caesar en su apasionante libro “2 horas” da cuenta de los distintos intentos que el deporte, y la ciencia, están realizando para que un hombre sea capaz de correr la maratónica distancia por debajo de los 120 minutos.

En la interesantísima narración que nos lleva desde tecnológicos laboratorios ingleses hasta pedregosas rutas keniatas, describe al menos dos demostraciones para tener en cuenta en la jornada del domingo.

Un atleta tiene más probabilidad de vencer determinado tiempo si el objetivo a alcanzar fuese aún menor, o no lo conociera. Dicho de otra manera: si lograse que el cerebro no imponga limitaciones a su cuerpo. Kevin Thompson (Universidad de Northumbria) lo demostró con ciclistas logrando que todos corran al menos un 2% mejor que sus marcas por haber sigo “engañados” respecto al tiempo que estaban por alcanzar.

Asimismo, hay otra demostración que guarda directa relación con la anterior y tiene que ver con los rivales. En aquellas disciplinas que un atleta debe correr contra sí mismo o un reloj, la presencia de rivales a su altura tiende a generar que la limitación personal disminuya contra la exigencia externa, independientemente de aquél reloj contra el que todos, supuestamente, están compitiendo.

Y si bien en Berlín todos tendrán claro cuál es el tiempo a vencer, también es cierto que habrá una lucha de titanes como pocas veces se da en estos eventos.

Porque hay corredores.

Corre Eliud Kipchoge (2:03:05), el maratonista más rápido del mundo, aunque sin récord. Fue el conejillo de indias con el que Nike realizó su experimento Breaking2 y quedó a 25 segundos de ser el primer hombre en la historia en correr la distancia abajo de las dos horas. Y sólo porque para algunos aquella experiencia tuvo demasiado de laboratorio y poco de calle, citamos también estos logros: campeón olímpico en Río 2016 y ganador en las maratones de Hamburgo, Rotterdam, Chicago, Berlín y Londres (dos veces), donde el año pasado alcanzó su mejor marca a sólo 8 segundos del récord.

Así entrena Eliud Kipchoge (el que lidera) en Eldoret, Kenia. Foto de Jared Nyataya, Nation Media Group.

También será de la partida Wilson Kipsang (2:03:13), quien ya fuera récord del mundo en el 2013, pero con un título que le duró sólo doce meses (se lo quitó justamente el récord vigente, Dennis Kimetto). Entre sus victorias: Tokyo, New York, Berlín, y Londres (dos veces). Ya corrió en cuatro oportunidades abajo de las 2 horas y 4 minutos, y su mejor marca la logró en 2016, obviamente en Berlín, aún cuando en esa oportunidad no ganó la carrera quedando a 16 segundos del récord.

Y no la ganó porque allí estaba Kenenisa Bekele (2:03:03), el último en subirse a esta lista y a la disciplina. Sin tantos laureles en la distancia por haberse dedicado hasta hace unos años a las pistas donde tiene, entre otros, el récord del mundo en 5.000 y 10.000 metros. Su debut en maratón fue en el 2014 donde se quedó con el título de París. Y ya tuvo al menos dos intentos de ir por el récord: Dubai a principio de este año donde tuvo que abandonar promediando la carrera, y Berlín 2016 donde logró su mejor marca a sólo 6 segundos del récord.

Y sería una falta de respeto serle indiferente a Patrick Mukau (2:03:38), aunque pareciera ya no estar a la altura. Récord del mundo en 2011 y ganador de Rotterdam, Berlín, Frankfurt y Fukukoa, su sola presencia enaltece la jornada.

La selección no es arbitraria: exceptuando al recordman Dennis Kimetto, el domingo correrán por la gloria los tres maratonistas más veloces de la historia.

Hagan sus apuestas (y pongan despertadores).

La cita es el domingo 24 de septiembre a las 9.15 de la mañana alemana, cuando en este huso horario recién sean las 4:15 de nuestra madrugada. Amerita, cuánto menos, un despertador a eso de las seis para ver el desenlace. Lamentablemente, según el pronóstico extendido, hay cierta probabilidad de lluvia. Aún así, le pongo un pleno con casi todas mis fichas, a que a las 6 y 17, con algunos segundos, ya tendremos un nuevo récord del mundo en la distancia (y no me hago cargo de sus apuestas, pero las monedas que me quedan las juego a que el poseedor será Eliud Kipchoge, aún cuando sea el que lleva la presión en la espalda).

Cualquiera sea el resultado, no dejará de admirarme que hay seres humanos capaces de correr a casi 21 km/h durante dos horas. Y el domingo demostrarán que su capacidad para superarse no tiene techo.