Sobre el rey de las hamburguesas…

Hace unos días, consecuencia de un extraño cocktail de ubicación, situación y recordación, terminé en un Burger King.

Tiempo atrás aprendí, y decidí, que ir a las dos grandes cadenas de comida rápida ya no tenía ningún sentido: hay suficientes buenos lugares de hamburguesas en Buenos Aires como para caer en alguno de esos dos.

Por eso aclaro que me venció la cercanía de uno, un momento que no podía estirar mucho más, y recordar que el supuesto rey de las hamburguesas estaba promocionando una doble con queso y cebollas salteadas (¡maldita publicidad!).

Fui y pedí una. Mis expectativas no eran altas pero ni a esa altura llegó la realidad…

Lo tuiteé. Desligué a Burger King de toda responsabilidad. La culpa no era de ellos, era sólo mía: por no cumplir con lo que ya había aprendido, por darles otra oportunidad.

Y sin quererlo, casi inconscientemente, les di una chance más: que me contesten, que vean lo que me pasó, que se hagan cargo…

Ahora no estoy seguro si a sus redes sociales las manejan abogados o detectives. ¿Mensaje privado? ¿Procedimiento? ¿Caso? ¿En serio, Burger King?

Qué difícil es, una vez cada tanto al menos, pedir disculpas y listo.

Pero bueno, ya que estaba en el baile, me puse a bailar. Les mandé el mensaje privado. La tercera, quizá, era la vencida.

No. ¿En serio me estás hablando?

Dale Bata, no desistas: alguien te va a admitir que la cagaron. Y punto. No pretendía nada más, sólo que alguien serio sepa que esa hamburguesa que están promocionando por todos lados en realidad es impresentable.

Seguí el link. Contesté un formulario. Escribí comentarios. Y apreté send.

No hubo caso: no saben servir una hamburguesa, no saben pedir disculpas en redes, no saben recibir comentarios… Pero eso de “mensaje privado para realizar el procedimiento correspondiente a este caso” suena espectacular, ¿no?

No. Así que sólo quedó despedirme.

No estoy seguro si ya cerraron “mi expediente” pero, al final, en esta me hicieron caso: nunca más me contestaron. La culpa siempre fue mía.

Y lo volví a confirmar: ir a estos lugares ya no tiene sentido…