Culpas

Resulta que si me diera por caer en tecnicismos podría afirmar que tú tienes la culpa de casi todo. Que puedo culparte de tantas cosas, que la lista sería larga y jodidamente imprecisa.

Quiero empezar diciéndote que tienes la culpa de que mi iPod esté lleno de música que de ahora en adelante no podré escuchar sin salir ilesa. Te culpo porque cuando estás distraído y te ríes se te hacen unos hoyitos que la barba no logra ocultar del todo, que te hacen un poco más imperfecto y accesible. Te culpo por todas las veces que tuve que sujetarte un instrumento, llenar una hielera, buscar servilletas, servirte un ron, acercarme a una barra y decir “señor, ¿me da un vaso con hielo?”.

Te culpo por esas sonrisas de oro de viernes por la tarde, y por esas lágrimas que contuve con los pies llenos de arena. Te culpo por la idiotez de empujar una maleta y engrapar una “pea” solo por ir a verte coverear “Prófugos”. Te culpo porque no hay forma ni manera de sacarte de un tajo de mi vida.

Quisiera culparte también por todo el papelón que hice. Por la fe. La sólida creencia en que las posibilidades existen. En que -a veces- puedo ser la excepción a las reglas. Te culpo porque de vaina me arruinas Fito. Y eso es casi imperdonable. Voy a culparte siempre por mi apego a Reverón y a las nubes de Calder. Por hacerme creer que mi carisma puede librarnos y sacarnos -vivos y enteros- de un estacionamiento cerrado cerquita de la medianoche.

¿A quién si no a ti puedo culpar por estos ojos de cielo a punto de llover? ¿Por ser esta especie de muñequita rota? ¿Por esta boca que me cuelga como un cuadro mal colgado porque no hay más besos?

Quiero decirte que por ti cometí las estupideces más grandes del mundo. Fui torpe. Tonta. Adolescente. Jugué al amor sin frenos. Por ti aguanté estoica en un bar mientras le sonreías a otra. Y pretendí que todo era normal. Que yo no tenía nada que reclamar. Que mantuve el tipo, y la clase cada vez que un extraño o un amigo me preguntaban por ti. Que fui valiente y te admití de frente y sin miramientos todo lo que en mi estaba dispuesto a hacerte feliz. Eso. Que bajé la guardia, y te mostré todo lo que podías hacer conmigo.

Te culparé también por hacerme creer que había encontrado en ti algo que no se me ha perdido. Por pretender que no podía haber “do, re’’ sin ti “mi sol”. Que fuiste mi fa sostenido. Mi compás. Que fuiste todo menos mi “tempo” perfecto.

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