
¿Por qué no tenemos novio?
Hay que empezar por el largo etcétera de esta historia, tengo veintitantos/treintipocos y estoy soltera. Soy independiente. ‘’Echada pa’lante’’. Y medianamente guapa. Simpática, pues. Y no tengo novio. Ni pretendiente. Ni ‘’perro que me ladre’’. Ni citas.
Hoy, como casi todos los domingos, cogí mi cartera y me fui al teatro sola. O al cine, o a comer, ¡qué más da! Luego de ser víctima de las miradas de ‘’¡pobrecita!’’ que me lanzaron las muchachas que me dieron la entrada para ver la obra de teatro, me dispuse a ver la función. Un musical maravilloso dirigido por uno de mis amigos. (Saco a colación que mi amigo además de dirigir/actuar/cantar y ser increíblemente talentoso, es un hombre de treinti-algo guapo/simpático que tiene una relación estupenda con una muchacha de veintipocos. -Ya entenderán porqué-)
Resulta que a la salida del musical me topé con una amiga por casualidad y nos sentamos a comer, hablamos de nuestras empresas, proyectos y amigos en común y caímos en ese tema tantas veces hablado ‘’¿por qué es tan difícil tener citas?’’, ‘’¿por qué seguimos solteras’’?
Según nuestros amigos el problema es que las mujeres como nosotras (cito textual) ‘’dan miedo’’.
Ajá, así mismo. Como si una fuera ‘’El Bebé de Rosmary’’ o ‘’El llamado del Anticristo’’ ó ‘’La sexta infantería nazi’’. Nosotras, a nuestra población ‘’target’’ -los treintañeros- les damos miedo. Pánico. Terror. Susto. Angustia.
Indagando en anécdotas mutuas y charlando sobre experiencias pasadas mientras nos servían el sushi, llegamos a la conclusión que debe existir la excepción a esa regla tan horrenda. Al miedo, pues. Porque sabemos que no es imposible, ni matemáticamente improbable que un ‘’treintañero independiente, exitoso y centrado’’ se fije en mujeres como nosotras. Y es allí donde surge el ejemplo de mi amigo el Director.
Él tiene una relación bellísima y funcional con una muchacha que bien podría ser mi amiga. O hasta yo. Y se demuestran afecto. Y cada uno tiene su espacio. Y se apoyan. Y son un equipo. Y están ahí el uno para el otro sin estar amapuchados 24/7. Y ella es joven e inteligente. Y guapísima (como nosotras) y tiene no sé cuántos años de novia de nuestro amigo.
Y justo eso es lo que nosotras queremos, no pedimos petróleo en polvo. ¡Nada que ver! solo queremos saber qué ocurre en la mente de nuestro público objetivo.
¿Por qué nos reparten likes a mansalva en las redes sociales pero no nos invitan a salir?
¿Por qué les atemorizan las mujeres como nosotras?
¿Qué es lo que están buscando?
¿Por qué no nos hablan claro?
¿Qué piensan cuando nos ven?
Y no me vengan con el mambo de ‘’la diferencia de edad’’, que eso es tan solo un numerito y ya mi amigo nos demostró que no importa un carajo.
¿Por qué se embalan en salir con Raquel y todo aquel en una especie de ‘’recreo emocional’’ en vez de enseriarse con una sola mujer?
O peor aún esos amigos -que todas tenemos- que se empatan con una mujer y que automáticamente nos hace pensar: ‘’¿y este qué le vio a ella?’’. (Dícese de esas relaciones que no solo son dispares sino que nos hacen dudar de la capacidad intelectual del hombre en cuestión).
No sé cuántos roles de sushi después seguimos sin tener una respuesta coherente. Ni ella ni yo tenemos citas. Ni nada que se le parezca y ya la cosa nos está empezando a ‘’dar miedo’’, porque cada vez que tenemos esta charla con nuestros amigos (que son parte de nuestro público objetivo) ninguno sabe darnos una respuesta lógica.