Yo vengo a ofrecer mi corazón

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Así arranca un tema de Fito Páez al que no le había prestado mucha atención hasta hace un par de semanas.

Lo confieso, mi pasión por Fito y sus temas raya en la enfermedad, pero salvo la versión de esta canción con Pablo Milanés en ‘’No sé si es Baires, o Madrid’’ y la vez en la que la cantó con Ana Belén en un concierto, no le había puesto mucho cuidado a la letra.

Era un martes lluvioso en una ciudad que se niega a morir cuando, el texto de alguien me hizo prestarle toda mi atención. Una puñalada del amor, por citar la letra.

Fui a Youtube y busqué como yonqui de la web todas las versiones posibles de esta canción. La letra. Incluso covers de desconocidos. De cierta manera quería hacer mío un tema que hasta ese día había subestimado.

Llegó el día, ese 6 de diciembre lleno de bulla y gente. Llegué a Hard Rock Café del Sambil y me dispuse a comer mientras matábamos las horas para poder escuchar los acordes de Rock and Roll Revolución, de 11 y 6, Yo te amo, Margarita, Circo Beat y tantos temas del Fito coreados hasta el hartazgo por esta rockera empedernida.

Tuve la bendición de escuchar parte del ensayo general ahí, en mi mesa. Con un cielo abierto y una corazonada. Con un mojito, y la ciudad mirándome a lo lejos. Dándome la bienvenida a los 25.

Transcurrieron las horas y llegó el momento. En medio de saltos y rones logramos colarnos a la ‘’olla’’. La luna podía competir con ‘’brillante sobre el mic’’. Estaba ahí, separada por dos hileras de personas de mi artista favorito. Gritando a todo pulmón. Bailando. Sintiendo. Viviendo esta vida en puros gerundios. Sola y rodeada de gente. Un sonido impecable. Una puesta en escena divertida. Hacía frío y calor. Mis sentidos estaban a flor de piel. ‘’Tu amor abrió una herida porque todo lo que te hace bien, siempre te hace mal. Tu amor cambió mi vida como un rayo, para siempre. Para lo que fue y será. Lo que fue y será’’. Estar ahí, tan ‘’al lado del camino’’, no saber donde va mi vida, y saber que vos tampoco lo sabes…

Recuerdo que se sentó al piano y algo dentro de mí, lo supo. Como lo supe ese martes. Como -no lo sé- hoy día.

Fito nos miró y arrancó ‘’no será tan fácil…no será tan simple como lo pensaba. Como abrir el pecho y sacar el alma. Una cuchillada del amor’’… ‘’Luna de los pobres siempre abierta, yo vengo a ofrecer mi corazón’’… ‘’Como un documento inalterable, yo vengo a ofrecer mi corazón’’.

‘’Y te daré todo, y me darás algo. Algo que me alivie un poco más. Cuando no haya nadie cerca o lejos, yo vengo a ofrecer mi corazón. Cuando los satélites no alcancen yo vengo a ofrecer mi corazón’’.

Abrazada a cientos de personas, con mi mano en un dije de corazón anatómico que llevo desde hace meses como talismán, como amuleto, lo supe. El concierto de Fito estaba cambiando mi vida. No solo como mujer, como una mujer genuinamente enamorada, sino como ciudadano. Escuchar ese grito por Ayotzinapa. Mirar a la gente. Sentirme viva. Sentirme parte. Tener el pecho desnudo y el alma limpia. Las manos descubiertas y blancas.

La certeza maldita de hallarse. De gustarse. De encontrarse. De no saberse perdida. O vacía.

Esperando, en gerundio, la llegada del amor.

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