170 millones

Eso es lo que se baraja que nos costará a los españoles pagar las nuevas elecciones que se prevé serán el 26 de junio. Mientras cada partido culpa a otro (elegido un poco a dedillo) de esta nueva convocatoria a las urnas, su majestad Felipe ha pedido más austeridad para que el presupuesto no se nos vaya más de las manos (recordemos que hay que seguir pagando a toda una familia elegida en el referéndum sobre la monarquía realizado en el año 78).

Mientras la derecha celebra que la izquierda no ocupe el puesto en el que aún tenemos intentando unir palabras para crear frases simples a Mariano Rajoy, la izquierda vuelve a dar un paso diminuto pero significativo hacia lo que podría ser un cambio notable en el país. Independientemente de si Alberto Garzón y Pablo Iglesias se sentaron a tomar un café y a pactar antes del 20D o no, lo que nosotros recibimos de esas conversaciones fueron perlas como ‘pitufo gruñón’ o ‘vieja izquierda’. Pero a situaciones desesperadas, medidas desesperadas, y parece que en las papeletas que nos encontraremos un caluroso día de verano aparecerán de la mano en un intento de desbancar a la derecha.

Si algo bueno nos hemos llevado de estos agotadores meses de ronda de consultas y de ‘no, llámame tú’ y ‘no, tú’ es, como comentaba Bescansa esta mañana en El País, que hemos podido ver la cara y el trasfondo de muchos partidos y de sus principales políticos. Igual que la crisis ha tenido en la sociedad un papel culturizador y ha hecho que veamos lo importante que es estar informado sobre quién maneja el “cotarro” en el mundo, las interminables conversaciones, declaraciones y comparecencias estos meses han tenido un papel claro como iluminadores de la cara oculta de las principales formaciones.

Que esto no haya servido para nada. Aunque agotados (y quizá desencantados) veamos estas nuevas elecciones como un réquiem estival, seguimos siendo ciudadanos de un país que naufraga en un mar de recortes, puertas giratorias, cajas B y pobreza energética. Desde pequeños han intentado inculcarnos que no está bien dejar las cosas a medias y que hay que terminar lo que se empieza; bien, terminemos de orientar el país. Hacia dónde, es cosa vuestra.