Kaze Tachinu y la visión perdida de Miyazaki
Hablemos de Hayao Miyazaki

Todos conocemos a Miyazaki, ya sea porque tu niñez yace en sus películas o porque estas te regresan justamente a esa etapa de tu vida, por su calidez, o su sombrío dolor. Por las razones que sean, todos conocemos a este hombre, y para ser tal figura dentro de la animación japonesa, en este círculo se le tiene un trato especial, y no es uno bonito. Miyazaki, como muchos de los grandes, es una persona que a primera vista parece contradictoria, hipócrita. “Anime was a mistake” la famosísima y supuesta cita, siempre causa controversia ¿Si odia tanto al anime por qué sigue produciéndolo? No sé si esta cita sea siquiera real, ni me interesa. Porque dentro de este odio que parece imbuir el aura de este señor, uno tiene que empaparse en su obra para al menos asomarse en lo que es la visión perdida de Miyazaki.
¿Te ha pasado que intentas ver una película, leer un libro o consumir cualquier tipo de arte y sientes como que hay una división, una capa gris que le imbuye, que no deja ver con claridad? A mi me pasa mucho con los vídeo juegos, SOBRETODO con los vídeo juegos, son un arte en proceso de madurez, y no mucha gente les reconoce como tal; no es la única causa, pero la consecuencia es que los juegos siempre tienen que tener una capa de acción, de violencia. Como suelen (o solían) estar pensados para los hombres, los personajes femeninos siempre son objeto de sexualización, la historia no debe de ser muy compleja, y siempre, repito siempre tiene que ser entretenido, porque “que no se les ocurra aburrir al jugador”, después de todo el consumidor siempre tiene la razón ¿no? …Pfff, vaya estupidez.
No estoy innovando en ningún área aquí, este tipo de obras las hay en todos lados, ya sea en el cine, en la literatura, siempre habrá obras mediocres, espectaculares y conformistas, pero en los vídeo juegos todavía más, porque incluso las obras que consideramos maestras, tienen que traer esa carga demás consigo. En el anime pasa algo similar, siempre tiene que haber fanservice, acción, fantasía, o alguna ridiculez que no viene a cuento.
Esto es particularmente molesto para un jugador que busca buenos vídeo juegos o las buenas series ¿Pero qué se sentirá vivir la misma situación desde la visión de un creador? Que todas tus obras tengan que ser encasilladas. Más allá de que tengan que quedarse en estereotipos, que tengan que tener etiquetas, pertenecer a un género, ser una serie o una película, que tenga que pasar algo, que haya una historia, contar de cierta manera; porque sino, no será considerado como “bueno”. Y precisamente, de esto va la supuesta última obra de Miyazaki, El viento se levanta.

El artista, la obra y el mundo que le rodea.
El viento se levanta es una película que relata la historia real de un ingeniero de aeronáutica en Japón, y la constante guerra que le rodea. Sin embargo la película no podía solo ser eso, Miyazaki entiende como hacer películas basadas en historias reales, porque no solo se trata de explorar la obra de una persona, pero sus sensaciones, y así acercarse a la visión que esta tiene del mundo. Sin embargo, en este caso, parece ser que, más que acercarse a la visión de tal ingeniero, Miyazaki nos acerca a el, se vuelve una película íntima, y muy triste. Porque este hombre ya ha vivido, y como todo adulto, los sueños se van ensuciando, y desgastando, pero Miyazaki, muy en el fondo sigue siendo un idealista. Y es que este es el mensaje central de la película, es la vida de un idealista, y como tiene que comprender al mundo que le rodea. Pero hay más, porque Miyazaki no comprende a los aviones como un simple transporte, para el son un arte, y esta película también romantiza en esta idea. Los aviones alemanes y los italianos son completamente diferentes, porque sus autores tienen una visión distinta del mundo. Aunque, parece ser que es su manera de hacer del mundo un lugar mejor, o al menos ese es su sueño.
Hay momentos en el que su personaje principal se ve angustiado por no poder alcanzar la perfección cuando todo el mundo ya lo reconoce como un gran creador. En específico hay una escena donde se encuentra en la nieve, con escombros de fracasos anteriores, un tren pasa, y entonces, su avión cae, y con el, la bandera de Japón. Este es el lenguaje de Miyazaki, no necesita palabras para mostrarnos la presión que siente el artista, el miedo al fracaso; saber que su obra y sus capacidades son finitas, mortales; y al mismo tiempo hay aún más profundidad, porque esto también hace alusión a la inevitable muerte de Japón, Hiroshima y Nagasaki. Y hablando de la guerra…
Esto es lo que Miyazaki siente cuando muestra tanto odio a la industria del anime. Porque es impersonal, es ruin y condiciona, limita a los artistas; así como la guerra está presente en cada faceta de la creación del avión, la belleza de la obra se ve rasgada por esta limitación cruel. Miyazaki lamenta que el humano sea tan imperfecto y egoísta, lamenta que la bondad y la felicidad no sean objetivos que se puedan alcanzar de manera dialéctica, y se lamenta como artista, al ver como su obra simplemente se pierde con las masas, o más bien alimenta las llamas y el dolor.
Al final, hablo del verdadero final, no el del largometraje, lo que hace al hombre grande, no es su fuerza, no es que pare la guerra o que logre salvar a su esposa, es el espíritu que le rodea, es aquello que quizá es indescriptible, pero está ahí. Es el ser inteligente, y eventualmente sabio, cuando los demás solo ven estrellas, pero tu ves aviones, cuando otros solo ven cálculos y dinero, pero tu sientes el viento pasar por sus mejillas. Cuando otros creen que lo mejor sería enviarla al hospital, pero sabes que el tiempo es lo único que no podemos recuperar.
Kaze Tachinu es una película sobre la presunta dicotomía y el constante dolor del artista. Lo que es tener que reevaluarse constantemente, el doloroso proceso de tener que evolucionar y no quedarse conforme. Aún con todo eso, comprender que quizá aquel sueño no sea alcanzable, y que solo queda vivir, lo frágil y delicado que puede ser el amor al humano y al arte.
Hay un personaje que me parece esencial para comprender lo que significa esta obra, y ni siquiera tiene más de 30 minutos en pantalla. Es el alemán con quién se encuentra el protagonista en el hotel donde conoció a su futura esposa, porque representa el peso constante del mundo, que no nos podemos quitar, pero al mismo tiempo es alegre, y comprende el amor y la vida, pero finalmente, el, o más bien todos, lo saben, “Japón va a morir”. No es por nada que un terremoto haga que el tren donde va el personaje principal se descomponga al inicio de la película, y no es por nada que haya trenes a lo largo de la vida del protagonista, ni lo es que nunca nos digan cuanto tiempo ha pasado, y que la única manera de verlo es a través de la evolución del tren y de los alrededores de nuestros personajes. Si el terremoto representa destrucción, pero al mismo tiempo es un desastre natural que hace parte de las condiciones del planeta donde vivimos, y el tren representa el viaje de la vida, creo que no queda más que decir, la visión de Miyazaki es una de esperanzas amargas.
La película no será lo que muchos buscaban, le criticarán porque no hay grandes historias ni grandes giros, los personajes tienen vidas ordinarias, pero es porque son humanos. Como yo lo veo, todo esto se comprende, porque Miyazaki quería crear una obra donde la sustancia, lo que a el le importa, trasciende al entretenimiento.
Por más que quiera irse, el sabe que va a volver, porque los cielos lo esperan, porque por más que el panorama este asqueroso y destruido, aún hay esperanzas, aún hay belleza, porque todo vale la pena solo por eso pequeño momento, en el que sabes que estás en la misma frecuencia, que el viento se levanta.
