Reseñas: One Of The Boys de Katy Perry

Hay que hablar (?) sobre éste que en realidad es el segundo álbum de Katy (el primero fue de música evangelista y no lo escuchó ni Jesús), lanzado allá por 2008, no me vengan a pedir que analice discos nuevos. Me lo topé de rebote el otro día, revisando los mejores hits de este milenio y me atrapó a tal punto que lo escuché en un viaje de ida y vuelta La Plata-Buenos Aires. A propósito, si sos el gordo que atiende el peaje de Hudson y me agarró con WAKING UP IN VEGAS al mango, te juro que no es lo que parece.

Bueno, seguramente mi relación con el disco no es algo que sea interesante, las canciones sí. El pop efímero siempre necesita nuevas estrellas, en tanto las nacientes no sepan sostener su vigencia en base a hits, lo que manda viejo, los goles. El Tanque Denis aparece porque se apaga Tonelotto, Lady Gaga es fruto del vacío que deja por ejemplo una Cristina Aguilera.

Katy Perry entra en esa camada. Para hacer esta reseña no se me ocurrió peor idea que ir a fijarme qué sensaciones había causado en la crítica en su momento. Y lo mataron, al disco. Lo hacen mierda eh. La acusan de plagiar a Gwen Stefani como mínimo. Y un poco se parece, es verdad Un poco bastante. Pero tiene mejores canciones así que chau Gwen, te ganaron en tu cancha.

Metí como cuatro párrafos y ni una palabra del disco. Vamos. Arranca con la canción que le da nombre al mismo (?) y qué decir, es un temón. Una oda pop bastante típica sobre la chica que le pide al muchacho que deje de verla como un chaboncito y que vaya al frente. Acá es uno de los momentos en los que más se puede apreciar la impronta No Doubt, tal vez al final del estribillo, hermoso, suplicante. “A qué me suena esto, ya lo escuché”. Qué garrón escribir sobre música, y más sobre pop. Escucharlo es la posta.

Atrás viene “I kissed a girl”, primer corte de difusión e himno torta por definición, una piba de familia religiosa se encuentra en un confesionario multitudinario. Y se sintió mal, pero se sintió bien cuando se chapó (Nati Jota™) a una chica. Que, años después, sabremos en palabras de la cantante, no sólo quedó en un besito. Sé feliz Katy.

Waking up in Vegas es el tercer track, con un toque de Pink. Bueno viejo, es pop, a alguien se le chorea siempre. Después viene, finalmente, la balada. Thinking of you se llama y es, cómo no, pegadiza y de estribillo contundente. Esta la venía escuchando en el peaje Dock Sud pero a la vuelta, fue una experiencia fuerte. Se le pega Mannequin, estribo rabioso que ya viene con quejas hacia el género masculino, para desembocar en el favorito de Madonna. Ur so gay. Así nomás. “Sos tan puto y ni siquiera te gustan los pibes” le dice Katy a un ñato que no puede salir del closet ni a hachazos, en un mid tempo (?) medio canchero que lo mejor que hace es dejarle lugar, ahora sí, al hit.

Hot n’ cold es la figura del equipo, desde ya. El “Hello, Goodbye” de este milenio. Como aquél, un hit basado en la dualidad. Pero actual, otra semblanza moderna de un hombre histérico, de un amor bipolar. Repetida hasta el cansancio por Movistar tal vez buscando que la odiemos, algo que no pasó, porque así es el hit cuando viene puro, rico y bien hecho. Todos lo buscan, todos lo necesitan, todos saben que con uno decente se paran para siempre, en el peor de los casos el hit te paga el alquiler de por vida, los regalos de navidad para la vieja, algún que otro viaje. El que lo hace lo disfruta, el que no tiene esa capacidad siempre denostará al hit como método de vida. La cuestión es que Hot n Cold va a quedar en la historia porque cada vez que suene en algún lugar de este planeta infecto alguien va a mover la cabecita. Es un golazo, y uno de los 5 hits del 2000 para acá. Por eso valió descubrir este disco.

Disco que después sigue con una seguidilla de relleno más que aceptable pero obviamente lejos de la espuma de aquel track 7. If You Can Afford Me se reconoce (?) como una canción del montón, Lost es una bella balada en la que Katy pega unos gritos inesperados pero desde ya efectivos. Self Inflicted tiene un filtro avrilavignesco inconfundible. I’m Still Breathing es un pelotazo y cerramos con Fingerprints: por si no se había notado lo suficiente a lo largo del disco, Katy deja las huellas digitales del afano descarado a Gwen Stefani en el último track. Si quieren les cuento los acordes de este tema, total ya no creo que nadie esté leyendo.

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