Viejo de mierda

El Barcelona acaba de entregar la corona ante el Atlético de Madrid y a todos se nos cayó una ola de años encima. Messi acaba de entregar, sin oponer resistencia, el Balón de Oro 2016. Pongo el artículo antes de la institución porque no intenta esto ser un artículo riguroso sobre el desempeño de los catalanes en la edición 2015/16 de la Champions League, no. Más bien esto es una caída de ficha gigante. Estamos viejos, compañeros. En mi caso, viejo de mierda.

No me banco ver a Messi caminando la cancha ahora también en su club, donde nos enamoró y nos cautivó a todos, donde nos hizo sacar el pechito argentino afuera con el orgullo bobo de haber nacido en la misma tierra donde lo hicieron al menos tres de la legión de elegidos mejores de su época, y tal vez de la historia hasta el momento de sus respectivas apariciones.

Me parte el alma seguir los no movimientos de ese enano que un día de no hace mucho tiempo agarraba la pelota en cualquier lugar de la cancha y nos obligaba a respirar hondo y mantener el aire en los pulmones y los ojos como el dos de oro ya que siempre había un conejo por salir de esa galera. Hoy la galera es el sombrero berreta, de plástico, aplastado, sucio, de un gordo borracho después del carnaval carioca a las 7 de la mañana. No hay magia, nada, sólo cansancio, apatía, ganas de irse, ya ni siquiera al borde del vómito.

Me revienta los huevos sentir que Messi ya no quiere que le pasen demasiado la pelota, que le da lo mismo ganar o perder. Tal vez -y claro que sí- siempre se comportó de esa manera, pero el desenlace, ya sabemos, era otro. La abulia era un engaño, el pibe bajaba, la buscaba, se movía, gambeteaba para adelante, la abría, la iba a buscar. Hoy imagino que a mis 38 años y con casi 15 kilos de sobrepeso, si me tocase jugar un mezcladito con pibes de 20 me mandarían a jugar ahí, parado y gris afuera de la medialuna para no caer en offside ni romper mucho los huevos a nuestros delanteros.

Me jode horrendamente sentir que la decadencia de Messi no es una hipótesis inasible e incomprobable sino que ya está acá, es hoy, o fue ayer. Me jode porque si Messi está viejo nosotros estamos viejísimos, hermano. Y si verlo así, arrastrándose, indiferente, por los campos me genera semejante mal humor, tamaña bronca y ganas de putearlo, la vejez de Messi me va a convertir sin dudas en un Viejo de Mierda.

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