Yipi kay yay

Caí en la trampa eh. Si el fútbol moderno o el Barcelona son una moda berreta yo sería el primer flogger. Si me das a elegir entre pragmatismo o especulación, a mí dame estos partidos todos los días, por mil maneras que haya de jugar a la pelota. Las entiendo, las respeto y hasta las pido para mi equipo, sin dudar. Si Racing defendiese en mitad de cancha en bloque con Saja de líbero, Cocca duraría medio partido en su cargo y estaría bien.

La zona del “paladar negro” está difusa hace rato, el límite tal vez borroneado por las redes sociales. ¿O acaso simpatizar por el juego del Arsenal, el PSG o el Real Madrid es disfrutar de ganar jugando feo? Y volvemos a la sempiterna pregunta latorriana: ¿qué es jugar lindo?

No estoy en condiciones de responder por todo aquel que lea ésto, sería rescatable si apenas puedo responder por mí: en mi imaginación, jugar lindo es como se jugó hoy. Digo “se jugó” y hablo de los dos equipos, del árbitro, de los fotógrafos, hasta de los muñecos inflables que bailan atrás del arco cuando termina el partido. Un espectáculo completo, imperdible, vibrante. Fue como ver Duro de Matar por primera vez. Sin saber si John McLane iba a salirse con la suya aunque suponiendo que sí claro, es el protagonista, tiene sentido. Vinimos todos a ver a John McLane, mirá si se va a morir, aunque qué obvio y trillado sería que no muera. Qué previsible.

Previsiblemente, Messi fue John McLane. El héroe humano de una película que lo expone todo el tiempo a la mirada universal sobre su manera de subsistir o -principalmente- los resultados que obtiene. Si él jugaba como jugó y el partido salía 0–0 otra vez las etiquetas de “pecho frío” y “fin de ciclo” se habrían agotado en todas las librerías. Ni hablar si jugaba mal. Pero no, la verdad que mal no jugó. La rompió toda, nomás.

Metido durante los 95 minutos en un aspecto que evidencia su carácter y su compromiso con el partido: defendiendo, con la mayor malicia que un delantero pueda tener. Con Suárez comiéndose la cancha, raspando tobillos, enfocadísimo en el último hombre rival para tratar de anticipar a Neuer, el más perfecto villano que hemos visto en mucho tiempo. Pero claro, en el golpe por golpe los equipos estaban abroquelados en treinta metros, pleno mediocampo, con la artillería preparada para salir corriendo. Guardiola ajustó esa defensa a los 20 minutos, en una maniobra que pudo resultar suicida, de distracción o fruto de la sobreactuación táctica.

Neymar apareció en el comienzo del segundo tiempo y fue importante generando desconcierto en la defensa del Bayern con lujos que no terminaban siendo del todo productivos. Iniesta siguió mostrando signos de recuperación de los buenos tiempos. Dani Alves se ganó definitivamente sentarse a la mesa de negociaciones de junio y negociar un contrato a gusto. Rakitic aporta a gusto y se presenta como rueda de auxilio en ofensiva. Todo golpe a golpe, sin muchas oportunidades de pensar. Una coreografía intensa y perfectamente ejecutada por los dos, hasta esa décima de segundo que Benatia le deja al mejor de todos, al menos hoy. Messi apunta ahí abajo y le da respiro a 90.000 personas. Paradójicamente, tres minutos más tarde les iba a quitar la respiración con ese enganche a contrapierna que deja a Boateng como alfombra y la delicadeza final que entrega con una de las armas estrenadas este año; la pierna derecha. Yipi kay yay, Neuer. El tridente corrió hasta el último minuto y tuvo su premio; tras los intentos de Palacio en el Maracaná, y Suarez en este mismo partido, fue Neymar quien volteó al muñeco y le enseñó al mundo cómo definir en un mano a mano ante el mejor arquero de la actualidad.

Hoy pregunté en twitter si la serie estaba cerrada y muchos me dijeron que no. Yo tampoco creo que esté cerrado, aunque suena difícil creer que un Bayern lanzado desesperadamente en busca de la diferencia no dejaría espacios para que tres de los mejores delanteros del mundo puedan sacar provecho. Ya sabemos; el correr de los minutos equivale a un cuarto gol de diferencia hoy.

Messi sigue entre nosotros. Difícil creer que un pibe que nació designado para ser uno de los mejores jugadores en la historia del deporte más bello y popular del mundo, tenga que seguir dando pruebas de su calidad. Messi podría retirarse mañana y sería el mejor jugador que he visto en mis 37 años de mirar cuanto partido de fútbol se me cruce. El más completo, el más desequilibrante, el más constante. Imponerlo a esta altura como némesis de Maradona es divertido. Maradona fue el más grande. Messi; el mejor. En algunos años, tal vez tres o cuatro (ojalá sean cien) Lio dejará de ser desequilibrante e infalible. El Barcelona ya no será la filarmónica de posesión de Guardiola ni la orquesta del contragolpe que pudo ser hoy. Los negocios serán secuaces del tiempo y se desmantelará un equipo inolvidable como el glorioso Barcelona de Messi. Entonces tal vez un montón de gente elija fijarse en lo que no logró, ponerlo a la altura de uno más, minimizarlo a él y a su carrera. Seguramente son los mismos que se privan de disfrutarlo hoy.

Yo le voy a estar agradecido siempre por hacerme sentir un nene entusiasmado mirando Duro de Matar por primera vez, en un VHS amarillo a prueba de piratería, con el villano derrotado y el héroe feliz y triunfante abrazado a sus colegas. Eso sí, siempre y cuando Duro de Matar se hubiese filmado en tiempo real.

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