Capítulo 1. Transformando al Caballero Don Dinero. Crónicas de un Futuro Cercano. Variopintito 26/10/2015

Por temas de orden lógico, no estoy tan seguro de que este deba ser el primer capítulo de estas Crónicas, pero por un tema de vínculo emocional, elegí al dinero como primer “fenómeno” para analizar.

La idea de las Crónicas tuvo su origen hace casi un año cuando me invitaron a una plática sobre tendencias y futurismo. Los expositores hablaron de muchas lo que venía en términos del trabajo, las transacciones, los sistemas de información y la inmediatez de la misma. Empecé a pegar los puntos y pregunté: “¿qué va a pasar con el dinero? ¿si todos tendremos información perfecta, para que vamos a querer dinero?”. Obviamente tomé a los expositores desprevenidos, porque en un foro de negocios, la última pregunta que esperaban era la de un “rojillo comunistoide” que menospreciaba la piedra angular del mundo de los negocios. Y su respuesta fue: “no creemos que el dinero desaparezca, se va a seguir utilizando para liquidar transacciones”.

Obviamente me frustré. No me satisfizo su respuesta y mi pregunta me había generado muchísima incomodidad. Así que armado de incomodidad, me preparé una taza de té y me puse a cavilar: ¿para qué sirve el dinero?

Hay muchas definiciones y seguro algunos doctos en la materia (economistas y politólogos) sentirán que se les retuerce el estómago cuando lean mi opinión. Pero yo creo que la principal función del dinero es almacenar valor ante las inminentes asimetrías de información que existen en el mundo. Es decir, es una póliza de seguro ante la incertidumbre de que en el futuro exista la oportunidad de intercambiar lo que yo tengo/hago por lo que yo quiera/necesite.

Por ejemplo, supongamos que yo soy un pequeño productor de jitomates. Mis jitomates son productos perecederos. Yo tengo la necesidad de pagar la cuenta de la luz. En un mundo sin dinero, tendría que esperar a que alguien de la compañía de luz quiera mis jitomates y que me los cambie por kilowatts de electricidad a una tasa justa. El gran peligro es que mis jitomates se echan a perder y el momento en el que el señor de la compañía de luz quiera jitomates puede tardarse mucho en llegar.

Aquí se ve claramente una de las funciones que cumple el dinero (más allá de hacer guapos a los feos). Yo, como productor de jitomates, le vendo mi cosecha a un intermediario, el cual me paga dinero, y él posteriormente se los vende a alguien que necesite jitomates, por más dinero. Y así, ya tengo los suficiente para pagar mi cuenta de luz. Y con ese dinero, el señor de la compañía de luz va a comprar unas sillas para su oficina.

A su vez el intermediario, le vende mis jitomates a un productor de sillas. Este productor vendió sus sillas por otro lado para conseguir dinero y pagar mis jitomates. ¿Hubiera existido la posibilidad de hacer una triangulación silla-jitomate-luz, sin pasar por el dinero?

Yo creo que hasta hace muy pocos años, eso era virtualmente imposible. Sólo se hizo y se siguió haciendo en comunidades muy pequeñas, cerradas, dónde todo el mundo disponía de información muy similar respecto a lo que sucedía en su entorno. El trueque se considera una forma poco civilizada de hacer intercambios.

Pero en realidad, el dinero sólo hace que el trueque (perdón, el intercambio) ocurra en un momento diferente en el tiempo. Las monedas son como pequeñas maquinitas del tiempo que mueven cosas, acciones y gente entre diferentes momentos. El dinero sólo sirve por lo que “creemos” que nos va a conseguir y porque “tenemos fe” que el resto de la gente nos lo va a aceptar, incluido el gobierno. De ahí, que nuestro sistema monetario actual se llame “fiduciario”, In Bucks we Trust!

Entonces, hoy que tenemos sistemas de información increíblemente rápidos e increíblemente completos, ¿podríamos replicar un sistema de trueque? Yo creo que sí. Yo creo que en el futuro, la gente va a poder subir a un sistema los activos que tiene y las habilidades que posee y ese sistema lo va a llevar a conectarse con la gente que necesita exactamente eso que se ofrece. O si no, le va a permitir hacer triangulaciones del tipo silla-jitomate-electricidad de manera eficiente.

La información va a ser tan completa que vamos a tener tasas de equivalencias entre cosas que antes no considerábamos posibles: cerdos a apps o nopales a procesos de planeación o tacos de maciza a Ferraris.

Cuando toquemos el punto de cómo evolucionará el trabajo en el futuro, veremos que intercambiar nuestra experiencia por bienes y servicios será diferente a lo que acostumbramos hoy día.

Obviamente este cambio será lento y falta tiempo para llegar a ese punto. Lo que sí, es que el rol del dinero va a cambiar y la forma de acumular valor va a cambiar.

En lo que eso pasa, seguiremos necesitando bancos e instituciones que manejen nuestro dinero. Pero estas también van a cambiar y van a cambiar más pronto de lo que pensamos.

Hoy acostumbramos (los que acostumbramos) poner nuestro dinero en el banco en una cuenta de ahorros. Los que sean más sofisticados y tengan más dinero, tendrán un broker que les administre su portafolio de inversión. Nuestro dinero, lo usan los bancos para prestarlo a la gente que les pide un crédito y el rendimiento que nos pagan es la ganancia que nos comparten por prestar ese dinero.

Ahora, cuando necesitamos dinero, vamos al banco y pedimos crédito en alguna de sus formas (tarjeta de crédito, crédito hipotecario, refaccionario, etc.). Y los bancos nos cobran una módica cantidad por prestarnos ese “dinerito” para hacernos de nuestras “cositas”.

Si como yo, ustedes han estado en ambos lados de la ecuación, tanto del lado del ahorrador como del lado del que solicita el crédito, se habrán cuenta que hay una brecha grande entre los intereses que el banco paga y cobra.

¿Por qué si un banco cobra 30% o 40% en un crédito a nosotros nos paga sólo el 1% ó el 2%? ¿Quién se come todo el queso? Bueno, pues resulta que ser banquero no es fácil, porque es necesario tener una red de sucursales enorme para atender a toda la gente que lo necesita. En estas sucursales hay que tener mucho personal que nos haga hacer corajes como clientes y que nos ayude a perder muchas horas de nuestra vida en trámites bancarios. Y por otro lado, tienen grandes corporativos de ejecutivos que analizan el currículum de la gente a la que le van a prestar para asegurarse que les van a pagar y que nos van a poder compartir algo de esos negocios que hagan.

La realidad es que operar un banco tradicional es muy caro y necesita de mucha gente. Además, hacen su trabajo bastante mal, porque los que no pagan son muchísimos (la famosa cartera vencida), lo que le impacta a la cantidad de dinero que nos pueden pagar a nosotros como ahorradores.

Adicionalmente, a los banqueros les gustan los estilos de vida, digamos, llamativos (si no pregúntenle a los vecinos del norte que están pagando por los excesos de su sistema bancario). Hace unos meses fui a una reunión a un reconocido banco mexicano. Nos citaron en el comedor de directores para la reunión. El comedor es una casa lujosísima, con un equipo de gente enorme para atender a los directivos que comen ahí. No es gente que trabaje para cuidar mejor el dinero o buscar mejores negocios. Son personas que le dan de comer a los ejecutivos del banco. Ese tipo de gastos de los bancos son los que generan que a los ahorradores nos paguen poco y lo que encarece el precio del dinero para los que necesitan crédito.

¿Y por qué usamos los bancos si son tan ineficientes para hacer su trabajo? Porque nosotros no tenemos ni el tiempo ni el conocimiento técnico para cuidar de nuestro propio dinero. Es inseguro tenerlo en nuestra casa, es difícil hacer un análisis de crédito y no todos tenemos suficiente ancho de banda para poder identificar oportunidades de inversión.

Algunos individuos fuera del sistema bancario lo hacen, y los llaman usureros. Ellos identifican la necesidad y prestan dinero. Lo hacen más reactivamente que proactivamente, y tienen métodos muy contundentes para cobrarle a sus deudores (como por ejemplo, romperles las piernas). Ellos generalmente le prestan a quien no tiene la posibilidad de acceder al sistema bancario tradicional y tienen que aceptar las condiciones extremas para poder acceder al crédito. Generalmente los usureros (y no lo pongo con una connotación negativa) trabajan con dinero propio.

La tecnología está haciendo posible un cambio sustancial en esta industria y se llama Crowdfunding. Esto significa financiamiento colectivo. Es lo que resulta de poner en la licuadora a la banca tradicional, a la Madre Teresa de Calcuta, a los usureros y a las tandas de mi vecindad.

El Crowdfunding funciona de la siguiente forma: de un lado hay gente que necesita dinero y del otro lado hay gente que tiene dinero, pequeños ahorradores como nosotros. En medio está la empresa de Crowdfunding y su plataforma tecnológica que permite que la gente que tiene dinero le preste directamente a cada uno de los que necesitan dinero.

Funcionamiento del Crowdfunding

Estas empresas generalmente evalúan los proyectos y los pasan por una serie de filtros para tratar de disminuir el riesgo de que la gente no pague sus créditos. Asignan una calificación a cada una de las solicitudes para hacer más fácil la selección y que los ahorradores puedan armar portafolios a la medida de sus necesidades o de su tolerancia al riesgo.

El Crowdfunding ofrece mejores tasas a los ahorradores (hasta 10 veces más que el banco) y a los que necesitan un crédito (hasta 50% menos del costo que en la banca tradicional o de los microcréditos). Y esto lo pueden hacer porque tienen estructuras más ligeras que no requieren muchas sucursales y mucha gente para operar. Así que esto se traduce en mejores condiciones de mercado para todos.

¡Cállate y toma mi dinero!, eso es lo que pensaríamos todos. Pues no, antes de que corran a invertir todos sus ahorros en la naciente industria del Crowdfunding, hay varias cosas que se deben tomar en cuenta y esto se los cuento como ahorrador cuasi-pionero de esta industria:

  1. Muchas veces, los que piden dinero a estas plataformas son personas que no tendrían acceso a créditos tradicionales. Y la razón por la que no tienen acceso a créditos tradicionales, es que en el pasado han demostrado ser malos pagadores. Entonces, como ya nadie les presta allá, pues vienen acá a “hacer su agosto” a costa de los ahorradores. No todos, pero ahora hay muchos vivales.
  2. Las empresas que se están dedicando a esto, han puesto mucho empeño en tener procesos de filtro rigurosos y robustos para que no se le cuelen los parias. Todavía les falta. Siguen usando los métodos de la banca tradicional, que a la banca tradicional tampoco le funcionan. La decisión es más sobre la persona que sobre el proyecto. Y hasta que no incorporen otro tipo de herramientas que midan los valores de las personas, herramientas que ya existen, van a seguir recibiendo gente que no van a pagar sin darse cuenta a tiempo.
  3. Al final del día, estas empresas son empresas y quieren ganar dinero, por lo que se enfrentan a una disyuntiva: o aumentan el volumen o sólo aceptan buenos créditos. Generalmente toman la decisión apetitosa de corto plazo, que es prestar a muchos sin importar que vayan a ser buenos pagadores, todo en detrimento del ahorrador.

Con esto no estoy diciendo que no haya futuro para el Crowdfunding, ni que no deban considerarlo como una alternativa para ahorrar o pedir prestado. Pero si les quiero compartir un aprendizaje que tuve, que fue muy a la mala, es decir, después de perder algo de dinero: si le van a entrar, pónganle poquito dinero a todos los proyectos. Siempre habrá quien no pague, y la única forma que tienen de limitar sus pérdidas es poniendo poquito dinero en cada proyecto. Si invierten el mínimo en cada proyecto, se protegen hacia abajo y tienen buen potencial de generar rendimientos más interesantes que en los bancos.

Habiendo dicho eso, la industria financiera se dirige hacia la desintermediación y se convertirá en un negocio de empresas habilitadoras. Las decisiones de inversión las van a tomar los individuos. La banca será de personas prestándole a personas. Las grandes estructuras corporativas de los bancos tenderán a hacerse más delgadas para poder competir con las mejores condiciones que ofrecerá este modelo sin intermediarios.

Esto va a llevar a las instituciones financieras, tanto a las tradicionales, como a las del Siglo XXI a una competencia feroz por mantener clientes, en la cual bajarán las tasas a las que prestan y subirán las tasas a las que se ahorra. Lo que se traducirá en que el dinero será más barato para todos. Y por fin, cuando el dinero sea muy, pero muy barato, y la información muy, pero muy disponible en todo lugar y en todo momento, empezaremos a dejar de usar dinero.

Y regresaremos a donde empezamos. A un mundo sin dinero.