El Renacimiento II: La Venganza de DaVinci

El otro día me hicieron una pregunta muy interesante: «¿Qué quieres que diga tu tarjeta de presentación?»

Uno, obviamente está tentado a fantasear con títulos como: CEO, Amo del Universo, Papá de Chuck Norris, Sub-Director General o como se puso Homero Simpson cuando hizo su Start-up de Internet, Vicepresidente Junior.

Pero le di otra vuelta antes de contestar y dije: me gustaría que mi tarjeta dijera: Roberto Del Valle / Hombre del Renacimiento (o mamonamente Chief Renaissance Officer). Alguien alguna vez me describió así, cosa que me pareció exagerada aún con su explicación. Mi amigo le decía a la persona con la que me presentó: «es que Robert, además de saber de temas de estrategia, le gusta hacer yoga, cocinar, estudiar loqueras espirituales y le vale madres el establishment, aunque sea en su propio detrimento». Les digo, suena exagerado y por un tiempo yo no me la creía. Pero sí, la verdad, es que con todas sus vicisitudes, hoy vivo mi vida en mis propios términos.

Pero antes de seguir haciendo auto-apología en el presente artículo, pensemos en los hombres del Renacimiento. Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Botticcelli, etc. Estos hombres ávidos de luz y de conocer y conocerse pusieron de cabeza al status quo y cambiaron la perspectiva sobre la forma en la que vemos prácticamente todas las áreas de nuestra vida. A través del arte y la ciencia, empezaron a abrir el apetito del más común de los comunes y del más grosero de los groseros a saber y a aprender.

Los llamaban locos y rebeldes. Lo mismo pintaban que hacían matemáticas. Hacían política y escultura. Juntaban a Dios con el hombre y al hombre con Dios. Y esa era su alquimia y su magia, lograron indagar en cada una de esas disciplinas y sublimarlas y, al mismo tiempo, las integraban, poniendo al individuo como eje de todos estos temas. Pero no era individualismo, era reconocimiento de la individualidad como parte del todo. Bueno, así me parece a mi.

El renacimiento fue la reacción a la oscuridad de la Edad Media, en la que el dogmatismo ciego de la religión, erosionó el brillo de los individuos y eliminó una buena parte de la iniciativa de la gente. La Edad Media limitó a ciertos gremios el acceso a la información, los cuales controlaron la generación y divulgación de la misma.

Los Leonardos, los Miguel Ángeles y los Rafaeles, entre muchos muchos otros, empezaron a revertir esta tendencia, regresando la importancia a la persona, como ya lo había mencionado. Pero siendo nosotros animales pendulares, nos fuimos con la inercia hasta el otro lado. Tanta luz nos deslumbró. Perdimos de vista la integración de las disciplinas y nos embarcamos en el desarrollo de las cada una de ellas, dejando de lado por mucho tiempo la integración de la individualidad al todo y del todo a la individualidad.

Ciegos de luz, hemos estado en un viaje de siglos y siglos de vorágine de desarrollo técnico y naturalista (si no lo veo, no lo huelo, no lo toco y no lo puedo entender por el método científico, no sirve) y de progreso material. Hoy nos medimos en términos de cuantas técnicas dominamos y en función de cuantas cosas materiales poseemos en lo individual. Vivimos en una realidad de menos colaboración de la que sería conveniente tener.

Una persona es valorada por su capacidad técnica en un tema específico. Glorificamos la hiperespecialización y si el individuo es feliz o buena persona no es relevante para el resto del mundo.

Cuando me han invitado a entrevistas de trabajo, una de las “retroalimentaciones” que me han dado es que he hecho “muchas cosas y muy diferentes”. Yo les contesto: “Mi objetivo de carrera es ser una persona que conoce todas las áreas de un negocio y que pueda integrar esas diferentes perspectivas para el fin común de la empresa”. Al parecer, mis interlocutores en vez de escuchar eso oyen: “mato niños en el kinder”. Me dicen que esos perfiles tan “generales” no funcionan en las organizaciones y que hubiera sido mejor que me especializara en algo. Bueno, mi especialización es ser bueno en múltiples temas. ¿Por qué uno no podría especializarse en ser especial?

Mi especialización la quiero hacer en ser una persona. Vivir toda la experiencia. Disfrutar de la parte intelectual, pero también vivir mi lado sensible. Lo mismo hacer un modelo de excel, construir un edificio que plantar un árbol o escribir un poema (que más bien serían como albures).

Estamos en una época en la que el mundo tiene que renacer. Que se nos pase el deslumbramiento para buscar una vida más equilibrada. No se trata de hacer sacrificios, se trata de disfrutar todo. Dios nos dedicó 7 de sus días a crear este mundo tan maravilloso, para pasarlo sentados en una caballeriza 30 años de nuestra vida comiendo sopa de fideo calentada en Microondas con la ocasional peda en Papa Bills.

Cuando llegue a rendir cuentas y tenga mi sesión de Feedback con San Pedro, no quiero decirle que fui un ejecutivo que pasó 40 años de su vida en una oficina sin disfrutar nada del mundo. Quiero poder decirle que trabajé, que reí, que lloré, que canté, que bailé y que viajé. Que hice bien mi trabajo. Que disfruté.

Este mundo necesita más gente del renacimiento, que integre el progreso técnico al progreso personal. Que las cosas no nos dominen, ni que nosotros las dominemos. Que convivamos, que aprovechemos, que disfrutemos.

Entre más podamos integrar diferentes perspectivas, más creativos nos volveremos. Más ideas para resolver las situaciones encontraremos. Más nos podremos conectar con los demás. Podremos vivir las riquezas de este mundo cuando dejemos de vernos como seres aislados y empecemos a vernos como partes de un todo.

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