Lo raro de ser raro. Variopintito. 21/10/2015

Empezamos el divague de hoy con la siguiente historia. Se llama “Conoce a El Estable Esteban”

Conoce a Esteban el Estable

El trabajador corporativo que no toma riesgos generalemente crece rápido en las organizaciones en la frescura de su juventud; su aparente apertura, su agradable talante y su buena apariencia aceleran este crecimiento.

Sus superiores se complacen en promoverlo, ya que los hace ver bien. Esteban llega a un punto donde tiene autoridad y responsabilidades que no se pueden tomar a la ligera.

Lo logró, ya es un gerente,un gerente Junior.

Su salario crece de acuerdo con su estatus y no necesariamente con su habilidad, y logra llegar a niveles directivos.

Llega el momento en el que es necesario nombrar al siguiente director general. Esteban es considerado como un buen elemento, alineado pero un tanto aburrido. No produce innovación y no ayuda a dar una imagen dinámica de la compañía.

En su departamento hay alguien más joven que gana una tercera parte de su salario y que tiene muy buen rapport con la gente.

Esteban, a sus 40 años, es hecho a un lado y a los 47 finalmente le dan las gracias y lo despiden. Subió la escalera corporativa, pero no pudo llegar a la cima. Cayó y cayó a un punto desde el cual es difícil regresar.

Lo han descartado y nunca hizo nada mal.

Y ese es el problema. Nunca hizo nada mal.

Ahora conozcamos a Telma la Temeraria

De joven, Telma no tenía el encanto de Esteban. No era del tipo corporativo. Era más bien irritante, pero tenía mucho entusiasmo y estaba llena de ideas descabelladas. Y por eso la aguantaban. La mayoría de sus ideas parecían imprácticas, disparatadas o completamente insensatas. Pero alguien en la compañía escuchó una de sus ideas locas y la apoyó. La gente la voltea a ver por su frescura y su novedad.

Los siguientes tres años, sigue trabajando y sigue produciendo muchas ideas que no se pueden llevar a la práctica. Telma se vuelve muy irritante para sus compañeros y al final la despiden.

Telma consigue un trabajo más rápido de lo que ella pensaba, porque algunas personas recuerdan esa idea que tuvo hace tres años. Sus nuevos jefes no le dan tanta importancia a sus fracasos, incluso tener a alguien como Telma les da algo de “caché”.

Sin embargo, vuelve a pasar lo mismo que en la empresa anterior. La despiden, pero ahora lleva un par más de ideas brillantes bajo el brazo.

La mayor parte de su vida la vive así, en una montaña rusa profesional, con más bajadas que subidas. Empezando desde abajo cada vez.

A sus 40, Telma tiene una trayectoria interesante y la gente la respeta por eso.

Telma sigue siendo temeraria, pero ahora la gente la busca porque no pudo…….no pudo conformarse.

¿Entonces?

Esta historia la encontré en un libro que se llama: “Whatever you think, think the opposite” de Paul Arden. Librito interesante que ayuda a la reconciliación.

¿Por qué me parece interesante esta lectura? Probablemente muchos no se sientan identificados con los personajes y otros tantos se sentirán ofendidos. Yo me siento muy identificado con Telma. Porque su historia ha sido la historia de mi vida profesional.

Siempre he sido una persona que ha causado incomodidad en las organizaciones en las que he trabajado. Alguien que conocí me dijo: “seguro eres un dolor de huevos para tus managers”. Y sí, siempre desafié el status quo, nunca encontré el momento correcto para resaltar lo que estaba mal y siempre me costó trabajo entender porque la gente hacía lo que era mejor para ellos como individuos y no necesariamente lo que era mejor para la organización. De mi último trabajo me fui diciéndole en su cara a mi jefe que era un irresponsable.

Subí en la escalera corporativa. Mi último trabajo era un muy buen trabajo. Intenté ser como Esteban y jugar el juego bajo las reglas que todos juegan. Fracasé totalmente. No pude porque no me pareció un juego que valiera la pena jugar. Hacer un trabajo medio regular para mantener el sueldo me pareció que no era algo que me iba ayudar a crecer ni como persona ni como profesional.

Entonces decidí volverme emprendedor. Ser mi propio jefe. Utilizar todos mis talentos y capitalizar todas esas ideas maravillosas que hervían en mi cabeza. Les puedo decir que han sido los dos años más frustrantes de mi vida. Muchas personas reconocen mis talentos, mis buenas ideas y el valor que tuve de soltar la teta corporativa. Sin embargo, hoy es el día que no puedo monetizar mis grandes ideas.

Me sigue pasando lo que a Telma. La gente piensa que son buenas pero muy raras y muy riesgosas. La mayoría de la gente sólo está dispuesta a “subirse” a mi barco cuando puedan estar seguros de que ya no se va a hundir. Ojalá mis iniciativas estuvieran en ese punto, pero todavía no. Yo sé que no se va a a hundir, pero mi fe todavía no mueve inversionistas/socios (ya no hablemos de montañas).

En este tiempo he pasado de la euforia a la depresión tantas veces que creo que me van a declarar clínicamente bipolar. Cuando algo se ve bien, pongo mi energía en creer que va a salir bien y trabajo duro para lograrlo. Pero de pronto algo pasa y todo se desmorona. Y de regreso al cubil a lamerme las heridas con un galón de helado en una mano y una película triste en la otra.

En esos momentos de depresión, vuelvo a buscar trabajo y en muchos me han dicho: “tienes una buena experiencia, pero nos parece que el puesto te va a quedar chico y que te vas a aburrir”. Entonces busco a mis anteriores jefes para que me den retroalimentación y que me digan como podría mejorar. Y, por no querer herir mis sentimientos, me dicen que soy muy bueno, recuerdan lo divertido que era trabajar conmigo, enlistan mis capacidades y me dicen que uno de mis mejores atributos es mi creatividad. Pero cuando les pregunto si me volverían a contratar, me dicen que no porque soy muy raro. Y su recomendación final es que me consiga un trabajo estable. Es raro ser raro, ¿no?

Entonces regreso a mis proyectos y a mis ideas. Y sigo alimentando mis ideas como pequeños patitos que espero que un día se conviertan en cisnes. Sigo insistiendo. Sigo soñando. Sigo pensando que hay mejores formas de hacer las cosas. Sigo tratando de respetar mi rareza.

Al mismo tiempo sigo tratando de no volverme loco y trato de cultivar la paciencia. Trato de tenerme paciencia y de ser compasivo conmigo mismo. Unos días quiero tirar la toalla y otros también. Pero me aprieto el cinturón y sigo andando, porque alguna tendrá que pegar.

Mi historia todavía no es de éxito. Todavía no he terminado de atravesar el valle de las sombras. Pero mientras la salud mental me alcance, trataré de seguir alimentando mis ideas, hasta que hagan eco y resuenen en alguien más. Me parece que emprender es como dejar de beber, se hace un día a la vez.

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