Qué movida, la religión. I

Como filólogo y estudiante de ciencias de las religiones, la religión es un tema que me flipa, pero me parece una cuestión tan lábil y tan controvertida que por lo general no opino sobre ella en internet. Sin embargo, hay dos puntos concretos sobre los que me apetece escribir desde hace tiempo. Hoy he escrito un texto sobre si la religión en sí es buena o mala (o si se puede responder a esta pregunta), y más adelante haré otro sobre cuál es el papel cultural de la religión y sobre el uso de símbolos y referentes religiosos, principalmente en la música.

Si la religión en sí es buena o mala me parece una pregunta con demasiados matices como para contestarla de manera directa. Y además me parece que contestarla es un despropósito. Si queremos emitir un juicio claro sobre la religión, primero deberíamos tener una definición clara de la misma. Personalmente, creo que es imposible lograr definirla sin caer en el etnocentrismo: es una cuestión demasiado amplia (geográfica, cultural y temporalmente) y demasiado humana como para que nuestra perspectiva no empañe lo que en principio debería ser objetivo. Lo que se aplica a una religión no puedes aplicarlo a otra, sus conceptos están demasiado anclados en la cosmovisión de su cultura de origen. De hecho, uno de los principales problemas a la hora de abordar el estudio de una religión lo encontramos en el mismo comienzo, y es la barrera lingüística: la traducción de textos religiosos o de los términos propios de cada religión suponen un dolor de cabeza y un libro plagado de notas a pie de página. Definir la religión pasaría por estudiar todas las religiones y todas las manifestaciones de este fenómeno cultural para extraer una serie de puntos en común que las englobase a todas. La otra cara de la moneda sería que religiones consideradas como tal ahora mismo dejarían de serlo por no entrar en esta definición, y tendríamos que crear otras subdivisiones y definiciones para ellas, quizás también otros campos de estudio.

Como en todo, cuando nos alejamos del marco teórico todo parece (¿es?) más fácil: no importa que no tengamos una definición de religión, todos sabríamos señalar la religión de una cultura más o menos rápido. Me parece que lo más provechoso es dejar de lado esta ansia de categorización nuestra y simplemente estudiar cada religión inserta en su ámbito cultural y en comparación con otras religiones. Al fin y al cabo, como decía Sirin Adlbi Sibai en esta entrevista, la Religión es un concepto colonial. La religión era lo que los europeos tenían, y el concepto de Religión se creó en base al cristianismo y las semejanzas que tuviera cada religión del Otro con ésta. Observar las “religiones” de otras culturas en sí mismas, sin intentar aplicar nuestras categorías de manera rígida, es a mi modo de ver la forma más provechosa de estudiarlas. ¿Podemos hablar entonces de “La Religión”? No lo creo.

Ya, ¿y la pregunta?

Y volviendo al tema del texto, ¿ todas las religiones, entonces, por separado, son malas para el ser humano, porque ponen trabas a la consecución de derechos? Pues a ver, unas sí y otras no. Y unas sí en determinados momentos y en otros momentos no. Y probablemente en esos momentos haya gente que extraiga una interpretación beneficiosa de su religión. Me parece injusto cargar a las religiones con la culpa del retraso en la consecución de derechos humanos cuando por parte de los poderes civiles estos tampoco se han respetado. La religión además no surge de repente de la nada y con un montón de peros acusadores que señalan puntos concretos de las sociedades, la religión surgió junto con ellas, con sus prejuicios y sus sesgos. Y sí, desde la Ilustración parece que los poderes civiles se van intentando desgajar de las Iglesias (y no digo religiones a propósito) y comienzan a redactar constituciones y derechos, pero con sus propios sesgos, principalmente de género y clase. Por otra parte, las religiones new age tienden a abrazar conceptos como el ecologismo, el feminismo, y los derechos LGTB+.

A lo que voy es que no sé hasta qué punto podemos atribuir a la religión los ataques contra las minorías. Si actualmente las religiones mayoritarias son así, quizás se deba a que precisamente son mayoritarias por apuntalar los privilegios ya establecidos en sus sociedades de origen, como dijeron por aquí el otro día en una conversación que tuve en twitter. Además, muchas veces se esconde la fobia contra la religión detrás de una apariencia de feminismo o de preocupación por el colectivo LGTB+, como en la islamofobia de género. Entiendo perfectamente el anticlericalismo desde un punto de vista histórico y la necesidad de separar Iglesia, religión y estado, pero habitualmente se mete en el mismo saco a todas las religiones de cualquier época y lugar porque se les asigna los mismos valores que al cristianismo.

Y ya para terminar, cuando alguien recurre a la ciencia y al progreso para atacarla asistimos en realidad a una fe luchando contra otra. Hoy en día la confianza ciega que tenemos puesta sobre los avances científicos y tecnológicos, principalmente en medicina, ahondan en la idea del progreso de la Ilustración. Confiamos en este progreso científico como motor de la humanidad que nos llevará a un estadio de paz y felicidad, libre de enfermedades y hambre, que siempre avanza a mejor. Si toda religión se hubiera opuesto a los avances científicos no diría nada, pero es que no es así, los mayores centros científicos del mundo durante la edad media se encontraban en territorios islámicos (por ejemplo). La ciencia es un invento tan humano como la religión, y comparte los sesgos de la cultura en que se desarrolla. Toda creencia como tal extraída de la ciencia es fe, y no importa que este creyente cambie de creencia con facilidad, también hay religiosos conversos.

Es decir, que no se puede decir que la religión sea buena o mala, y no es que me ponga equidistante. Es que realmente hay demasiadas interpretaciones, ejemplos y casos como para poder emitir un juicio de valor unívoco. Y ya al margen de las Iglesias e instituciones, que obviamente son muy importantes, creo que lo más interesante lo encontramos en cada creyente particular, en sus interpretaciones y manera de vivir la religión, en cómo la usan de manera positiva o negativa para sí mismos o para su entorno.

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