El niño y la bestia (2015), Mamoru Hosoda

El niño y la bestia

(y el cese del estudio Ghibli)


Cada vez que salgo del cine tengo la necesidad irrefrenable de opinar, leer, y comentar con la gente sobre lo que acabo de ver, así que abro esto un poco como vía de escape. Estoy muy(muy) lejos de tener conocimientos como para hacer crítica profesional, pero creo que al menos puedo ofrecer algo medianamente interesante. O quizá no, ya veremos.

Como es lo primero que escribo aquí, he intentado que sea un poco largo para empezar con buen pie, así que perdón de antemano. A lo que iba.


Japón es, sin ningún atisbo de duda, el país de la animación. Y se lo ha ganado a pulso. El número de producciones de este tipo que se realizan cada año en el país nipón es verdaderamente abrumador y sin embargo son muy pocas las que finalmente llegan a nuestras salas y las que, por lo tanto, podemos consumir aquí de manera legal.

En este sentido el Studio Ghibli ha sido desde hace años el baluarte del anime en Occidente. El éxito que cosechan sus películas entre la sociedad japonesa es el culpable de que, de vez en cuando, el mundo occidental se olvide del estigma que todavía pesa sobre esta forma de hacer cine y se decida a apostar, no sin cierta timidez, por algunas de estas obras. Desgraciadamente es muy fácil comprobar que este tipo de cintas siguen relegadas a un plano secundario tanto por la industria como por los espectadores, siendo estrenadas en las salas más pequeñas, permaneciendo muy poco tiempo en taquilla, estrenándose meses (y años) después de su fecha de estreno original y recaudando cifras realmente bajas. Con todo, Ghibli es uno de los únicos estudios que puede presumir de gozar de tal aceptación. O era.

Agosto de 2013 resultó ser un mes triste para todos los amantes del cine y en especial para los amantes de la animación japonesa. Tras la retirada de Hayao Miyazaki, uno de sus fundadores y su figura más destacada, el Studio Ghibli cerraba sus puertas después de casi tres décadas de actividad. Toshio Suzuki, uno de los productores del estudio, aseguró reiteradas veces que el cese de la actividad respondía más a una reestructuración que a un cierre, pero sea como fuere lo cierto es que el futuro se presentaba incierto.

Miyazaki, como figura independiente al estudio, siempre ha sido considerado como la personalidad más relevante dentro del mundo del cine de animación japonés, pero con su retirada en 2014 ese trono queda sin dueño y no son pocos los que se apresuran a llenar el vacío. Uno de los nombres más comentados por todos es el de Mamoru Hosoda. El director viene abalado por obras tan notables como La chica que saltaba a través del tiempo o Summer Wars y por la maravillosa Wolf Children, al margen de algunos trabajos de adaptación de series televisivas como Digimon o One Piece. En 2015 estrena en Japón El niño y la bestia, que acaba de llegar a nuestro país.

El niño y la bestia (2015), Mamoru Hosoda

El niño y la bestia

La animación es un estilo, una técnica. Ya sé que decir esto puede resultar estúpido pero a veces parece que es necesario recordarlo. La animación no es un género: la comedia es un género. El drama es un género. El western es un género y el suspense también. A veces varios géneros conviven en la misma cinta. A veces algunos géneros se consideran subgéneros. Algunas veces el género no está claro y en otras es más que evidente. A lo que voy: la animación no puede ser un género porque para serlo debería tratar siempre los mismos temas o hacerlo de una manera determinada, y esto no es así. Existe la comedia de animación, el western de animación, la ciencia ficción de animación… Se entiende. En mi opinión, el que muchas (muchísimas) personas consideren la animación como un género deriva de esa manía de asociarla siempre con los niños, con lo infantil, algo que muchos no nos cansaremos de reivindicar una y otra vez como una absoluta estupidez.

Como técnica tiene ciertas ventajas y ciertas limitaciones, pero lo que sobre todo tiene es la capacidad de enfocar las cosas desde una perspectiva diferente. Me gusta la animación, en general, pero cuando de verdad la aprecio es cuando se aprovecha de manera narrativa, cuando no se limita simplemente a estar ahí y se utiliza para reforzar un mensaje. En Wolf Children, el conflicto principal lo conforman las dificultades de una madre soltera para criar a dos hijos que son mitad lobos y mitad humanos. Pero en realidad, poco importaría que fueran kiwis o tortugas, porque el hecho de convertirse en lobos se utiliza para hablar de lo difícil que es ser diferente y de cómo su madre lidia con una condición que ella no puede entender pero que tiene el deber de aceptar y de superar si realmente quiere ser capaz de educar a los niños. Es fantástico porque se utiliza la animación para hablar de otras cosas y para tratar ciertos temas desde una óptica que de otra forma sería muy difícil de conseguir. Esto se echa en falta (ahora sí) en El niño y la bestia.


Ren, huérfano de madre y con padre ausente, se fuga de casa y acaba encontrándose en un mundo totalmente diferente que coexiste con el nuestro. Decidido a hacerse fuerte, se convierte en el aprendiz de una de las bestias que habitan allí, la bestia más arisca, irresponsable y malhumorada de todas. Durante su entrenamiento irán conociéndose poco a poco y acabarán aprendiendo el uno del otro. La idea es más o menos esta.

Antes he dicho que el uso de la animación se echa en falta aquí porque no me parece ni la mitad de brillante que en Wolf Children. En este caso, existe por y para las bestias: Ren acaba en el su mundo, al que no pertenece, y exclusivamente allí se desarrolla todo el primer tercio de la película. Son sus responsabilidades para con ese lugar las que producen un conflicto y es la relación con su maestro Komatetsu lo que estructura toda la cinta, pero no me parece que ese otro mundo dote a la obra de una perspectiva tan diferente a lo que se conseguiría utilizando acción real. Si nos ponemos exquisitos (y salvando las distancias, que no me mate nadie) The karate kid trataba temas parecidos de forma parecida. Puede que lo hiciera peor pero el enfoque no era tan diferente.

Wolf Children (2012), Mamoru Hosoda

Aquí apenas se explota, por ejemplo, el hecho de que Ren (Kyouta en el mundo de las bestias) sea un humano en un lugar extraño. Los niños-bestia se meten con él pero lo hacen por ser débil, no por ser humano, y la sociedad en general lo ve como un ente ajeno a ellos pero a los dos minutos ya a nadie parece importarle. La despreocupación con la que Komatetsu casi se lo lleva consigo la primera vez que lo ve resulta incluso extraña, porque después nos explican (y nos enseñan) que introducir a una persona humana puede ser algo muy grave… Ya sé que su condición es determinante al final, pero durante todo el desarrollo casi no importa e incluso cuando sí lo hace… digamos que tampoco me parece lo mejor de la película. Incluso los conflictos internos del protagonista provocados por su pertenencia a dos lugares diferentes al final no tienen que ver con los lugares per se. ¿No podría añadirse a la relación entre Ren y Komatetsu el factor de que, además de tener personalidades opuestas, son de razas diferentes? Creo que dotaría de otra capa de profundidad a su evolución. ¿No podrían las bestias mostrarse más reacias a introducir a un humano en su mundo teniendo en cuenta que al final resulta ser algo muy peligroso? Lo que quiero decir con todo esto es que no me cuesta tanto imaginar la misma película si las bestias fueran otras personas humanas; es verdad que habría que ahorrarse toda la pirotecnia del final, pero trataría los mismos temas de prácticamente la misma forma.

Con esto tampoco quiero decir que el uso de la animación sea completamente arbitrario. La metáfora de la lucha de uno (Ren) contra sí mismo representada por la batalla contra un elemento externo (la ballena) me parece acertada y bastante bien traída. Y por supuesto, la fluidez y el dinamismo de los combates es sencillamente espectacular, y la calidad de la animación en sí es, aunque demasiado ostentosa en el tramo final, más que sobresaliente.

Al margen del uso de la animación y de la relación entre Ren y los dos mundos, uno de los problemas más grandes que encuentro en El niño y la bestia es la presencia de las figuras del mono y del cerdo. Ambos están presentes desde el principio y actúan básicamente de contrapunto de la pareja protagonista, pero ¿realmente era necesario? Uno de los problemas de que estén presentes desde el principio es que hacen que Ren y Kumatetsu no se queden a solas prácticamente nunca. De hecho, apenas recuerdo una conversación entre ellos en la que no interviniera alguno de los otros dos: están allí mientras comen, mientras entrenan, e incluso los acompañan durante el viaje. Creo que esto le resta muchísima fuerza a la interacción entre los protagonistas y le corta a las alas a lo que podría haber sido un desarrollo mucho más íntimo de la relación.

Pero el problema más importante es que están ahí para explicarte la película. Me explico. Durante la primera parte de El recuerdo de Marnie, película que por otra parte adoro, hubo algo que consiguió ponerme realmente nervioso. La protagonista repetía constantemente en voz alta lo que estaba pasando en pantalla, aún estando ella sola. Frases como “parece que esta casa está vacía” o “veo que aquí no hay nadie” y similares empañaban un guión y unos diálogos que no dejaban de ser fantásticos en su conjunto. En aquel caso supongo que no era algo tan grave porque era simplemente redundante, pero en la cinta de Hosoda va mucho más allá. En este caso , además, no dejan de recalcar las situaciones o los sentimientos de los personajes, por lo que da la sensación de que la película trata al espectador como si fuera idiota. Y no es una sensación agradable. Ya sé que Kumatetsu se ha encariñado con el niño humano, ya sé que Kouta se ha vuelto más fuerte y ya sé que ambos están estableciendo una especie de relación padre-hijo. Lo sé porque lo estoy viendo, la dirección y el resto del guión me lo están enseñando, no necesito que me lo digas literalmente. La suma de todo esto hace que la interacción entre el niño y la bestia(je) deje de lado lo sutil para decantarse más bien por la redundancia y la exposición. Se dice muchas veces que un guión no se escribe, sino que se reescribe, se reescribe y se reescribe. Quizás en este caso faltaban un par de revisiones.

El recuerdo de Marnie (2014), Hiromasa Yonebayashi

Por su parte, la relación entre Ren y Kumatetsu no parece estar todo lo desarrollada que debería y creo que acaba sufriendo las consecuencias de que la trama de tantas vueltas. Lo que debería haber sido el punto central de la película acaba perdiéndose entre otras cosas. Y eso por no hablar de la relación del chico con su padre. La manera en la que se presenta es descafeinada y se desarrolla con absoluta precipitación. Es verdad que al final la sensación general sobre los personajes no es mala, pero creo que viene más dado por su propio carisma que porque las relaciones entre ellos (y para con el espectador) realmente estén construidas de forma eficiente.

Creo que parte de la culpa de todo esto la tienen todos esos fuegos artificiales del final. La parte del clímax es muy potente visualmente y está bien realizada, pero mientras lo estaba viendo no podía dejar de pensar que esta no debería ser ese tipo de película. Es algo que también me pareció ver en cierta medida en Summer Wars y que no encontré en ninguna de las otras dos. Es cierto que el cine de Hosoda tampoco es precisamente intimista, pero no creo que toda esa pirotecnia le haga ningún favor, porque deja de lado lo más interesante (sus personajes o el tema de la familia, que parece que ya es una constante en sus películas) para dejarse llevar por la espectacularidad.


Con todo, no quiero decir que la película sea horrible, ni mucho menos. Es cierto que el resultado es una cinta predecible, redundante e irregular, pero por mi parte el sabor de boca general no ha sido malo del todo: la primera parte es fascinante, los personajes tienen alma, la atmósfera es acogedora y visualmente es una delicia. Además, el toque personal de Hosoda es claramente perceptible (mención especial para elipsis temporal durante el entrenamiento de Ren, que recuerda a aquella que acompañaba el crecimiento de los niños en Wolf Children), eso es una buena noticia.

Apenas recuerdo Summer Wars así que no me atrevo a enmarcarla como es debido en la obra del director, pero lo que es seguro es que no es ni mucho menos su punto álgido. ¿La recomendaría? Sinceramente, creo que al que le guste la animación la va a disfrutar, pero también es cierto que sin ser yo un experto en este tipo de cine puedo nombrar un buen puñado de cintas que pueden mirarla por encima del hombro ¿Es(será)Mamoru Hosoda el nuevo Miyazaki? La verdad, no lo creo. Me encanta Wolf Children, pero creo que por ahora su currículum es demasiado irregular. Tampoco me atrevería a decir lo contrario, el tiempo lo dirá. Pero lo que sí es seguro es que va a tenerlo complicado:el muro de Ghibli proyecta una sombra muy larga.