Pokémon Sol & Luna


Voy a decirlo ahora y así me lo quito ya de encima: este es el mejor juego de Pokémon. Antes de que nadie me salte al cuello, voy a matizar dos cosas. La primera es que la última entrega de la saga acostumbra a ser siempre la mejor. La segunda es que no tiene por qué ser necesariamente así, y que por lo tanto no deberíamos menospreciar el valor de una buena noticia. Nunca entendí aquello de “la excepción que confirma la regla”, la verdad. Me parece una expresión bastante estúpida. El caso es que llevo siguiendo más o menos de cerca la saga de Nintendo desde que aterrizó en España la Edición Azul allá por X, y esta es, objetivamente, la mejor experiencia Pokémon de la que poder disfrutar.

Eso, ya digo, no debería extrañarle a nadie; al fin y al cabo es lo habitual. Game Freak lleva haciéndose cargo de todos los títulos principales de la serie desde 1996, con el lanzamiento en Japón de Pokémon Rojo y Verde, y poco a poco ha ido perfeccionando la fórmula del éxito apoyándose en lustros de experiencia y en una extraordinaria capacidad para entender a su público. Me gustaría decir que tras ese constante pulimento las mecánicas jugables han quedado irreconocibles pero lo cierto es que no es así. No hace falta escudriñar demasiado para percibir con total claridad las bases alrededor de las que gira toda la propuesta. Esto no tiene por que ser algo negativo, y de hecho es a ese continuismo al que debemos agradecer que cada juego sea mejor que el anterior, pero hay quien pudiera percibir desde hace años síntomas de cansancio y no le faltaría razón. Bueno, lo cierto es que a Game Freak eso le da igual. Este estancamiento no es fruto de la incompetencia, ni creo que lo sea siquiera de la comodidad. Hacen lo que hacen y lo hacen bien, y los únicos y pequeños pasos que se han atrevido a dar lo hacen en una dirección muy marcada y bastante sencilla de percibir: perfeccionar aún más sus mecánicas para retener a sus viejos jugadores (sólo hacen falta 5 minutos para atisbar la complejidad de su sistema de combate) y simplificar hasta el extremo la experiencia de juego para abrirse al nuevo público. Nunca nadie se había esforzado tanto en mejorar un sistema para esconderlo después, en implementar una de las mejores y más elaboradas estructuras competitivas y a la vez hacer que puedas superar el juego presionando una y otra vez el botón A.

Los 151 Pokémon originales

Todo el esfuerzo por consolidar la marca Pokémon hace tiempo que ha dado sus frutos y la franquicia goza de una extraordinaria salud. Las cifras de Sol y Luna ya son disparatadas a menos de dos semanas de su lanzamiento: en principio, nada nuevo. Pero esta vez algo parece diferente. La industria parece haber estado esperando este juego con muchas ganas e incluso gente que lleva desconectada de la saga muchos años se acerca de nuevo con cierta curiosidad. Está más que claro que hablar de Pokémon en 2016 equivale inequívocamente a hablar de Pokémon GO, y lo más probable es que el descomunal fenómeno de masas sea el principal responsable del renovado interés por la serie, pero creo que limitarse a esa visión sería un acto terriblemente injusto para con Game Freak. Ya sea por aprovechar el tirón de la entrega para móviles, por el inesperado auge de su nueva competencia o motivados por la genuina necesidad de celebrar como es debido el 20 aniversario de la franquicia, lo cierto es que la compañía nipona al fin ha dado un golpe sobre la mesa. Sin pasarse, tampoco; uno flojillo. Pero lo suficientemente contundente como para llamar la atención de medio mundo.

Quizás Pokémon Sol y Luna sea una rara avis pero este es otro juego de Pokémon y negarlo equivaldría a pecar de incredulidad. Navega sobre aguas en calma, innovando lo justo y necesario para airear una saga estancada pero manteniéndose siempre a una distancia prudente de la costa, sin decidirse a abandonar del todo su zona de confort. La frescura viene dada, sobre todo, por los pequeños detalles. Por un enorme amalgama de sutiles decisiones de diseño que dotan a este juego de personalidad propia, para que olvidemos, precisamente, que este no es más que otro juego de Pokémon.

Popplio, Rowlet y Litten, Pokémon Sol y Luna (Game Freak, 2016)

La primera bofetada de Pokémon Sol y Luna (este último, en mi caso, aunque en realidad carece de importancia) la recibes nada más empezar: el juego transcurre en Alola, un archipiélago tropical formado por cuatro islas. En Nintendo adoran la filosofía de contentar a todo el mundo, y hasta ahora los juegos de Pokémon se situaban, por lo general, en terrenos lo más genéricos posibles. Hay bosques, cuevas, llanuras, islas, costas y ríos. En algunas entregas podemos encontrar incluso volcanes o cimas heladas. Podrían no ser ningún sitio y serlos todos a la vez, dependiendo de cuanto abramos la mano. Aquí sigue habiendo mucho de todo esto, claro, pero siempre bajo el amparo del clima hawaiano y de la estética tropical. De, una vez más, la personalidad propia.

Aquí se ha apostado todo a la carta veraniega, hasta el punto de que cada uno de los elementos del juego (desde la música hasta el diseño de escenarios) rezuman positivismo y buen rollo. Pokémon, afortunadamente, nunca se ha tomado demasiado en serio a sí mismo y aunque poco a poco haya ido explorando ciertos temas (con más timidez de la debida, todo sea dicho) nunca lo ha hecho con el objetivo de la madurez en mente. El tono desenfadado y la ambientación festiva de Sol y Luna son el summum de esta forma de enfocar la franquicia, y no podría sentarle mejor.

Personajes protagonistas de Pokémon Sol y Luna

El buenrollismo característico de esta entrega se traslada también a su argumento. La historia nunca ha sido importante, siempre se ha tratado de una excusa (incluso molesta en algunas ocasiones) para hacer avanzar una trama que al fin y al cabo trataba sobre un crío que se iba de casa a los 10 años para enfrentarse a bestias terroríficas. Todos intentamos obviarla de una u otra manera y a Game Freak tampoco parecía importarle. Esto también está cambiado y en esta ocasión sí que ha quedado irreconocible. Aunque el desarrollo es el de siempre, la premisa se ha actualizado. Esta vez partimos para realizar el Recorrido Insular, una especie de rito de iniciación que nos obliga a viajar por todo el archipiélago enfrentándonos a diferentes entrenadores (capitanes) que nos pondrán a prueba y nos recompensarán con un Cristal Z en el caso de derrotarlos. El profesor de turno nos acompaña durante gran parte de la aventura y los capitanes casi parecen actuar más como maestros que como rivales a batir. Es curioso cómo varias personas a lo largo del juego nos dicen que ellos también realizaron el Recorrido cuando tenían nuestra edad, rebajando nuestra hazaña hasta un plano todavía más mundano. Seguramente siga sin ser una actividad que permitieras emprender a tu hijo pequeño, claro, pero se aleja bastante del periplo de Red en el primer Pokémon.

Pero al margen del enfoque de la trama lo que verdaderamente sorprende es la importancia que cobra. No es como si fuera a rejugar Pokémon Luna por su argumento, pero al menos este lo recordaré por algún tiempo. El guión es tosco y manido y acarrea una disonancia ludonarrativa galopante, pero está repleto de personajes entrañables y de algunos momentos con muchísimo encanto. Incluso existen cinemáticas, y todo se narra en base a uno modelo mucho más clásico, lejos del ritmo entrecortado y la estructura inconexa de anteriores entregas. No me cuesta imaginar a los más pequeños (y no tanto) emocionándose con esta historia, y ése es en realidad un cumplido bastante grande para una entrega de Pokémon. Y aunque podríamos encontrarle peros a casi todo no quiero ensañarme demasiado con alguien que llega tarde a todo esto y que está tratando de hacerlo por primera vez.

Raichu de Alola, Pokémon Sol y Luna (Game Freak, 2016)

Pero es en las mecánicas en donde Game Freak se siente cómodo. La senda a seguir sigue siendo la misma de siempre pero en esta ocasión los cambios son algo más profundos. Para empezar, la retícula ha desaparecido por completo, y los escenarios y las hierbas altas ya no siguen patrones cuadrangulares, algo que me gusta en especial porque todo indica que será uno de esas cosas sobre las que ya no hay marcha atrás. Se han podido rectificar decisiones como la personalización del avatar o las bases secretas pero dudo mucho que pueda hacerse con esto. Por otro lado, se han eliminado las MO’s y sustituido por Pokemonturas, algo que no tiene demasiado sentido a nivel argumental pero que funciona de maravilla a nivel técnico y ahora existen los Movimientos Z, ataques de una potencia abrumadora que se pueden ejecutar equipando a tu pocket monster con el Cristal Z correspondiente. Esto último no me gusta demasiado, la verdad. Además, el juego está repleto de otras muchas y buenas decisiones: puedes incorporar directamente a un pokémon recién capturado a tu equipo, los entrenadores rivales (y tú mismo) aparecen detrás de sus criaturas en el campo de batalla y los escenarios de combate se corresponden con el escenario real fuera del mismo, por nombrar algunas.

Por el camino de la accesibilidad, no obstante, se han perdido elementos tan importantes como la sensación de libertad o de exploración. El juego te lleva de la mano la mayoría de las veces, dejándote muy pocas opciones de movimiento más allá de las que él mismo te plantea y las excusas para no dejarte entrar a según qué zonas rozan a veces niveles de ridículo exageradamente altos. Y sin embargo la dificultad, curiosamente, no ha disminuido: al contrario. A pesar de que el juego se encarga de curar a tus pokémon constantemente (no vaya a ser que alguien te derrote y tengas que volver a intentarlo) desactivando el Repartir Experiencia o cambiando el modo de combate a Fijo acaba resultando un desafío bastante majo. No es realmente ningún reto pero en más de una ocasión he tenido que repetir un enfrentamiento un par o tres veces, variando mi estrategia.

Fanart de Decidueye (Jamie Draws)

Por lo demás, nuevas criaturas, versiones regionales de algunas que ya conocíamos y cientos de diminutos retoques en el sistema de combate para todo aquel al que le apetezca asomarse un poco al mundo competitivo. Al final las virtudes y el buen hacer pesan muchísimo más en la balanza que los problemas que ha acarreado el soplo de aire fresco que trae consigo Sol y Luna y los que la franquicia ya arrastra desde hace años. Este es, sin ningún atisbo de duda, la entrega más única. Se reconoce al primer vistazo y se parece mucho menos a sus hermanos de lo que estos se parecen entre sí. La esencia de la saga no se ha disipado pero es cierto que algunos de sus elementos más reconocibles se han diluido definitivamente en pos (y parece mentira que esté diciendo esto) del avance. De, por fin, el paso adelante. Al final esto sí va a ser más que otro juego de Pokémon: esto es el mejor juego de Pokémon.

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