Sunny Pawar, Lion (Garth Davis, 2016)

Lion


Ya sea por tratarse de un medio joven o de uno tremendamente marcado por las fórmulas, en el mundo del videojuego resulta especialmente sencillo detectar a primera vista las influencias más básicas de una obra. El término soulslike llegó con el primer Dark Souls para indicar qué juegos eran cómo o bebían de esa primera entrega; para saber de antemano qué te ibas a encontrar si decidías probarlos.

Lion rezuma, ya desde su premisa e incluso sus pósters promocionales, un ligero aroma a producto prefabricado. Recuerda demasiado a toda esa serie de películas que asoman la cabeza a principios de año con la única (y aparente) intención de arrasar en la temporada de premios, no ya como consecuencia sino como fin. Esas repletas de sentimentalismo frío y grandilocuencia, que imitan con parco éxito el trabajo de algunas de sus predecesoras, con mejor acabado y, sobre todo, mucho más sinceras.

Sin embargo, y al contrario de lo que podría parecer, en la comunidad videojugadora el término soulslike no se acuñó como algo intrínsecamente negativo. Es habitual ver cómo esa etiqueta se luce con orgullo mientras se acepta abiertamente su condición de obra derivada, de tributo o de más de lo mismo, dejando claro que si han bebido de una fórmula es porque esa fórmula funciona. Quizás en cine podría aplicarse la misma filosofía.

Rooney Mara y Dev Patel, Lion (Garth Davis, 2016)

Garth Davis dirige en Lion la adaptación de la novela autobiográfica Un largo camino a casa, en la que Saroo Brierley cuenta cómo con tan solo cinco años acabó perdido en una estación de tren a cientos de kilómetros de su casa en la India y su posterior adopción por parte de una familia australiana.

El guión de Luke Davies y un magnífico trabajo de dirección dan como resultado una primera mitad interesantísima. Y es que a pesar de su, sobre el papel, escasa experiencia en la dirección de largometrajes, Davis consigue retratar a la vez un viaje y una realidad de manera impecable, conteniéndose en los diálogos y renunciando al melodrama fácil.

A partir de ahí la cinta transcurre por caminos mucho más transitados, acercándose de forma bastante temeraria a los productos prefabricados de los que hablaba antes. La brillantez de la primera hora se diluye en un relato mucho más clásico en forma y fondo, con llantos, abrazos y romances por comité. Ni siquiera las más que notables intepretaciones rescatan de la mediocridad lo que acaba siendo una cinta cuya narración parece ir siempre un paso por detrás del espectador.

En este punto, un guión convencional y manido sobrevuela, pero no ahonda, en ninguno de los temas que presenta. Y aún habiendo evidenciado las consecuencias negativas de la adopción con el elemento extraño que desestructura las bases de una familia aparentemente unida, Davies termina por explorar el asunto (el principal, además) de forma más o menos simplona.

Nicole Kidman y Sunny Pawar, Lion (Garth Davis, 2016)

Empero, la película nunca deja de funcionar, en la acepción más impersonal del término. El drama puede resultar medianamente artificial y complaciente, pero la epopeya de Saroo contiene la suficiente potencia como para resultar interesante por sí sola. En su concepción y sus seis cuestionables nominaciones a los premios de la Academia no voy a entrar. Peores cosas se han visto.

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