Jueves 6 de la tarde

Me reía. Estaba contento. Andaba sin pensar, ni siquiera me acuerdo bien a donde iba. Siempre que ando en bicicleta estoy en ese estado de alegría constante, contento pero sin un motivo en especial.
No me enojo si me encierra algún auto o si gente caminando me tapan una bici-senda o por lo que sea que pase. Cuando uno esta feliz, se toma las cosas malas de buena manera. (Las cosas buenas creo que siempre se toman bien)
Después de andar un rato en bicicleta y si uno lo hace con cierta periodicidad se entra en una especie de
estado zen en el que no se hace otra cosa que pensar, solo pensar como estando sentado solo en una plaza o mirando gente cruzar una calle. No se enfoca la atención en respirar ni como pedalear y el esquivar autos o gente pasa a ser automático. Creo que al rato de correr, pasa algo muy parecido…pero no lo quiero asegurar ya que correr nunca fue mi fuerte.

Y de la nada, ni la pensé y mucho menos la vi venir. Diría que me agarró con la guardia baja, como pasan casi todas las cosas que pasan un martes a las 6 de la tarde de un día común…no?
Me alcanzó una angustia devastadora, una sensación terrible. No entendía nada.
Hace unas cuadras todo era alegría y ahora se había sumado al paseo una tristeza sin motivo (aparente) y parecía que me iba a acompañar hasta el final.
Empecé a tratar de no pensar; de distraerme con otras cosas pero parecía que empeoraba, alimentaba la angustia como quien trata de apagar el fuego con alcohol.
¿Por que será que a veces nos pasa esto? Si son cosas que pasan en nuestra cabeza, porque afloran cuando no las esperamos, porque no podemos ocultarlas o simplemente avanzar.
Algo que pienso mucho y no hablo francamente con nadie. muchas veces es dificil acercarnos a las personas que más queremos.

Me bajé de la bici, me senté en un banco y todavía me sonaba Yann Tiersen un francesito que hace una música bastante melancólica con violines y acordeón pero no lo apague creí que lo mejor en ése momento sería enfrentar lo que sentía.
Me puse a pensar en las decisiones que había tomado ultimamente y hacia donde estaba llevando mi vida y si ese lugar quedaba muy lejos de hacia donde realmente quería llevarla (hace tiempo me debo un balance, pero no estoy seguro de si esta bueno hacer esas cosas.) Estoy contento con la vida que llevo.
Hace unos días una amiga me pregunto si era feliz? en el momento y casi sin dudarlo respondí que si, pero ése martes a las 6 de la tarde sentado en un banco en la calle con la bici al lado; le di varias vueltas a esa pregunta. Pensé en la gente que tengo al lado, los que quiero y los que me quieren, ( “la amistad no necesita frecuencia, el amor si.” Jorge L. Borges) las cosas que hice, las cosas que tengo, las cosas que voy a hacer en algún futuro, los miedos, los sueños…
También me puse a desmenuzar un poco la pregunta en sí y pensé que seria la felicidad: creo que no puede ser lo que uno tiene porque la felicidad es interior, entonces debería ser lo que uno es, al mismo tiempo me parece genial querer lo que uno hace, más que hacer lo que uno quiere y definitivamente cada día estoy mas convencido que no es un lugar al que tendríamos que llegar es mas bien el camino que vamos a recorrer.

Dos chicas venían caminando, una era pelirroja (todas las pelirrojas cuando nenas son preciosas, si alguna vez tengo una nena me encantaría que fuera pelirroja) y la otra cargaba varios libros; el único que se dejaba ver y reconocí era “Océano Mar” de Baricco. No me gusto tanto ése, “Seda” me pareció mucho más interesante…se alejaron y se llevaron mi mirada.
A decir verdad creo que también se llevaron mi angustia, ya me sentía mejor.
No se si al ver el libro refresque resabios de alegría recordando a Baricco o si fue por todas las cosas que estaba pensando, pero me gusta creer que m a g i c a m e n t e la angustia desapareció.

Cambié la música, puse “La Pluie” de Zaz y seguí mi paseo contento, andando sin pensar.-