ALUBA: ¿Asociación de lucha contra la bulimia y la anorexia?
“En ALUBA las cosas no son fáciles. Levantarse temprano, recordarle a tu mamá que prepare las viandas de comida e intentar llegar a tiempo para desayunar con el resto. Hacer terapia de grupo, socializar con las chicas del aula, pero no demasiado, ya que si no te separan por crear ‘relaciones simbióticas’. Comer todo lo que te dan sin desperdiciar una miga, no cortar los alimentos en tamaños muy pequeños, acordarse de no mascar chicle, no comentar que lees revistas como Para Teens ni hablar del hermoso pelo que tiene tu compañera de grupo”, relata A.M, tras sus largos meses allí adentro.
ALUBA es una entidad civil, de bien público y sin fines de lucro, fundada en el año 1985. En ALUBA no hay internación, el hospital funciona de lunes a viernes de 8 a 17. Las puertas de los baños son inexistentes y pesarse dándole la espalda a la balanza se transforma en un hábito. Acostumbrarse a que la terapeuta aparece una vez por día y que quienes supervisan no son más que compañeros de módulo más avanzado es una normativa. El estudio es un “aislante” y pasa a un quinto plano.
Durante el tratamiento, que tiene tres módulos y generalmente dura varios años, mínimo cuatro, las pacientes no pueden salir solas de sus casas, tienen que asistir a la institución sí o sí acompañadas, pasar todo el día allí, y pedir permiso para ir una tarde al cine con amigas.
La dureza del tratamiento y lo estricta que es la institución no es discutible: se trata a chicas/os con bulimia y anorexia, que padecen un trastorno psicológico caracterizado por la mentira, la adicción, la manipulación. En cualquier tratamiento para estos casos, como lo es en las adicciones, los primeros años son duros, y los pacientes se resisten a hacerlo. Manipulan, mienten y se resisten a aceptar que están enfermos. La cuota es muy alta y para continuar con el tratamiento sí o sí debe pagarse.
Las prohibiciones se vuelven rutina y todas las internas hacen lo mismo: no salen con amigos, no hablan de las características físicas de los demás, no leen revistas de moda, no comen chicle, no toman mate. El problema está en qué sucede cuando esas chicas tienen que salir a la calle, a la vida real, fuera de la institución. Acomodarse a una vida normal se vuelve el doble de difícil. Y el hecho de que el tratamiento sea tan largo, mediquen a la mayoría de las pacientes con la misma droga, ayuda a retrasar el alta.
A pesar de ser una asociación reconocida mundialmente, no existen allí médicos nutricionistas que enseñen a las pacientes lo que es una correcta alimentación. “Un enfermo de bulimia y anorexia no se recupera siendo medicado indiscriminadamente por no poder terminar un plato de comida. Tampoco prohibiéndole tener una vida social, esa que fue perdiendo gracias a la enfermedad. Mucho menos recordándole que es un enfermo, un mentiroso y que si no paga una cuota nunca va a mejorar. El mejor de los tratamientos para ayudar a un enfermo de bulimia y/o anorexia se basa en un tratamiento individual, interdisciplinario, mediado por psiquiatras, terapeutas y nutricionistas”. Las huellas que dejó ALUBA en muchas de sus pacientes son imborrables. “Antes que persona, sos anoréxica o bulímica”, concluye A.M.