A toda pastilla

Cuando eramos jóvenes, y no tanto, corríamos y luchábamos por lograr cosas externas, nos dejábamos la piel y algunos hasta la vida y cuando obteníamos algo, resulta que terminábamos por acostumbrarnos y aburrirnos, volviendo a un sentimiento de insatisfacción; cuando no lo conseguimos, nos sentimos frustrados y desdichados.

Pienso que el verdadero bienestar no es sólo un estado externo, sino también una situación anímica, un estado mental y emocional. Todos deberíamos poner condiciones para mejorar nuestra calidad de vida externa, pero sobre todo mejorar la interna, porque muchas veces no se pueden controlar las situaciones externas pero si nuestra actitud interior ante ellas.

La alegría interior no depende solamente de las causas externas. Si para sentirse bien o alegre hay que esperar a que todo vaya bien en nuestras vidas lo tenemos claro. La gran mayoría de las personas sólo se sienten bien y alegres como reacción a las circunstancias favorables, pero hay una alegría mucho más profunda, estable y segura y que no es una mera reacción a situaciones externas, sino que nace de lo más profundo de uno mismo cuando nuestras actitudes son las correctas.

La felicidad es la paz interior, la calma mental, la serenidad. Sin esta, no podemos disfrutar de las alegrías externas. Y eso es lo que nos falta, serenidad.

“Madurar es ser feliz sin que todo lo que nos rodea sea perfecto.”