MILI: De Marquesa a Citadina.

Mili y su primer juguete

Corría el año del 2015, del mes de julio para ser mas exactos; íbamos a festejar un cumpleaños de mi papá a un lugar donde mis sobrinas pudieran correr y divertirse con los abuelos.

En realidad iba a ser una visita común y corriente a un reserva natural llamada popularmente como “La Marquesa” (y como dato pedorro cultural el verdadero nombre de ese ese lugar es: “El Parque nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla” que se encuentra en la Delegación Cuajimalpa de Morelos en la Ciudad de México” ¿a verdad? ¡Como les quedo el oclayo!) , bueno y así pasamos la tarde hasta que llegamos a unos de estos locales donde hacen comida casera ( quesadillas con maíz azul, tacos con cecina, longaniza, chorizo, pescado, truchas etc.); y es aquí donde hace su aparición mi pequeña compañera peluda.

Nos sentamos a comer, tuvieron que juntar dos mesas ya que íbamos 7 personas y ya saben que después de dos personas ya se arma una fiesta y así fue esto. Es común ver a varios amigos peludos llamados perros acercándote y pidiéndote de comer, les puedes dar desde una tortilla hasta un taco completo de lo que sea y se lo devoran, sin embargo aquella cachorrita blanca, mal peinada y hambrienta no quería comida solo buscaba que alguien la acariciara. ¿Cómo me di cuenta? Pues le acerque comida a la boca y lo primero que hizo fue pasar por mi brazo como un gato.

Mi primer reacción después de hacerme ese desplante fue correrla, porque para serles honesto no estaba en mis planes hacerme cargo de alguien mas que de mi mismo ya que llevaba tiempo viviendo solo y eso me daba bastante independencia ante llegar o no a mi casa, no gastar mas allá de mi comida y otros beneficios que la independencia de la soltería te otorga.

Con lo que no contaba al corre a esa pequeña bola de pelo es que a mis sobrinas si les agrado la cachorrita, tanto así que me regañaron por ser grosero con hasta ese entonces un perro sin nombre. Yo les insistía en que no acariciaran a la perrita porque estaba sucia y les podía contagiar algo, sin embargo cuando uno es niño no concibe la idea de las enfermedades, los contagio o mejor aun de los riesgos de la salud y ellas decidieron que nada de lo que yo les dijera importaba.

Terminamos de comer, bueno no todos ya que cuando uno es pequeño lo que menos quiere es comer porque el tiempo se nos pasa en jugar; y de modo imperante mis sobrinas empezaron a decirme: ¡Tío Tío porque no te la llevas, ándale llévatela esta bonita para que nos dejes jugar con ella en tu casa!, lo cual se me hizo muy inocente pero nada factible ya que como les repito no me interesaba cuidar a nadie mas que no fuera mi novia y yo; pero ya saben no falta quien haga segunda voz en una petición así y esa voz fue la de mi hermana ( que para serles honesto llevaba dos tarritos preparados con tequila y ustedes saben que ese elixir ayuda a hablar sin pensar) y de manera imperativa soltó un argumento que en realidad hizo que mi piel se erizara y en verdad me diera miedo del malo… pero del malo! Y esto fue lo que dijo: Haber así de fácil y tu elige… ¿O te llevas al perro o tienes un hijo?.

Obviamente solté una sonrisa nerviosa porque no era (ni sigue siendo) una prioridad tener hijos aunado a que a mi lado estaba mi novia y no sabia (hasta ese momento) que también no era su prioridad el tener un hijo. Le tuve que devolver una cucharada de su propio chocolate diciéndole que ella se la llevara y que las niñas estarían felices de tener un cachorrito, pero eso no funciono ya que mis sobrinas querían que Yo me llevara ese perrito para mi casa ya que ellas ya tenían a “Pepé” (un perrito también recogido de la calle que su mamá perro lo quería matar), entonces tuve que salirme por la fácil y dar un No contundente para que me dejaran en paz.

Así continuo al tarde hasta que nos agarro un diluvio, corrimos despavoridos hacia la camioneta de mi papá para resguardarnos de la lluvia e irnos a nuestras respectivas casas, pero paso lo inimaginable, la batería de la camioneta se termino porque de manera accidental se quedaron puestas las luces y alguien quiso abrir la camioneta y al parecer estuvo sonando la alarma y eso hizo a que se terminara la batería. Ustedes sabrán que cuando llueve en campo abierto hay que cuidarse de los rayos por lo que ningún alma se encontraba para pasarnos corriente o ya por lo menos hacernos compañía. De la nada apareció un muchacho que arregla las cuatrimotos que rentan en ese lugar y él quien nos auxilio pasándonos corriente para que arrancara la camioneta.

Al buscarlo para darle una pequeña propina y obvio las gracias me encontré de nueva cuenta a mi ahora compañera peludita, estaba debajo de un techito el cual no le cubría nada la lluvia ya que se encontraba todo roto, estaba temblando del frió que le causaba la lluvia y se le veía un rostro triste. En mi cabeza rondaba la idea de no voltearla a ver, de echarme a correr y dejarla pero por otro lado algo me decía que tal vez nos llevaríamos bien, que nos divertiríamos juntos. Regrese a la camioneta y la arranque pero siempre es bueno pedir un consejo y que mejor que sea el de tu padre; lo único que pude decirle fue: ¿Como ves? ¿Me la llevo? y sin mas que un gesto asentando la cabeza en señal de aceptación; baje corriendo de la camioneta para preguntar en donde habíamos comido si ese perrito era de ese lugar a lo que me respondieron que sí, pero que si me lo quería llevar que lo agarrara o lo que sin pensarlo dos veces la tome, me quite mi chaleco y la subí al carro.

Y desde ese día siempre hay alguien que me recibe con mucha alegría, hay alguien por quien preocuparme y lo mejor de todo tengo otro miembro en mi familia que amaré por siempre.