Los niños estaban en silencio

La verdadera historia de la evacuación de Alepo

Entre el 15 y el 22 de diciembre de 2016, se llevó a cabo una de las evacuaciones más grandes y complejas de una población civil en la historia reciente, y el escenario fue la ciudad siria de Alepo. Las partes beligerantes habían acordado solicitar al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) — organismo imparcial y neutral — que facilitara la evacuación de miles de personas de la zona oriental de la ciudad. En este artículo, contamos por primera vez cómo fueron aquellos días tensos y peligrosos de diciembre…

Preludio

Los bombardeos habían sido incesantes. El sufrimiento, inconmensurable. La batalla por Alepo le había arrancado el corazón y el alma a la ciudad. Esta había quedado dividida entre este y oeste, pero las líneas de frente formaban un mosaico complejo: había zonas sitiadas dentro de zonas sitiadas.

En cuatro años de enfrentamientos encarnizados, miles de personas habían muerto, y cientos de miles se habían visto forzadas a abandonar sus hogares. Ahora que las fuerzas gubernamentales se acercaban, todo se reducía a unos pocos kilómetros cuadrados en Alepo oriental. Cientos, quizás miles de vidas corrían peligro, a menos que se pudiera realizar una evacuación inmediata de Alepo oriental.

Durante meses, el CICR había estado pidiendo una pausa humanitaria a fin de crear las condiciones necesarias para el ingreso de ayuda humanitaria. Finalmente, el diálogo establecido entre ambas partes, y facilitado por el CICR en el terreno, fue el preludio de un acontecimiento importante: se llevaría a cabo una evacuación. Se les pediría al CICR — en calidad de intermediario neutral — y a la Media Luna Roja Árabe Siria que se ocuparan de organizarlo.

Amanecer

“Hasta último momento, no quedaba claro si se llevaría adelante la evacuación”, dijo Marianne Gasser, jefa de le delegación del CICR en Siria. “Al amanecer, aún continuaban los enfrentamientos. La situación era extremadamente tensa. Luego, de pronto, nos dieron luz verde”. Era jueves, 15 de diciembre.

La temperatura rozaba el punto de congelación, y un único vehículo del CICR — en el que se trasladaban Marianne Gasser, dos colegas del CICR y tres colegas de la Media Luna Roja Árabe Siria — avanzaba lentamente. Hacía seis meses que el CICR había ingresado por última vez en Alepo oriental. Se dirigían hacia lo desconocido.

“Era un mar de escombros, edificios derrumbados y automóviles quemados. Existía el peligro latente tanto de las minas como de los artefactos sin estallar. Tuvimos que salir del automóvil y agitar la bandera para que todos supieran quiénes éramos. A los pocos minutos, tuvimos que detenernos. El camino era intransitable. Hubo que traer una topadora para abrir paso. Perdimos una hora.”

Con el camino allanado, el vehículo ingresó, finalmente, en Alepo oriental.

Los niños

“Fue una de las imágenes más conmovedoras que jamás había visto. Miles de personas — sobre todo, mujeres y niños — aguardaban ser evacuadas. Muchas de ellas vestían harapos y llevaban valijas, mochilas y bolsas viejas. Se veían perturbadas. El agotamiento, el miedo, la ansiedad y la esperanza estaban grabados en sus rostros. Y a su alrededor, la destrucción era inconmensurable.”

“Cuando salimos del automóvil, apenas pudimos movernos. Estaba repleto. ¿Cómo se las habían arreglado esas personas para vivir en semejantes condiciones de privación durante tanto tiempo? Parecía el fin del mundo.”

Mientras el equipo del CICR y de la Media Luna Roja Árabe Siria evaluaba la situación, veinte autobuses verdes y diez ambulancias partieron a su encuentro, listos para transportar a quienes estaban a la espera.

Personal del ejército ruso tuvo que quitar tres minas antitanque que habían sido colocadas en el camino.

“Había personas en silla de rueda. Una de las sillas solo tenía tres ruedas, con lo cual, para avanzar por el suelo roto, había que empujarla y arrastrarla. La escena era desgarradora. Después, comenzó a llover.”

“Había tantos niños. Muchos de ellos no llegaban a los diez años. Casi ninguno llevaba ropa abrigada. Estaban en silencio, no emitían sonidos, no sonreían. Ni siquiera lloraban. Sus rostros carecían de expresión.”

Más adelante, Avril Patterson, coordinadora de salud del CICR, quien también se encontraba en Alepo, presenció lo mismo.

“Había tantos niños. Y muchos de ellos estaban en silencio. No es normal. Deberían haber estado gritando, quejándose del frío o del hambre que estaban padeciendo. No se comportaban como niños. Se advierte una diferencia en esos seres humanos: las personas sitiadas tienen un aspecto particular. Se observa la palidez, el color de la piel”, afirmó.

Primer convoy

Cerca de las 14:30, bajo la atenta mirada de la televisión en vivo, los veinte autobuses verdes y trece ambulancias — tres de las cuales eran locales — abandonaban Alepo oriental lentamente y entre crujidos.

En un puente, a las afueras del enclave, las tropas rusas realizaron una inspección superficial de quienes abandonaban la ciudad, que consistió en mirar a través de las ventanas de los autobuses.

“La mayoría de las personas eran mujeres, niños y ancianos. No estaban necesariamente malnutridos, pero en sus miradas se palpaba la desesperanza”, dijo Ahmed Zaroug, otro empleado del CICR.

“Trataba de imaginar qué pensaría aquella anciana de Alepo oriental. Había vivido toda la vida en su hogar, en condiciones normales. Ahora tenía que partir con todas sus pertenencias en una bolsita. Al igual que ella, miles de personas tuvieron que partir.”

En el primer convoy, se evacuaron 1.013 personas, entre las cuales había 28 heridos, 678 adultos y 299 niños. Escoltadas por miembros del CICR y de la Media Luna Roja Árabe Siria, esas personas harían el viaje de 30 minutos hasta la zona rural de Alepo occidental controlada por la oposición y luego, tal vez, partirían hacia Idlib.

A pesar de las tensiones y de las preocupaciones iniciales, el primer convoy había resultado un éxito. Hacia las 16:20, el segundo convoy se disponía a ingresar en la ciudad a paso más acelerado.

Cada vez que un convoy llegaba al enclave, grandes cantidades de personas se agrupaban alrededor de los autobuses. Parecía como si todos quisieran abandonar la ciudad, por temor a que el acuerdo de alto el fuego se extinguiera en cualquier momento y reanudaran los enfrentamientos.

La Media Luna Roja Árabe Siria y el CICR hicieron todo lo que pudieron para controlar a la multitud. Existía la preocupación de que la situación pudiera desbordarse. Se decidió continuar trabajando durante la noche. Los convoyes seguían desplazándose inmersos en un frío implacable.

Suspensión

Para el segundo día, doce convoyes habían realizado el viaje. Ahora había automóviles particulares que se sumaban al éxodo. Ocho mil personas habían abandonado la ciudad rumbo al territorio controlado por la oposición.

Fue entonces que todo se tiñó de incertidumbre. De repente, se obstaculizó la salida del decimotercer convoy.

Según la señora Gasser, “era evidente que el problema obedecía a las evacuaciones simultáneas realizadas en las ciudades de Foua y Kefraya”.

Los habitantes de Foua y de Kefraya querían partir hacia el territorio controlado por el Gobierno, pero fueron detenidos por grupos de oposición armados. El CICR no había participado en las evacuaciones de las otras ciudades, pero ahora estaba estrechamente ligado a las evacuaciones de Alepo.

La noche había caído, y cientos de personas permanecían demoradas en los autobuses, en tierra de nadie. Se intentó acercarles alimentos, agua y acceso a “baños”. Pero fue en vano.

Las tensiones fueron en aumento. El estancamiento continuó dos días. Durante la tarde del cuarto día, varios autobuses fueron atacados e incendiados cerca de Foua y Kefraya. La situación se estaba tornando aún más peligrosa y compleja. Miles de vidas pendían de un hilo.

Había una marcada presencia de fuerzas rusas, sirias y, ahora también, iraníes, desplegadas en el terreno, en las inmediaciones de Alepo oriental. Miles de combatientes de la oposición permanecieron en Alepo oriental.

Mientras tanto, las negociaciones entre las diferentes partes continuaban. El 18 de diciembre, en medio del temor, llegó una noticia positiva. Una mujer que estaba en fecha dar a luz había tenido a su bebé en una de las ambulancias de la Media Luna Roja Árabe Siria, en Alepo oriental. El bebé sobrevivió, al igual que la madre. Cuando se retomó la operación, se los trasladó en uno de los autobuses. El nacimiento tuvo lugar en tierra de nadie.

Además, existía un temor genuino de que toda la operación tuviera que ser cancelada.

Las complejas negociaciones, que involucraban a las partes, siguieron adelante. ¿Cuántas personas y autobuses podrían abandonar un lugar antes de que sus contrapartes pudieran abandonar otro lugar?

Finalmente, se llegó a un nuevo acuerdo. Cerca de las 23:30 del domingo, 18 de diciembre — cuarto día — , los autobuses pusieron en marcha los motores nuevamente. La evacuación continuaría durante cuatro días más. “Fue un alivio increíble que pudiera reanudar la operación”, dijo Marianne Gasser.

Sonrisas

Una inmensa multitud se había concentrado en el punto de embarque, en Alepo oriental. Parecía que todos querían irse mientras pudieran. Uno tras otro, los convoyes partían de Alepo oriental.

“Era maravilloso ver los rostros de las personas que estaban en los autobuses o en automóviles viejos. Saludaban con las manos y sonreían. En sus miradas, se veía alivio”.

“Muchas de ellas pensaban que morirían o terminarían heridas si permanecían en Alepo oriental y los enfrentamientos recomenzaban”, relató Marianne Gasser.

Hacia el martes, 21 de diciembre — séptimo día de evacuación — , comenzó a nevar intensamente. Las temperaturas oscilaban los -5 ºC. Las condiciones empeoraban. Alepo oriental y sus escombros habían quedado cubiertos por un manto de blancura impoluta, una grotesca ironía si se tiene en cuenta el horror que imperaba.

Muchos automóviles viejos se averiaban en el camino cuando abandonaban Alepo oriental, y sus ocupantes los empujaban y los jalaban para que volvieran a funcionar. Para ese entonces, muchos combatientes se estaban yendo. Había una sensación de premura.

“Nuestra prioridad, además de asistir a las personas más vulnerables, fue que la población civil pudiera irse por su propia voluntad”, afirmó Marianne Gasser.

“Son comunidades cuyos vecindarios habían quedado devastados por la violencia. Familias enteras habían luchado durante meses para tener acceso a seguridad, alimentos, asistencia médica y refugio. Parecían desesperados por irse, pese al sufrimiento adicional que ello pudiera causar.”

No se ha terminado

En una operación digna de destacar, en la que participaron más de 100 colaboradores del CICR y de la Media Luna Roja Árabe Siria, trabajando día y noche en condiciones sumamente adversas, más de 35.000 personas fueron evacuadas de Alepo oriental en ocho días. Además, 1.200 personas fueron evacuadas de Foua y de Kefraya como parte de una operación coordinada. En todas las personas, sin excepción, se veía lo mismo: una mezcla de agotamiento, ansiedad y esperanza.

“La población civil que decidió irse debe poder volver a sus casas cuando lo desee”, expresó la señora Gasser. “Algún día, muchos querrán regresar.”

“Pero la triste realidad es que la guerra en Siria aún no ha cesado. Durante los últimos seis años, he presenciado tanto sufrimiento en este hermoso país. En sus cortas vidas, los niños de menos de seis años no conocen otra cosa que no sea la guerra. He visto tantos falsos amaneceres. Nosotros, desde el CICR y la Media Luna Roja Árabe Siria, continuaremos realizando nuestra labor. Solo espero que los políticos puedan encontrar una solución lo antes posible para poner fin a esta pesadilla que afecta a tantas personas.”

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