Londres

Brixton Market, Electric Avenue

Tal día como ayer, en 2014, llegaba a Londres. Y dentro de dos semanas me marcharé. Me iré, además, en contra de mi voluntad. O casi. Es difícil de explicar, como todo en esta vida salvo las normas del Mus.

La cuestión es que me marcho. Y, como cuando lo dejas con esa pareja con la que estás muy bien pero por lo que sea no puede ser — joder, al final he logrado explicarlo-, voy a estar pensando en ella cada noche tonta. Y habrá muchas de estas hasta que comience la temporada NBA. Después será todo cerveza, twitter y asco. Asco del rico, del de mirar a tu alrededor, ver el caos generalizado, comprobar que te quedan dos horas para ir a trabajar, y pensar: “joder, soy asqueroso, pero ojalá vivir así siempre”. El problema es que dejarlo con tu pareja es más fácil; si la ruptura es amistosa siempre podéis seguir hablando cuando os echéis de menos, y si no lo es ahí está la opción de mear su coche.

Pero ¿qué coños haces cuando lo que echas de menos es la vida en una ciudad? Estoy hablando de si es una ruptura amistosa, siempre que me voy de Madrid encuentro una manera distinta de mostrarle mi desprecio como sumidero peninsular.

En mi caso, me he abierto este blog. Con un par de razones detrás.

  • La primera es la obvia, soltar morriña según la vaya sintiendo. Tengo la firme creencia de que si guardas las subnormalidad dentro de ti esta se acaba enquistando y puedes acabar votando a la derecha o haciéndote socio del Real Madrid, que en el fondo viene a ser lo mismo. Hablo de guardar opiniones y sensaciones, no sentimientos. Guardar los sentimientos para uno mismo y no hablar de cómo te sientes es la cosa más sana que puede hacer cualquier ser humano enfermo.
  • Ayudar a cualquiera que en algún momento de su vida tenga pensado mudarse a Londres. La idea es ir mezclando experiencias y opiniones en base a dichas experiencias — no puedo esperar a escribir una oda la cadena de pubs Wetherspoon, el mejor amigo de todos aquellos que tenemos aún menos escrúpulos que dinero.

En total han sido tres años viviendo en el Oeste y Sur, visitando y trabajando en el Centro, y bebiendo en el Norte y Este. Básicamente esas son las funciones principales de cada zona de Londres. Y si cambias cualquiera de las combinaciones acabarás miserable, pobre, o aburrido.

Tres años que no sé si han cumplido las expectativas que tenía cuando decidí mudarme aquí, la verdad es que no recuerdo demasiado bien por qué tomé esa decisión y dudo que cuando consiga hacer un esquema mental sincero de cómo acabé en Londres quiera compartirlo con nadie. Lo que sí puedo decir es que ha merecido la pena cada segundo aquí, cada amigo que he hecho aunque ya solo quede el primero y mejor que hice.

Porque esa es la peor parte de vivir en esta ciudad: que con el tiempo todo el mundo se acaba yendo a otros lugares o regresando a casa. Londres es una pareja curiosa, siempre abierta a nuevas oportunidades pero también puede cabrona, fría y calculadora. Durante estos tres años no sé a cuántas personas he visto marchar en busca de una más amable o de los mimos de la primera; hasta que ahora el que se marcha es el que nunca creí que quisiera hacerlo (y no lo hace): yo.