Patrick Rothfuss, rey de los procrastinadores

Son graciosas las casualidades que tiene la vida, si mi anterior entrada de Brandon Sanderson me llevó apenas una hora sacarla adelante, llevo atascado con esta sobre Patrick Rothfuss al menos un mes.

Todo este tiempo he estado engañándome, culpando de todo a la falta de tiempo o a mi manera de escribir — consistente en dar vueltas durante semanas a lo que quiero decir para luego acabar vomitándolo todo en media hora.

Por una cosa o por otra, la realidad es que si el artículo de Sanderson salió rápido, casi solo, a la manera que él publica los libros; este ha sido un parto tan doloroso como el de Carlos I — siempre me ha parecido gracioso que el nacimiento del que podemos considerar como primer rey de “España” tuviese lugar en un retrete.

Puede deberse a dos cosas: la ósmosis o la procrastinación. Teniendo en cuenta que ya usé la primera excusa hasta el hastío para justificar que estaba estudiando cuando bajaba con los apuntes a la sala común de la Hurtado para ver la NBA, igual va siendo hora de asumir que soy un procrastinador crónico.

Para aquellos que no estén familiarizados con este concepto, de entre las muchas definiciones que se le ha dado mi favorita es la que define procrastinar como la “acción de arruinar tu vida sin motivo aparente”.

Una más precisa y menos dramática sería “gastar el tiempo en chorradas mientras dejas para más tarde algo importante”. Sirva un ejemplo, todas esas veces que tuviste tres semanas para estudiar un examen y estuviste trece días viendo series mientras pensabas “mañana me pongo en serio”. O esos días que has quedado a las 20:00 y estás hasta las 19:50 leyendo sobre una teoría que afirma que los angloparlantes han perdido la palabra que usaban originalmente para denominar al oso.

Eran tan supersticiosos los anglosajones que pensaban que nombrar una cosa tenía el poder de convocarla, por lo que siempre se referían al oso como el “marrón” (“brown one”). Al parecer, hicieron esto durante tanto tiempo que el nombre original se perdió y lo que nos ha quedado, “bear”, es una derivación de ese eufemismo.

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Más valioso el baúl que lo que esconde

Toda esta introducción tiene un sentido, y antes de que te quejes de que es demasiado larga te recuerdo que el escritor ha definido sus tres primeros libros como “un prólogo de un millón de palabras”.

Cuando Patrick Rothfuss publicó su primera novela, “El nombre del viento”, y esta se convirtió en un éxito, el escritor de Wisconsin se vino muy arriba e hizo unas declaraciones que le siguen persiguiendo a día de hoy.

No solo aseguró que no tendría a sus lectores esperando durante años su siguiente novela, sino que dijo tener acabada la trilogía que conforma La crónica del asesino de reyes” desde antes de la publicación del primer libro. De hecho, el proyecto originalmente era un solo libro titulado “The Song of Flame and Thunder” y la decisión de dividirlo en tres tomos fue de la única editorial que no lo rechazó.

El nombre del viento” se publicó en 2007, su segunda parte “El temor de un hombre sabio” no vería la luz hasta 2011 y en abril de 2019 sus lectores se dividen entre los que siguen esperando ansiosos el lanzamiento de “Las puertas de piedra” y aquellos que cabreados ya sudan de lo que le pase a Kvothe.

Entre los seis millones de razones que ha dado el escritor para hacer aquello a lo que tiene todo el derecho, acabar su saga cuando le salga de los cojones, mi favorita es una frase que dijo haber escuchado a Robert Jordan tiempo ha: “solo lo publicarás tarde una vez pero mal siempre”.

Creo que todos podemos llegar a ponernos de acuerdo en que los doce años que han pasado desde la publicación de su primer libro son un tiempo más que suficiente para finalizar una trilogía. Sobre todo si tenemos en cuenta dos hechos como que a/J. K. Rowling apenas necesitó 10 años para sacar los siete tomos que conforman la serie de Harry Potter y b/ ¡Ya estaba todo escrito!

Para tratar de explicar esto, sus lectores se suelen dividir en los anteriormente mencionados:

  • Los que son más pacientes justifican su demora en lo perfeccionista que es. Explican que unos libros de esta calidad literaria no son fáciles de escribir o, quizás, al tratarse de una obra que empezó en la Universidad, ya no es esa persona y está adaptando la obra a su visión actual del mundo, a lo que quiere contar a día de hoy.
  • Los menos pacientes, por otro lado, suelen argumentar que ahora que está podrido de dinero lo que menos le apetece es someterse al trance de escribir o corregir lo escrito. O, quizás, está más interesado en llevar su obra a medios más lucrativos como el cine, la televisión o el videojuego — en los próximos 12 meses saldrán productos firmados por Rothfuss en al menos dos de los tres medios citados.

Particularmente, pienso que no es que quiera pulir cada detalle, ni tampoco es que esté nadando en una piscina de oro y lo que menos le apetezca sea joderse la espalda y el coco durante un año para acabar su obra.

Simplemente, él ya lo hizo: terminó su obra hace doce años. Todo lo que debería hacer ahora es sentarse y corregirla, volver atrás a esas escenas que él ya sabe que no han quedado redondas, a esa frase que no le acababa de sonar del todo bien.

No es tanto trabajo, no es empezar de cero, ¿qué puede llevarme? ¿Un par de meses? Va, acabo esta acción benéfica y me pongo; no, mejor en otoño que en verano da pereza con el calor; no, en año nuevo que es una cifra redonda. Y así, el puto baúl sigue sin abrirse.

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El poder de las palabras

Si nos vamos a lo meramente literario, he de reconocer que tengo una relación bastante extraña con la obra de Patrick Rothfuss.

Por un lado, soy un ávido lector de sus libros. Los leo como bebo la primera cerveza de una tarde calurosa. Empiezo a lo burro, con un gran trago, quiero despreocuparme de todo y simplemente dejarme llevar por la prosa de un tarado que escribe como los ángeles. Luego me doy cuenta de que la jarra no es infinita y saboreo cada sorbo, buscando alargar la experiencia lo máximo posible.

Por el otro, es imposible dejar a un lado que si bien el continente es precioso, el contenido es francamente parco. Es mucho más interesante cómo está escrita la historia que aquello que está ocurriendo en la misma.

Esto no se debe solo a la crítica más habitual que hacen los detractores de sus libros: pasan tan pocas cosas que resultan aburridos, sino que la historia en sí no tiene nada de original.

  • Kvothe, el protagonista, es un Gary Stue tan evidente que la primera vez que te interesas por el autor tras haber comenzado o leído su obra es difícil no sonrojarse.
  • El worldbuilding es de Literatura Fantástica 101: sociedad medieval y religión que es cristianismo-pero-no.
  • Aún no entiendo cómo los herederos de Ursula K. Leguin no le han denunciado por la Simpatía (el sistema de magia).

Joder, si hasta la historia comienza en una posada en un mundo que acaba de sufrir un cataclismo.

Si con todos estos clichés clásicos del género, y la ya comentada lentitud del autor para publicar material nuevo, la “Crónica del asesino de reyes” es una de las más respetadas y releídas por el público: imaginen cómo de bien escrita está.

El estilo de Rothfuss es a la vez sencillo y elaborado, es difícil encontrar una frase que habrías formulado de otra manera y parece natural la manera en la que un párrafo sucede al siguiente.

De la misma manera que no puedo ni quiero intentar describir cómo era comer el cocido hecho por mi abuela tampoco voy a contaros cómo de prestosa es la experiencia de leer al de Wisconsin. Tendréis que confiar en mi palabra… o poneros a leer de una vez.

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Nunca es fácil acabar

Tras la publicación de “El temor de un hombre sabio” llevamos dos tercios de la historia a nuestras espaldas y tampoco es que haya ocurrido mucha hostia. Especialmente si tenemos en cuenta el género.

Es más, si analizamos cada libro de manera individual, tampoco se puede deducir que el tercero vaya a ser un despiporre de acción y tramas concluyendo. No me malinterpretes, puede pasar pero lo publicado hasta la fecha no puede darte la idea ni mucho menos prometerte que esto vaya a pasar.

Como narraba al principio de este artículo, Rothfuss se ha referido a su obra en muchas ocasiones como un prólogo de un millón de palabras. De acuerdo a esto, en la “Crónica del asesino de reyes” simplemente nos está narrando cómo Kvothe la lió pardísima y la verdadera historia empiece tras “Las puerta de piedra”.

Cómo reaccionarían sus lectores ante un libro no conclusivo tras casi diez años esperándolo es algo que puede acojonar al más pintado.

Sobre todo si miramos las respuestas a sus tweets diciendo que va a echar unas partidas al League of Legends…o a cualquier cosa que diga/haga George R. R. Martin.

A lot of times… well, I feel like I am not a very good author. Don´t get me wrong, I know I´m good at putting words together. I´m good at telling stories. But I also know I am kinda shit at doing those things on a consistent schedule. To put it differently: I am pretty godd at writing, but I am not very good at being a writer

Todo lo que hago es una copia de Nick Hornby y Bill Simmons. Camarada fundador de 'El Despacho' (@DespachoCeltics ) Allons-y javier@despachoceltics.com

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