Marcaron las 8 y la noche se había asomado en frente de tanta gente, no tenía miedo de subir, pero si dónde yo iba parar! Asomada por la ventana, disfrutaba lo sencillo que era amar lo natural, cuanto amor encontré entre las montañas, puesto el sol encima, estaban las nubes bajando a darme una segunda versión de lo que se llama amar.
Se ilumino mi cielo con estrellas, con grandes nombres cante a viva voz, que había venido de tan lejos para descubrir la desnudez de la vida.
Tocaron mis hombres, no conocía de él, tampoco sabía su pasado, ni cual sería su presente, tan sólo extendí mi mano y nunca más me soltó.
El tren me daba aviso que pronto llegaría a mi parada, estaba en frente de lo que sería amar a quien no conoces y vivir donde nunca viviste.

Aquí me quede, viviendo de cerca, amando a los lejos y enamorandome de cerca.

Moni - Café con Chocolate

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“Una mujer de Dios no cuesta trabajo, cuesta una vida”