El país del mame.

Vives ahí y no te habías dado cuenta

Por Carlos Espinosa.


Recientemente tuve la idea de preguntar a mi círculo más cercano de amigos su opinión acerca de la corrupción. Como es de esperar, siempre que abordas temas como política y religión, es muy difícil llegar a conclusiones objetivas más allá de la postura personal de quien opina, y sólo se logran destacar algunas pequeñas generalidades que surgen al interior del grupo que charla.

Fue hasta después de varios minutos y un par de tragos, que la única generalidad a la que pudimos llegar, y seguramente como tú también opinas, es que la corrupción afecta mucho al mundo; daña nuestra imagen y es el cáncer que nos mantiene en el subdesarrollo como país. A decir verdad, al día de hoy no he conocido en persona a alguien que me diga que está 100% a favor de la corrupción, o que está a favor de un gobierno corrupto. Probablemente sea porque alguien que se beneficia de ello jamás estaría charlando con alguien como yo; sea cual sea el caso, hacia el final de la reunión, el sentir de todos los asistentes fue un profundo desprecio por ella.

Sólo para su tranquilidad, mi sentir es igual, un profundo repudio, sin embargo, en contraste con lo anterior, nos fue imposible encontrar una generalidad cuando luego de concluir que la corrupción es mala, tratamos de jerarquizarla en función de otros males que acogen a la sociedad mexicana.

Me sorprendieron bastante los matices de las opiniones, y sin duda aprendí mucho sobre la escala de valores que la gente maneja. Por ejemplo, escuché que algunos ponían a la pobreza o la desigualdad de género como algo aún más grave. Yo Insisto, y no me mal entiendan, que al final todo lo que se les venga a la mente nos afecta y no descarto nada, pero entiéndanme cuando les digo que como cualquier soldado desde su trinchera, sé que la gente enumera de mayor a menor los diferentes males en función de cómo los ha vivido, o cuánto los ha sufrido. Y que en el mejor de los casos, si no ha padecido de ellos, aún así se puede tener la empatía y habilidad de jerarquizarlos en relación a lo que el intelecto permite imaginar sobre cómo se supone es una buena sociedad.

Cuando llegó el turno de expresar mi jerarquía, fui visto con ojos de extrañeza cuando me referí al mame como algo aún más dañino para la sociedad mexicana que la corrupción misma, y sobre esto, antes de que se pongan a despotricar contra mi integridad intelectual, permitan que me explique.

Como emprendedor, mi círculo de información se ha visto bastante acotado desde 2008, y pese a lo que muchos podrían pensar que los startuperos estamos al día en gadgets, tecnología, negocios, dinero, política, deportes, juegos de video, farándula, promociones, nine gag, memes, etc., déjenme decirles que no, o al menos no todos, y definitivamente no yo. Sin embargo, me he metido mucho a estudiar y analizar el ecosistema emprendedor (término súper mamador que no soy el único que lo odia), y a muchos de sus integrantes como startups, aceleradoras, modelos de negocio e innovación, etcétera; he añadido a mi estudio, encuentros cara a cara con quien está directamente involucrado, lecturas bastante enriquecedoras, y de vez en vez (sinceramente), asistiendo a eventos del medio. Además, como cofundador del espacio de coworking más viejo en el país a la fecha, he estado con la cara metida en el lodo desde que todo comenzó, y desde mucho antes que el boom del emprendimiento explotara y fuera lo que es hoy.

Por si fuera poco, he tenido que evangelizar en México sobre temas como coworking y comunidad, sobre el verdadero significado de freelancear y más aún, sobre cómo esto es más un estilo de vida que una forma de hacerse millonario, con todo y el infinito número de matices que estas tres líneas de acción implican, sigo aprendiendo día con día sobre el tema. Todo lo anterior me ha permitido estar en contacto con la gente, con el emprendedor, hombro a hombro con ellos, y verlos sufrir lo mismo que yo he sufrido en mayor o menor medida. Me he vuelto empático sobre sus verdaderas necesidades, y he aprendido a diferenciar al soñador del guerrero, al creativo, al innovador y por supuesto, me he vuelto experto en diferenciarlos del mamador promedio.

Para no desviarme tanto, solo diré que para efectos de lo que resta del post, me referiré al mame o mamador tal cual lo describe @lamataviejitas en su post sobre el tema. Habiendo aclarado lo anterior y retomando lo de la corrupción, no ahondaré en cuál era mi jerarquía completa de malestares sociales, pero sí diré que para mí, el mame está antes que la corrupción por la sencilla razón de que con la corrupción al menos las cosas se puede decir que pasan, ocurren, se hacen, ¡vamos! Las cosas suceden, y con el mame no pasa esto. Ya sea una lana para otorgar un permiso de construcción, para no pagar una multa de tránsito y seguir el trayecto, o sólo para obtener más rápido un documento, la corrupción PERMITE continuar (en un sentido muy primitivo), permite que el ciclo no se detenga y se complete un indefinido número de veces, logrando con esto que algunos se beneficien de forma muy legal, o quizás de forma aún más ilegal. Por ahora basta con enfocarnos en las cosas y no en su valor moral.

Por ejemplo, si el permiso de construcción del que hablaba antes termina dañando un inmueble, o la calle se hunde y rompe una tubería que alimentaba de agua a toda la colonia, eso ya será un problema ulterior, y procederán las debidas consecuencias, o quizás no y nuevamente empiece un ciclo, sin embargo, con el mame no pasa ni daño, ni construcción, ni ciclo, ni nada.

Podría parecer muy trivial y hasta tonto el ejemplo, pero volviendo al edificio, los trabajadores cobran sueldo, se compra material, se pagan servicios y el ciclo económico no se frena, hay circulante en el mercado y se logran un determinado número de interacciones. Por tal motivo, existen efectos positivos de que las cosas pasen. Algunas incluso podrían no ser de naturaleza perjudicial, por ejemplo, que obtengas una licencia de alimentos más rápido y te pongas a trabajar de forma honrada y noble en una esquina o en un local.

Debemos entender que no todo lo que se obtiene con la corrupción es enteramente malo o dañino, y vuelvo al ejemplo del edificio: imaginen que está operando fuera de toda legalidad, pero un trabajador puede enviar a la escuela a su hijo gracias al sueldo que gana ahí, debemos cuestionarnos, ¿tal niño debe dejar de ir a la escuela porque el origen del recurso está manchado de corrupción?, quizás hasta es válido preguntarnos si nosotros mismos no hemos recibido ingresos o beneficios por actos de corrupción o impunidad, como los conciertos tan divertidos a los que vamos sin saber si todo fue organizado legalmente; nosotros compramos de forma legal un boleto sin saber si con una lana se dejó de lado una multa por daño ecológico, o simplemente si para la venta de bebidas el permiso se tramitó con una mordida.

Mi insistencia con el mame durante la charla es que no sólo es engañoso, sino que nos mantiene aletargados en el tiempo, atrapados en otra dimensión en espera de ser rescatados, una dimensión en la que se dice mucho, se crea demasiada expectativa y al final se hace muy poco, hay quejas y quejas sobre todos los temas pero no se mueve un solo dedo, y al final no se genera bienestar y solo se distrae la atención de las cosas importantes que son: hacer, crear, inventar, desarrollar o mejorar.

El mame nos da el derecho de hacer de cualquier tema una burbuja gigante llena de nada, deslumbrar a medio mundo con nuestra fluidez sobre el tema sin realmente hacer nada, de vanagloriarnos con nuestras experiencias sin proponer soluciones, y sobre todo, hacernos llamar mentors, expertos y ninjas acerca de todo sólo por abusar del arte del mame sobre un tema.

El mame frena todo y crea la ilusión de que las cosas avanzarán repentinamente, pero como dije antes, sólo es una ilusión, un espejismo, un cuento de hadas. Lo lamento, sólo soy del tipo de ser humano que odia la charlatanería y que prefiere por sobre todas las cosas, acciones y no palabras.

Si no me creen, den una vuelta por las redes sociales y verán a que me refiero, encontrarán un sin número de cuentas que ¡Dios!, solo se la pasan mamando sobre varios temas sin aportar soluciones, sin que su día a día refleje acciones orientadas a resolver los malestares por los cuales maman, o peor aún, cuentas que maman de todo lo que es trendy con una pequeña noción sobre el tema. Son las personas que se autodenominan influencers y maman 24/7/365 sobre todo lo que el viento traiga: música, accidentes, tráfico, festivales, arte, comida y ahora, hasta sobre el emprendimiento, la innovación y los modelos de negocio. ¡Puuuta!, No hace falta ir más lejos para descubrir tristemente que el grueso del usuario mexicano es un mamador causando maremotos de información que no conducen a nada.

Uno descubre rápidamente que son gente que en la mayoría de los casos no hace, no crea, y súper importante, sus acciones no monetizan. Son veletas, de evento en evento, de pitch en pitch sin nada que ofrecer, pero sí mucho que mamar. La falta de estructura delata al mamador, es muy común notar que no tienen o pueden obtener algo más allá de una cuenta en twitter o facebook, y siempre quieren todo regalado, muestras, productos, entradas. Se denominan testers y pagan con tweets.

Por eso mi recomendación, al mamador promedio dale por su lado y déjalo pasar por la derecha. Siempre es mejor HACER que solo estar diciendo cómo se hace esto o aquello. Si es inevitable tener que tratar al mamador, solo digan frases como ¡qué interesante lo que haces!, sí, ya había escuchado de eso en Zona Maco, o mi favorita: el otro día en el MUAC…, y frases por el estilo, después aplica la cortina de humo y sal corriendo de ahí.