La era de los imbéciles.

Las mujeres no pueden vivir con ellos, y tampoco sin ellos.

¡Hmmmmmm! los imbéciles; ¿qué sería del mundo sin ellos?, y es que todos los hombres somos un imbécil en potencia, no se engañen, simplemente está en nuestros genes, es instintivo, como reunirnos alrededor del fuego, cubrirnos cuando hay frío o ponernos en alerta al detectar malos olores.

El problema de la era moderna es que censura esa parte de nosotros y nos obliga a disfrazarla, educarla y en el mejor de los casos, a casi suprimirla. Desafortunadamente es en estos supuestos que las mujeres tienen el mayor de los retos, ¿cómo poder identificarlos?

Para su fortuna hay muchos que lejos de disfrazarla, la decoran y le prenden luces y “foquitos tintineantes”, esos son los que brillan de imbéciles, esos se huelen a millas de distancia y tan sólo al hablar con ellos sabes que lo son. El problema es que las luces ciegan, deslumbran y confunden. He visto a mujeres bastante educadas, letradas y despiertas caer en las sombras por este efecto. He visto a las menos perspicaces y hábiles caer en estas trampas mucho más fácilmente, pero al final todas caen. Esto es en específico la contraparte del problema, que si bien está en nuestra naturaleza ser imbéciles, también está en la suya caer fácilmente en este juego, los puntos más débiles que les juegan en contra son:

1. El color es para ustedes lo que para nosotros es el fuego.

Escena de la película “Naufrago” de Robert Zemeckis, Año 2000

Simplemente les llama, nosotros vemos fuego o un asador de carne y nos colocamos en torno al mismo, nos quedamos viendo las flamas y sus formas bailar, vemos los carbones prender y crujir; podemos estar así horas sin decir una sola palabra, sonreímos cuando se aviva el fuego, cuando crece por momentos y sentimos nostalgia al verlo morir, así es el hombre, es primitivo. En su caso, ustedes tienen el mismo comportamiento ante lo que brilla, y aunque como dice la abuela: “no todo lo que brilla es oro”, dejarían de ser humanas si no creyeran que la abuela está pasada de moda, o pensaran que el chavo con el que están es la gloriosa y presumible excepción a esta regla. Como dije antes: hemos tenido que aprender a disfrazarla y en algunos casos suprimirla, pero ello no quiere decir que en el fondo el imbécil en potencia no se encuentra preso esperando fugarse o que no dejó descendencia. ¿Te suena familiar la frase?: “cuando éramos novios él no era así”…pues ahí tienes.

Lamentablemente la triste realidad que debemos afrontar es que entre más vistoso es el plumaje o lo que sea que te haya llamado la atención de tu imbécil, personalidad, trabajo, físico, etc., etc., etc….más posibilidades hay de que vayas “pendejamente” hipnotizada a estrellarte a 100 km/hr hacia tu perdición, de ahí que los colores llamativos, brillantes o “tintineantes” te llamen, sientas que no puedes dejar de ver (aunque técnicamente no puedes ver), y a eso a es a lo que se le llama “fuerza de la naturaleza”, no puedes evitarla ni pelear contra ella. Siempre que pelees contra tu naturaleza perderás.

2. No están alerta del entorno.

Un “machín” alfa-lomo plateado-maestro de ceremonias-domador de leones ve un barrio “culero” y está alerta, los hombres vamos caminando por la calle y estamos a las vivas de quien viene atrás, de que no las vean feo sin regresar la mirada, al manejar vamos con un ojo al frente y otro atrás al mismo tiempo que vamos al pendiente de ustedes, del outfit, del móvil, de dónde hay una gas, de dónde podemos comer si se ofrece y cómo estará el tráfico de regreso, a cuánto está el dólar y del meme de la semana. Está en nuestra naturaleza manejar los entornos como tableros de juego, somos depredadores y manejamos una serie de datos que nos ayudan a movernos dentro de los límites de dicho tablero. Si vemos un claro en un campo no pensamos: “atravesemos por aquí”, ¡nel!, nosotros vemos a todos lados y clavamos la mirada en los matorrales alrededor, porque ahí es donde nos esconderíamos y de ahí puede provenir el peligro. Estamos diseñados para pensar estratégicamente como protegernos y ocultarnos para cazar, nosotros rodeamos el claro para que nadie nos vea. No nos pueden pedir a los hombres manejar cosas más complejas como pagar a tiempo el gas, diferenciar entre epazote y cilantro o recordar traer papel de baño “acolchadito” porque son datos que para el fin de depredar no nos sirven de nada; recordar qué dijiste media hora atrás es un martirio porque en otra época eso se habría arreglado de forma carnal, para bien o para mal.

Ustedes no, ustedes no manejan el entorno así, ustedes ven el claro y quieren estar en el centro, lo atraviesan porque es la ruta más corta o porque está “despejado”. En las ciudades no hay claros pero hay bares, y en un antro / bar quieren estar visibles, en la pista o la barra porque para eso se arreglaron ¡bien pistola!, donde luzcan lo “tintineante” de sus accesorios y donde puedan ver lo que “tintinea”, es decir, el brillo de los imbéciles. Cuando salen con un “machín” ustedes “se dejan”, confiando que el chavo se sabe orientar, se agarran de su brazo y ¡pum!, dejan de mirar medianamente el entorno y confían ciegamente en la movilidad del tipo. Se exponen al peligro ustedes solitas, de dejan ir rodeando, cercando, los hombres aprietan más el nudo y ustedes solo se cruzan de brazos. Como no manejan su entorno como nosotros, su mente no sabe como salir de apuros al verse rodeada de imbéciles y simplemente bajan la guardia, en parte por los colores “tintineantes” que “apendejan”, y en parte porque pues ya están cercadas. Son ese pequeño ciervo que ya cayó en la trampa y solo se recuesta a esperar su muerte.

Claramente no hablo en sentido literal, sino nada más gritas y alguien la hará de pedo (¡espero!), me refiero a que el “machín” trabaja en grupo con todos sus sentidos, mientras tu atención está en una cosa, un brazo está lentamente rodeando tu flanco y la pierna ya dio un paso más, te va invadiendo hasta el punto en que cuando menos ves, ya está encima de ti; tú piensas: ¿Cómo pasó esto?, pero la única respuesta que tu cabeza puede procesar es que de alguna extraña forma esto es “normal”, y que ya que estás aquí pues a lo que sigue. La frialdad de analizar el entorno te vuelve mesurada pero al mismo tiempo te aísla y te segrega de la manada por lo que ni madres: “antes muerta que sencilla”.

3. Somos víctimas del olor.

Así es, ambos por igual, hombres y mujeres somos víctimas de los olores. Para bien o para mal este es un tema en el que no hay mucho que decir. Los olores nos guían, nos ponen alerta, nos encantan y también distraen nuestra atención de todo cuanto deberíamos estar analizando a nuestro alrededor. Sólo que a diferencia de ustedes, a nosotros el olor nos invita a matar, a depredar y engullir. En el caso opuesto nos hace correr de ahí, si no es físicamente al menos sí mentalmente ya estamos muy lejos de ahí, es decir, muy lejos de donde tú probablemente quisieras que estuviéramos. En el caso de las chicas, el olor las invita a quedarse, a acurrucarte en el regazo del asesino y esperar ingenuamente que la clemencia sea un valor íntimamente ligado al chico en cuestión. Como dije, lo disfrazamos, lo fingimos, lo suprimimos pero al final está en la sangre.


Escena de “Batman el caballero de la noche” de Christopher Nolan, Año 2008

Sé que defenderás lo indefendible como el hecho de que conoces a las honrosas excepciones, y sí, quizás lo parezcan, en verdad te creo sinceramente y de corazón deseo que así sea. Aunque, partiendo del punto de que “no es lo mismo que lo mesmo”, el hecho de que existan hombres con niveles increíblemente altos y casi inhumanos de tolerancia a la frustración o de tolerancia a seguir el instinto, no significa que jamás obedezcan al mismo. En palabras planas de mi gran amigo el Joker de Christopher Nolan: “Déjalo sin comida y verás que tan fiel es un perro hambriento”.