La fuente de la inspiración.

Nunca he sido el ávido lector que me gustaría ser, a decir verdad sólo me acerco a los libros por periodos; algunos más largos que otros. Me considero alguien más empírico, un hombre que observa la realidad del mundo, sus detalles, el comportamiento de la gente y el rumbo que toman las cosas, siempre en búsqueda de ese tan doloroso conocimiento que trae consigo la experiencia.

Es sólo que en ocasiones, llega un punto en el que la realidad ya no basta para inspirarse y detonar la generación de nuevas ideas.

Es entonces que vuelvo a los libros, sus historias y relatos siempre me han ayudado a activar nuevamente mi capacidad deductiva y refrescar mi imaginación. Me es delicioso intentar intuir la experiencia y emociones del autor en el preciso momento en que escribía. Es entonces que mi cabeza se torna en un torbellino de nuevas ideas y pensamientos sin control.

Por eso, cuando sientas ese bloqueo creativo y necesites de vuelta esa chispa, toma un libro y lee; busca inspiración en la arquitectura de las palabras, en su ritmo, que como el jadeo de una mujer al hacer el amor, puede ser muy armónico, tierno, cadencial, grave o muy estruendoso, capaz de llevarte a lugares lejanos y momentos en el tiempo.

Quizás lo que intento decir es que cuando necesites inspiración y nuevas ideas, mejor hagas el amor.