La venda de los ojos.

El fin empezó hace muchos años

Quiero parecer uno de esos tipos de la calle con un letrero de cartón que dice, “el fin está cerca”, quiero sonar lo más drástico y apocalíptico posible al decir que el mundo no va a durar para siempre y así generar en ti una ansiedad tan grande, que al beber el próximo vaso con agua no puedas escapar a esa sensación de que será el último en tu vida.

No es que me importe un bledo el planeta, sólo sé que ya está perdido desde hace décadas cuando decidimos que el dinero valía más que el futuro; ¿y quién puede culparlos?, después de todo, de qué sirve ganar dinero si no puedes gastarlo en todos esos pequeños y grandes detalles que la vida tiene preparados para ti dentro de un mercado en el que todo está a la venta; hasta el amor. Si yo hubiera estado en el lugar en el que está mucha gente estúpidamente rica, es 110% seguro que habría hecho lo mismo que ellos, probablemente más.

El punto es que no estoy ahí, no tuve tal suerte o dicha; probablemente me salvé de tal martirio, aunque no lo creo, es ser tontamente positivo decir que eso habría sido una mala experiencia. Y es que por más superficial que suene, por mucho que te importe salvar a las tortugas y disminuir tu consumo de plástico, tu existencia y la mía sencillamente están de más, son una trivialidad para lo que es el concepto de futuro per se. Y si eres de los que cree que el haber estudiado ciencias de la tierra, biología o veterinaria te hace un ser humano más valioso para este planeta, me das más lástima aún. El mundo no elegirá a los más listos, ni a los que hayan separado su basura, hayan ido a limpiar playas o sean maestros en una escuela rural; tampoco librará a muchos ricos que ni con todos sus millones pueden comprar un hígado nuevo o curarse el VIH; no salvará a las modelos de pasarelas o a las estrellas de cine. No te salvará a ti, como tampoco me salvará a mí.

Nuestro destino está fuertemente ligado al azar, y como tal, la selección será justa en algunos casos, y muy pero muy injusta en otros. Pero no me crean a mí, tampoco hay que ir muy lejos para notar que el mundo es así de irónico, divertido sin duda, pero muy incongruente la mayor parte del tiempo.

“Aún cuando sabe que la fiesta va a terminar, te sigue poniendo música de moda, y tú sigues bailando como loc@”

No importa cuantas noticias veamos sobre desastres naturales, injusticias sociales, especies en extinción y violaciones a los derechos humanos, vamos a las fiestas los fines de semana, a los conciertos, festivales y compramos boletos para el estreno de esa película de culto que habla sobre la vida en las “galaxias muy, muy lejanas”. Somos esa rana a la que gradualmente le subes la temperatura del agua hasta que muere hervida disfrutando el baño mientras se nos acaba el tiempo. El mundo grita ser salvado, pero al mismo tiempo, su mensaje nunca es demasiado duro ni demasiado estricto, es ambiguo y deja siempre la interrogante de sí lo que hacemos es suficiente. No te grita: ¡No, basta!, no te exige hacer más, no te dice que al seguir poniéndole gasolina a tu carro dejas de tener un respiro más de aire aunque en facebook compartas y compartas videos sobre cuidar el medio ambiente. No te dice que estás pagando tu estilo de vida con tu vida misma.

“No importa que ya hayas notado que el pavimento está mojado, siempre creerás que los frenos que tienes nunca fallarán, y que nadie en la carretera cometerá ningún error…al menos no mientras vas pasando”

Ya estás aquí, naciste y hay nada que hubieses podido hacer para evitarlo. Has aceptado que eres sólo un número y que tu sola presencia jode el mundo un poco más, decides entonces vivir de la mejor y más ejemplar manera para tratar de colonizar ese falaz equilibrio con la naturaleza que todo mundo se muere por presumir en Instagram. Aún así, con todo y tu práctica de yoga diaria, tu dieta vegana y esfuerzos por no dañar a los demás, sigues tomando decisiones erróneas en temas que consideras menos relevantes, temas en los que no ves que exista una correlación con aquello que has procurado salvaguardar y eliges opciones, personas y marcas que lo único que hacen es enturbiar todo lo bueno que has logrado filtrar hasta ahora, por lo cual también terminas pagando el precio.

Te preguntas por qué si te esfuerzas tanto por no dañar, resultas dañad@. La respuesta todos la conocemos, no escucharás nada nuevo de mí, la respuesta a esa interrogante siempre será, por tu culpa. El mundo no es una mierda alrededor de ti, el mundo ya es en sí una mierda. Deja de lado los increíbles paisajes que publican en Buzzfeed o en Genial, ese es el 1% del mundo real. Tu mundo y mi mundo están en un basurero público, en los botes detrás de un restaurante, en las plataformas petroleras, en las plazas a las que vas al cine; nuestro mundo, y no te engañes, está en la basura. Somos una plaga.

Y con respecto a todas esas otras decisiones a las que me referí antes, son en todos esos temas mundanos y transversales de nuestra vida, los amigos, el amor, la lealtad, el trabajo y la diversión. Sigues saliendo con imbéciles, lo cual les reafirma que hacen lo correcto y entonces más imbéciles se vuelven y más imbéciles se reproducen para joder al mundo. Desprecias personas con integridad y principios más duraderos que la vida que tenemos, con el potencial de hacer un cambio, de marcar la diferencia. Al final es el mundo el que paga tu falta de visión, paga tu incongruencia.

Eliges trabajos en empresas que destruyen el planeta más y más, te convences de que por fuera tú estás haciendo tu parte y compras tu mentira; las vuelves más competitivas con tu sudor, y le haces ganar a un empresario viejo miles de dólares que usa para consentir al hijo que es una mierda con las mujeres pues tiene poder, y que joderá el mundo por más años que su padre. No decides apoyar causas puras porque no pagan, tu elección de ayudar siempre está en función de cuánto dinero ganarás. Sí, así de incongruente eres. Eliges ir al Corona Capital porque te gusta un grupo u otro sin preocuparte el impacto ambiental y social del evento. Al final, compras y compras marcas que satisfacen tus caprichos egoístas porque crees que lo has ganado, que lo mereces, pero tu brújula de valores está tan desorientada como una mosca tratando de cruzar una ventana cerrada porque ¿sabes?…

Cada pequeña decisión que tomas, tiene un efecto devastador en el planeta. Por ello es que sólo tienes dos opciones: quedarte completamente quieto y replantear, es decir, actuar de forma coherente y volver a la raíz, al origen. O vivir como hasta ahora, feliz, pero aceptando que no proteges nada y que destruyes todo, sabiendo que estás de paso y que si la raza humana debe desaparecer, pues tu harás tu parte para que eso pase, es decir, consumirás todo cuanto puedas y arrasarás con todo en tu camino. Deja de engañarte y creer que ayudas, deja de pretender ser algo que jamás has sido, y que jamás serás. Al final mucho ayuda el que no estorba. Alctualmente no conozoco a alguien que no estorbe. Ni siquiera yo.

“Ahora sabes que los accidentes pueden ocurrir. Aún así, vuelves a manejar con el piso mojado y con lluvia intensa. ¡Total!, ahora tienes más experiencia”

Puedo resumir esto en ese viejo concepto de negocios tan común, y sin embargo tan desconocido llamado, “Optimismo ciego”. Básicamente, la gente jamás aprende, sólo intenta lo mismo una y otra vez esperando que las cosas sean diferentes con cada intento, justificándolo con el argumento de que ahora pueden identificar cuando las cosas se pondrían ponerse mal, pero no es así. No importa que tan mal nos vaya en la vida, siempre pensaremos que mágicamente las cosas se pondrán mejores. No se aprenden las lecciones, no se adquiere el sentido de la precaución o de la moderación, jamás se logra comprender la virtud del sacrifico y la pérdida. Yo aprendí eso de niño al iniciarme a los 5 años en el pocker con la familia; hoy sé que la suerte se mueve a la velocidad de la luz, y sé cuando retirarme del juego, es decir, cuando he ganado o perdido demasiado; y lo siento, pero tú no lo sabes, ustedes no lo saben, no fueron bendecidos con tal conocimiento porque dejaron ir la etapa de la verdadera inocencia sin aprender a perderlo todo y ver la esencia real de la pérdida, ver al vacío a la cara y abrazarlo como algo probable. Ustedes no saben arriesgar, por eso arriesgan cuando no deben y no se entregan cuando podrían ganarlo todo.

Mi abuela siempre dice: No importa cuanto te esfuerces por ser la excepción, terminas siendo la regla”. Quizás lo que intenta decirnos es que no importa cuanto intentes ser diferente a los demás, terminarás cayendo en otra sub clasificación de persona, es decir, como otros tantos bastardos, con más de esto, con más de aquello, pero un infeliz al final. No eres especial, y en palabras de Al Paccino, no eres la criatura especial de Dios. Tal vez Dios tiró los dados una vez de más, tal vez nos defraudó a todos.