Ese espacio perfecto. (Parte II)
Todo empezó.
De un momento a otro ya no eramos simples conocidas, eramos algo mas, eramos una pareja.
Las sonrisas, los besos y caricias se volvieron algo habitual. Cada vez que nos veíamos nos dedicamos de mínimo una sonrisa, sin necesidad de decir “esta sonrisa es para ti” la otra ya lo sabia.
Cada momento a solas era una oportunidad perfecta para conocernos mejor, para saber mas sobre lo que la otra guardaba dentro de si, ya sabes, esas cosas que no sueles contar a los demás por miedo al “que dirán”. Te conocí mejor, pero en ningún momento sentí que tuvieras algo de curiosidad por lo que soy… o fui, faltaron preguntas y por ende respuestas.
Te vi en tus momentos de debilidad y te apoye, te ayude a mantenerte de pie o a levantarte. Te escuche. Y cada cosa que pasaba solo hacia que te quisiera un poco mas, cada lagrima que corría por tu rostro solo me hacia querer cuidarte.
No necesitaba saber que te hacia sentir mal, solo quería acompañarte hasta que volvieras a poder sonreír.
Pero no basto.