Lo que hace un día de lluvia

Corríamos entre las calles mojadas,
nos encantaba el olor a pavimento mojado,
las gafas empapadas por el sudor y el agua,
nos encantaba no saber dónde ibamos a pisar;
no queriamos encontrar una esquina para refugiarnos,
queriamos seguir así,
empapados, perdidos y felices.

Queriamos seguir así, 
perdidos,
sin que nadie supiera dónde estabamos.
Queriamos seguir con los zapatos mojados, 
el cabello empapado y la ropa vuelta nada.

Dejó de llover poco a poco, 
ya era hora de terminar 
el juego y comenzar de nuevo.
Los primeros rayos de sol nos comenzaron a saludar 
y nosotros seguiamos empapados, pero felices.

Nadie en una vida entera nos dijo
que tocar fondo podía ser 
la mejor forma de comenzar; 
que la lluvia limpiaba nuestras desventuras
y que mandar todo al carajo 
era el camino directo para 
llegar al éxtasis.

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