Coraje

He pasado mucho tiempo pensando en esto. Probablemente más de lo que usualmente le dedicaría.

La verdad me quebré la cabeza por dos semanas antes de escribir lo que voy a escribir.

Si, tanto tiempo ha pasado.

Hoy quiero hablar sobre el valor de tener coraje. Para mi el coraje es algo que he llevado dentro desde niña y que he sacado dos o tres veces en mi vida. Mis amigos saben que soy una pobre pollita, incapaz de decirle a la gente las cosas en su cara o de luchar por lo que quiero. O eso es lo que la vida me ha hecho ser. Por lo menos hasta hace un año.

Hace un año, por fin rehice mi vida. Volví a vivir, dirían algunos. Los que me conocen saben que fue la finalización de un ciclo muy heavy y que realmente requirió todo el coraje que estuve acumulando durante meses para poder seguir adelante.

Superados estos procesos, se plantó una nueva yo. Una yo más feliz, más segura de si misma, más fuerte, yoista. Capaz de dejar ir lo que no le hacía bien, capaz de luchar por las cosas que creía correctas. Que creo correctas. Probablemente ha sido uno de los tramos más cuáticos de mi vida, porque ahora si tengo claro dónde va la micro y lo que quiero hacer con mi vida.

Creo que hay dos cosas que me han identificado totalmente este último año: ser transparente en cuánto a lo que siento y lo que mencioné hace unas líneas, luchar por las cosas que quiero.

Me la he jugado en varios aspectos. Aposté por un nuevo empleo en un lugar dónde me siento muy bien trabajando, aposté por nuevos amigos que me dan muchos momentos agradables. Ahora aposté por un nuevo hogar, que espero que me de lo que necesito: calma. Y se me ocurrió apostar por el amor.

Pensé que había dejado de lado ese punto, de verdad. Hasta que se me ocurrió apostar y que hubiera algo con alguien. Ahí me di cuenta de que todo el coraje que tengo no lo tiene otra persona. Ahí me di cuenta que el desapego es posible, que la mentira duele y que no tener el coraje de decir las cosas a la cara es una espina que yo no estoy dispuesta a cargar.

Creo que esta vez di más de lo que usualmente doy. De hecho me lo hizo notar. Probablemente creí que era todo color de rosa, cuándo habían mentiras antes, durante y después de finalizado este pequeño proceso de aprendizaje. Como mea culpa, nada fue perfecto, ni por su lado ni por el mío, pero creo que también tuve el coraje de pedir disculpas, y añadido a eso, de pedir respuestas.

Una amiga me dijo que nunca perdiera la capacidad de poder preguntar a otra persona cuándo me diera inseguridad un aspecto o quisiera corroborar algo. Ahora y aquí, haciendo un recuento: si, tiene razón. Es algo que nunca voy a cambiar, porque es parte de mi. Y probablemente lo consideren engorroso y latero

Creo que me arrepentí de preguntar y de seguir preguntando. Me arrepentí, no por haber preguntado. Me arrepentí por darme cuenta de que las personas no son como ellos mismos se pintan. Me dijeron que no idealizara. No lo hice, pero el presente real fue bastante peor.

Así redescubrí el asco que me da la mentira, la omisión y el odio que le tengo a la falta de coraje. Por quién inventa un cuento y luego se desdice. Por quién dice que hay cosas que se sienten, pero que a la vez que no es capaz de llevarlas a cabo. ¿Y saben por qué? Por miedo. Miedo a recibir lo bonito de los demás y de la vida.

Y claramente, cómo les he comentado, luego de preguntar me la jugué. Nadie podrá decir que no lo hice, pero claramente fue un acto más de valentía ante una posibilidad, que un hecho real con un futuro.

Los acuarios (ay, si que latera, le bajó lo esotérica) tenemos el gran problema de que sabemos las cosas, pero necesitamos reafirmaciones. Reafirmaciones del otro (u otros) para darnos cuenta de que lo que hacemos está bien o mal, para reordenarnos y seguir adelante. Esta fue una de esas veces. Y me caí. Un porrazo leve, pero muy bien dado.

Probablemente ustedes pensarán en que cuándo te caes, te levantas y ya. Pero esta vez no fue así. Luego de unos días de reflexión (si, porque me di la paja de reflexionar por un mes dedicado a alguien), me di cuenta de que nada calzaba y de que había una mentira tras otra. Y eran de esas que quedas para dentro, porque no te las esperas. De esas que te hacen desconfiar por siempre y por las que agradeces no haber seguido en esa “empresa”. Por eso y más, esto fue un nuevo aprendizaje.

Hoy sé que es lo que claramente no quiero de eso llamado amor. Tampoco puedo decir que quiero, porque realmente eso irá de la mano con quién aparezca por ese lugar llamado corazón.

Lo más importante en ese sentido: siempre con la verdad por delante. Y hay que tener coraje para eso. Ojalá ustedes la tengan y no olviden usarla.

Porque “… el coraje, más que la ausencia de miedo es la consciencia de que hay algo por lo que merece la pena que arriesguemos …”

Un abrazo.

(pueden compartir esto, si así lo desean)