Me voy a ir a explotar por ahí antes de que caduque.
Ya mucho ya, es un hecho que debo abandonar el mundillo de confort que me he formado. Tengo que abandonar a las películas mumblecore y los libros en PDF. Tengo que salir a la intemperie y enfrentar “the wild world”, tal vez el único lugar donde uno empieza a vivir, de verdad.
¿Es hora de hacer una lista insustancial de cosas que debo hacer antes de irme de aquí? Ni siquiera las nombro, porque los items estarán vacíos. Pero que modorra y necesidad (sentimiento exageradamente encontrado) de ir a gastar pedacitos de vida incipiente. Necesito el pase, la entrada, el boleto, lo que sea que me permita saltar sin paltas a la base de doble decena.
Por así decirlo, según lo que recuerdo de un libro (Pero no recuerdo que libro fue, por eso no le daré créditos, y felizmente no fue Cortazar, porque al pobre no lo dejan en paz nombrándolo como creador de frasesillas de tinte cursi y sobrevualado) estaría yo arropadita comiendo cereal en una tienda de campaña situada en medio de un campo minado, donde los normales combaten, y pierden mucho, pero cuando ganan, ganan rebacan.
Evitar el riesgo me ha aislado de mucho. Me he aislado de mucho. En ese aspecto me jalo en lo que refiere a metacognicion.
Pero pienso quemar los chalecos antibalas progresivamente, y bien meditado, antes de salir a tirar granada a pata limpia.
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