Anotaciones sobre el sueño de la empresa propia
Adriana Sánchez
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Una de las cosas que he aprendido teniendo -algo asi- como una empresa, es: mutar o morir. Uno arranca con un plan medio convencido de saber cuál es el camino, y sobre la marcha se da cuenta uno que quizás no era por ahí la cosa. Y todo bien, vale picha dar un vueltón. Por acá no, vámonos por acá. Al fin y al cabo qué importa la vuelta si uno la goza.
Otra que aprendí es que no hay confort nunca. Ni cuando teníamos una semana de haber abierto el estudio ni ahora que vamos para 5 años. Cada día es igual, la misma adrenalina de saber que en cualquier momento se despicha todo. Creo que uno nada más aprende a vivir con ello y me consuelo pensando que Ramón Mendiola sufre lo mismo.
Pero al final creo que es bonito tener una empresilla y darse cuenta que lo poquito que se ha logrado ha sido porque no estaba tan mamando uno cuando dejó todo botado y se puso a jugar de creativo.
Abrazo Adri.

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