Contra la santidad moral

Como argumenta la filósofa Susan Wolf, la vida es mucho más significativa y rica si no aspiramos a ser moralmente perfectos

Escrito por Daniel Callcut y publicado en Aeon el 12 de diciembre de 2018

«Me alegro»— escribió la aclamada filósofa estadounidense Susan Wolf — «de que ni aquellos que más me importan ni yo misma seamos “santos morales”». Esta declaración es uno de las afirmaciones con las que empieza un ensayo histórico en el que Wolf imagina cómo sería ser moralmente perfecto. Si te implicas en el experimento de pensamiento de Wolf, y las conclusiones que saca de él, entonces verás que ofrece liberación ante la trampa de la perfección moral.

El ensayo de Wolf Moral Saints (Santos morales) (1982) imagina dos modelos diferentes del santo moral, a los que denomina Santo Amoroso y Santo Racional. El Santo Amoroso, como lo describe Wolf, hace todo lo que es moralmente mejor en un espíritu alegre: una vida así no está libre de diversión, pero está infaliblemente enfocada en la moralidad. Debemos pensar en el Santo Amoroso como el tipo de persona que alegremente vende todas sus posesiones para donar las ganancias para aliviar el hambre. El Santo Racional está igualmente dedicado a las causas morales, pero no está motivado por un espíritu de amor constante, sino por el sentido del deber.

El Santo Amoroso puede ser más divertido que el Santo Racional, o más enloquecedor, dependiendo de tu propio temperamento personal. La felicidad constante del Santo Amoroso, ¿haría más fácil estar con él, o te llevaría a un callejón sin salida? Hay una instrucción asociada al budismo — de hecho, acuñada por el erudito estadounidense Joseph Campbell — que te pide que «participes alegremente en los dolores del mundo», y el Santo Amoroso lo hace al máximo: pero tal vez encontrarías tal alegría sostenida frente a los peores horrores del mundo, inane o inapropiada. Por otro lado, el Santo Racional, con su implacable compromiso con el deber, podría ser también una compañía muy exasperante.

Ambos tipos de santos morales pueden presentar dificultades si eres un santo. ¿No estarían molestándote constantemente e instándote a dar más? Tal vez se hayan unido al movimiento de altruismo efectivo, y te sugirien repetidamente las maneras más efectivas en las que puedes usar su tiempo e ingresos disponibles para ayudar. ¿Cómo te hace sentir una persona así cuando dedicas gran parte de tu tiempo libre y atención no a Oxfam sino a los videojuegos? Y cuando das una parte considerable de tus ingresos sobrantes a lujos como el vino y el chocolate en lugar de proporcionar a otros con la nutrición básica? ¿Quieres ser amigo de alguien cuyo 100% del enfoque moral siempre parece, en efecto, estar animándote a sentirte culpable?

Aspirar a ser un santo moral, sugiere Wolf, podría convertir a alguien en una pesadilla con quien vivir y estar cerca. El escritor británico Nick Hornby ofrece una versión cómica de este escenario en su novela Cómo ser buenos (2001). Pero quizás un verdadero santo, siendo una persona lo más decente posible, no querría que te sintieras mal todo el tiempo: ¿qué tendría de bueno? De hecho, ¿no serían los verdaderos santos morales tan sensibles acerca de su efecto en tu vida como lo son acerca de su efecto en el mundo en general? Wolf sugiere que el problema entonces sería que la santidad moral tendría que esconder sus verdaderos pensamientos acerca de su grado de compromiso moral. Además, ¿puede un santo moral reírse sinceramente de tus bromas cínicas cuando van, como dice Wolf, en contra de la moral? Y, en cualquier caso, ¿cuándo tendrían tiempo para estar contigo? Si son moralmente perfectos, entonces tienen cosas mucho más importantes que hacer.

No solo los amigos no encajan realmente en una vida dedicada al máximo logro moral. ¿Puede el santo moral, si es perfecto, «perder» el tiempo viendo películas y televisión? ¿Qué tal si gasta dinero en comida fina o en viajes? ¿O gastar energía en el deporte en lugar de en causas importantes? ¿O ir a observar aves o a hacer senderismo? No hay tiempo ni para el teatro ni para los placeres de acurrucarse con un buen libro. El problema con el altruismo extremo, como se dice que Oscar Wilde ha dicho sobre el socialismo, es que ocupa demasiadas noches. Los santos morales podrían encontrar tiempo para algunas de estas actividades cuando coinciden con sus proyectos éticos: ver el deporte, por ejemplo, en un evento benéfico para recaudar fondos; o admirar el paisaje en route a un lugar problemático que necesita ayuda. Pero estas experiencias tienen que ser vistas como extras afortunados si el único objetivo en la vida es hacer tanto bien moral como sea posible.


Si no tienes suficiente tiempo para la amistad o la diversión, o las obras de arte o la vida silvestre, entonces te estás perdiendo de lo que Wolf llama la parte no moral de la vida. Wolf no quiere sugerir que lo no-moral sea inmoral: solo porque algo no tenga nada que ver con la moralidad (jugar al tenis, por ejemplo) no significa que sea moralmente malo. El punto es que la moralidad se centra, intuitivamente, en cuestiones como tratar a los demás por igual, y en tratar de aliviar el sufrimiento. Y las cosas buenas son estas: pero también lo son las vacaciones con un amigo, o explorar la selva tropical de Alaska, o disfrutar del curry. La bondad moral es solo un aspecto de las cosas buenas de la vida y, si vives como si el aspecto moral fuera el único aspecto que importa, entonces es probable que te empobrezcas mucho en los términos de los bienes no morales de tu vida. Y eso significa perder mucho.

Wolf imagina al Santo Amoroso como perfectamente feliz viviendo una vida en la que los bienes no morales no tienen nada que ver. La vida moral ultra ascética — sin amistades, sin pasatiempos, sin distracciones de lo ético — no tiene un costo para el Santo Amoroso en términos de satisfacción. Pero Wolf se pregunta cómo puede ser esto. ¿No ve el Santo Amoroso todo lo que se está perdiendo y, si es así, cómo no va a afectar su felicidad? Tal vez, sugiere Wolf, al Santo Amoroso le falta casi una pieza de equipo perceptivo: una habilidad para ver que hay más en la vida que la moralidad. Tal vez esto explica por qué el Santo Amoroso puede permanecer feliz. Por el contrario, Wolf no supone que la Santa Racional no vea que hay una gran área de vida en la que se está perdiendo. Wolf imagina al Santo Racional persistiendo en su vida estéril a través del sentido del deber. Pero ¿por qué ir tan lejos como para vivir una vida entera y exclusivamente dedicada a causas morales? Wolf sugiere respuestas que hacen que el Santo Racional no parezca tan racional después de todo: tal vez un odio a sí mismo y/o un miedo patológico a la condena.

Las dos versiones de la santidad moral de Wolf están inspiradas en las dos filosofías morales más influyentes de la filosofía moderna occidental: el utilitarismo (que inspira al Santo Amoroso de Wolf) y el kantianismo (que inspira al Santo Racional). ¿Cómo sería tu vida, pregunta Wolf, si vivieras al máximo estas cosmovisiones morales? Wolf sugiere que ninguna de las dos visiones del mundo, si se vive de manera integral, ofrece una vida muy atractiva: cada una, como hemos visto, produce una visión de la buena vida que consiste tan profundamente en la devoción a las necesidades de los demás que no hay tiempo para el disfrute personal de las muchas cosas buenas no morales en la vida — de hecho, no hay tiempo para una vida propia. Pasarías toda tu existencia, haciendo eco de algunas palabras de Bernard Williams, como servidor del sistema de moralidad.

Las cosas han ido mal con la moralidad moderna si la expresión «buena vida» es ambigua

Es una característica significativa tanto del utilitarismo como del kantianismo que no valoran la felicidad personal de manera muy elevada, si es que la valoran. El utilitarismo es la filosofía de «la mayor felicidad del mayor número» y, por lo tanto, si las necesidades de los muchos requieren que hagas enormes sacrificios personales, incluyendo el sacrificio de tu felicidad, entonces que así sea. Wolf imagina con razón al perfecto utilitario, el Santo Amoroso, como una persona feliz: y de hecho eso sería ideal. Pero nadie debe volverse utilitario por razones de su propia felicidad o bienestar personal: ese no es el punto de la moral utilitaria. Su felicidad individual, considerada en el contexto de miles de millones de vidas conscientes, es solo una gota en el océano. Si hacer lo correcto por el bien común — por ejemplo, vender sus principales activos y dedicar las ganancias a acciones caritativas — lo hiciese infeliz, entonces sería una pena, pero su infelicidad no impide que lo correcto sea lo correcto.

La moral kantiana está aún menos preocupada por la felicidad personal. El kantianismo, derivado y bautizado con el nombre del filósofo del siglo XVIII Immanuel Kant, es una filosofía que enfatiza nuestra responsabilidad racional hacia otros seres racionales (de ahí la etiqueta de «Santo Racional» de Wolf). La razón para hacer lo correcto es porque es tu deber hacia los demás, no porque te hará feliz. Si otros seres racionales necesitan nuestra ayuda — si están hambrientos u oprimidos, por ejemplo — entonces se lo debemos a ellos, de la misma manera que ellos nos lo deben a nosotros si las posiciones fueran al revés. Kant creía que ser moral te hacía merecedor de la felicidad, pero eso era todo lo que permitiría. Uno sospecha que, si hubiera vivido para oírlo, a Kant le habría gustado la observación atribuida al filósofo austriaco del siglo XX Ludwig Wittgenstein: «No sé por qué estamos aquí, pero estoy completamente seguro de que no es para divertirnos».

Si las teorías morales modernas, seguidas como ideales, producen visiones poco atractivas de la vida, entonces se podría pensar que algo va mal en las teorías mismas. Tal vez lo que se necesita es una concepción más completa de la buena vida. De hecho, se podría creer que el hecho de que la expresión «buena vida» se haya vuelto ambigua es una señal de que las cosas han ido mal con respecto a la moralidad moderna. La expresión es ambigua porque tienes que preguntarte: ¿con «buena vida» te refieres a la vida moralmente buena o a la vida más deseable? La primera tal vez evoque imágenes de cómo atender a los pobres, y la segunda a cómo atender una copa de champán. La vida moralmente buena se ha identificado con una vida de altruismo desinteresado y la vida más deseable con una vida autocentrada en la búsqueda del placer. Por lo tanto, la buena vida se ha dividido en dos direcciones opuestas, y el enorme cisma resultante parece ser motivo de preocupación.


Estas reflexiones, entre otras, podrían llevarnos en la dirección de la ética de la virtud de la antigua Grecia en busca de puntos de vista anteriores al cisma. Muchos de los filósofos más famosos de la época, sobre todo Aristóteles, tenían puntos de vista éticos que no fomentaban ni el egoísmo ni el altruismo: el mejor tipo de vida sería aquella que se ocuparía de los demás e implicaría un compromiso placentero con la vida de los demás, pero no requeriría una dedicación imparcial a las necesidades de los extraños. La ética se ocupa más de la cuestión de cómo ser un buen amigo que de cómo salvar el mundo. Y, al igual que con las buenas amistades, la ética es buena para ti y para los demás. En el corazón de la ética de Aristóteles está el fundamental beneficio para todos. La mejor vida ética es simplemente la vida más deseable, y la realización de nuestra naturaleza social consiste en vivir en felicidad mutua con los demás. Estas visiones antiguas, como la de Aristóteles, hacen inconcebible el cisma entre la moralidad y la felicidad personal.

Wolf, al describir la santidad moral en términos poco atractivos, podría ser fácilmente malinterpretada como un estímulo para volver a puntos de vista como el de Aristóteles. Pero una lectura atenta de Moral Saints deja claro que Wolf no tiene esa intención. El hecho de que la moralidad moderna haya evolucionado para incluir amplias responsabilidades hacia los extraños no es algo que Wolf desee eliminar. Se contenta con dejar el concepto de moralidad moderna tal como es: fuertemente altruista, imparcial y de alcance global. Es correcto que la moralidad concierne a las vidas de los extraños a miles de kilómetros de distancia y que, en lo que respecta a la moralidad, el valor de la vida de un extraño es igual al de uno de sus seres queridos.

Wolf ve que, dado el terrible estado del mundo, esto deja mucho trabajo moral por hacer que podría consumir completamente la vida de uno. Uno podría llegar a ser, o aspirar a ser, un santo moral. Pero esta no es una razón, para Wolf, para rechazar la moralidad moderna. Lo que sí cree que muestra es que hay que trazar una línea entre lo que se exige moralmente de uno y lo que es moralmente loable pero no exigido moralmente (lo que los filósofos a veces llaman supererogación). La moral no te obliga a convertirte en un santo moral. La moralidad no exige que no tengas otros intereses aparte de la moralidad. Tienes una vida. Tener una vida no significa que no te tomes en serio la moralidad o que hayas renunciado a intentar ser una persona decente.

Es una trampa pensar que elegir no ser un santo significa automáticamente que tienes que ser un pecador. Y esto tiene un punto moral: rechazar la idea de que se debe apuntar a la puntuación de 10/10 para la moralidad tampoco es excusa para una puntuación baja. En Moral Saints, Wolf ofrece una crítica de la santidad moral que es también, una vez entendida correctamente, una defensa de la moralidad. Ella ha desarrollado un caso convincente para rechazar una forma de vida guiada únicamente por demandas morales, pero esto no significa que quiera tirar la fruta sana moral con la podrida de la santidad.

Puedes ser perfectamente maravilloso sin ser perfectamente moral.

Un tema constante en la filosofía de Wolf es que mirar a las teorías morales para encontrar ideales integrales de cómo vivir no es la idea más sabia. Los conceptos morales marcan áreas muy importantes de la vida, pero no nos dicen todo sobre la vida ni cómo vivirla. Por lo tanto, no es una crítica a una teoría moral de que la vida no sería muy atractiva si transformáramos la teoría en cuestión en nuestra única respuesta a las preguntas de la vida. Eso sería malinterpretar el papel de una teoría moral. Wolf, al poner la teoría moral en su lugar, quiere liberar a la filosofía moral de parte de su moralismo excesivo. Podemos inspirarnos en cómo vivir a partir de todo tipo de fuentes: un amante que conocimos en línea, un vecino, un personaje de una serie de televisión, una línea de poesía.

Wolf está especialmente interesada en dejar espacio a los intereses y pasiones individuales para dar forma a la vida de uno, y piensa que el sentido de la vida es poco probable que provenga de la moralidad en tanto que tal. En parte, esto se debe a que el significado a menudo proviene del compromiso con sus seres queridos, y en numerosas ocasiones su compromiso con la familia y los amigos vendrá antes que su compromiso de hacer lo que sería moralmente ideal. Tomemos un ejemplo de un estudio psicológico reciente realizado por investigadores de Oxford y Yale: si estás comprometido con tu nieto, entonces podrías darle dinero para que arregle su coche antes de ayudar a una organización benéfica dedicada a combatir la malaria, incluso si hacer esto último hiciese un mayor bien. El hecho de que no seas moralmente perfecto no te convierte en una mala persona. Puedes ser «perfectamente maravilloso», como dice Wolf, «sin ser perfectamente moral».

Puedes encontrar el sentido de la vida a partir de una causa moral específica, por ejemplo, trabajar para prevenir la falta de hogar, pero eso es diferente de tratar de encontrar el sentido haciendo lo que sea moralmente ideal en cada ocasión. De hecho, el carácter individual de tu vida está dado por tu concreta combinación de relaciones, pasiones e intereses. Wolf, en contra de una corriente de pensamiento filosófico muy popular, sostiene la opinión de que el sentido de la vida depende de que pases tu vida absorto en actividades que son objetivamente buenas. «El sentido de la vida surge», como dice Wolf en una brillante máxima, «cuando la atracción subjetiva se encuentra con el atractivo objetivo». Pero los bienes objetivos que típicamente dan sentido son, según Wolf, los bienes no morales de los que un santo moral carecería mucho en la vida: relaciones amorosas (incluidas las amistades), compromiso con el mundo natural, amor por las bellas artes o el gran deporte, etc.

Estos bienes no morales serán en la práctica instanciados (como dicen los filósofos) en la vida real: en mi caso, una relación amorosa es, por ejemplo, una amistad de 20 años con Chris; un compromiso con el mundo natural es una caminata nocturna a través de Wicken Fen en Cambridgeshire; un amor por el arte es un amor por las pinturas de Frida Kahlo; un amor por el gran deporte es un sábado por la tarde después del fútbol. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias atracciones subjetivas de las cosas buenas de la vida. «El tiempo», como escribió el poeta Nick Laird, «es la forma en la que pasas tu amor».

Los amantes de la naturaleza no se preocupan por la naturaleza en abstracto, sino más bien por los acontecimientos específicos en los que están directamente involucrados: cómo se las arreglarán los frailecillos en los acantilados de Bempton ahora que las anguilas han sido sobreexplotadas, y así sucesivamente. Sin embargo, podría comenzar con un amor por los frailecillos y terminar uniéndose a una causa moral para salvarlos: tal vez un movimiento ambientalista local. Y esto podría ser tomado como evidencia de que la fuerte distinción de Wolf entre lo moral y lo no moral es, en la práctica, borrosa. El amor puede llevarte de un interés no moral a un compromiso moral, y puede ser difícil especificar dónde se cruza esa línea.

Podrías, por ejemplo, trabajar como agente de beneficios y llegar a gustarte un residente en concreto de tu distrito. La preocupación por ella se convertiría en una preocupación por las políticas que están cambiando su vida y la vida de su familia para peor. Podrías llegar a ser bastante santo en su dedicación a cambiar las políticas. Pero, si has absorbido las lecciones de Wolf, no desperdiciarás toda tu vida por el bien de la causa. Seguirás haciendo tiempo para los amigos, para las perezosas noches de verano viendo el zumbido de las abejas en la lavanda, y no perderás ese brillante y sarcástico sentido del humor. No te convertirás, en otras palabras, en un santo moral.


Daniel Callcut es un escritor y filósofo independiente. Es editor de Reading Bernard Williams (2009). Vive en Stamford, Reino Unido.


Editado por Nigel Warburton