El momento de Jordan Peterson

por David Brooks

Jordan Peterson en Toronto en 2016. Carlos Osorio/Toronto Star, via Getty Images

Mi amigo Tyler Cowen sostiene que Jordan Peterson es el intelectual público más influyente en el mundo occidental en este momento, y tiene razón. Peterson, un psicólogo de la Universidad de Toronto, encontró su verdadero hogar en YouTube, donde sus videos han atraído algo así como 40 millones de visitas.

En sus videos, analiza textos clásicos y bíblicos, analiza la política de identidad y la corrección política y, lo más importante, brinda severas conferencias paternales a hombres jóvenes sobre cómo ser honorable, recto y autodisciplinado: cómo crecer y asumir la responsabilidad de sus propias vidas.

Los padres, las universidades y los ancianos de la sociedad han fallado por completo en dar a muchos hombres jóvenes una sabiduría práctica realista y exigente sobre cómo vivir. Peterson ha llenado el vacío.

Pero lo más interesante de la popularidad de Peterson, especialmente el éxito de su nuevo libro, 12 Rules for Life, es lo que dice sobre el estado de los hombres jóvenes en la actualidad. Los lectores implícitos de su trabajo son hombres que se sienten sin padre, solitarios, que flotan en un vacío moral caótico, constantemente superados y humillados por las mujeres, atormentados por el dolor y el autodesprecio. En cierto nivel, Peterson ofrece capacitación en asertividad a hombres a los que la sociedad intenta convertir en copos de nieve castrados.

Peterson les da la oportunidad de ser fuertes. Él inspira su idealismo al decirles que la vida es dura. Su cosmovisión comienza con la creencia de que la vida es esencialmente una serie de competencias de dominación despiadadas. Los fuertes obtienen los despojos y los débiles se vuelven mansos, derrotados, desconocidos y no son amados.

Durante gran parte de la historia occidental, argumenta, el cristianismo restringió la tendencia humana hacia la barbarie. Pero Dios murió en el siglo XIX, y el dogma y la disciplina cristianos murieron con él. Eso nos dio la era de la ideología, la era del fascismo y el comunismo, y con ella, Auschwitz, Dachau y el gulag.

Desde entonces, hemos intentado otra forma de pacificar la especie. Como la mayoría de los conflictos se deben a los valores, hemos decidido no tener ningún valor. Celebramos el relativismo y la tolerancia. Negamos la verdadera naturaleza de la humanidad e ingenuamente pretendemos que todos sean amables. Lo bueno es que no hemos explotado; lo malo es que vivimos en un mundo de falta de normas, carencia de sentido y caos.

Toda la vida está encaramada, continúa Peterson, en el punto entre el orden y el caos. El caos es el reino sin normas ni reglas. El caos, escribe, es “la oscuridad impenetrable de una cueva y el accidente al costado del camino”. Es la madre oso grizzly, toda la compasión hacia sus cachorros, que te marca como un potencial depredador y te rompe en pedazos. El caos, lo eterno femenino, es también la fuerza aplastante de la selección sexual. A las mujeres les importa ser selectivas. (…) La mayoría de los hombres no cumplen con los estándares humanos de las mujeres”.

La vida es sufrimiento, insiste Peterson. No te dejes engañar por el ingenuo optimismo de la ideología progresista. La vida es lucha y dolor sin remordimientos. Tu instinto es gimotear, hacerse la víctima, buscar venganza.

Peterson les dice a los jóvenes que nunca hagan eso. Levántate por encima de la cultura de la victimización que ves a tu alrededor. Deja de quejarte. No culpes a los demás o busques venganza. “El individuo debe llevar su vida de una manera que requiera el rechazo de la gratificación inmediata, de los deseos naturales y perversos por igual”.

En cambio, elige la disciplina, el coraje y el autosacrificio. “Ponerse derecho con los hombros hacia atrás es aceptar la terrible responsabilidad de la vida”. Nunca mientas. Dile a tu jefe lo que realmente piensas. Sé estricto con tus hijos. Deja a los amigos que te deprimen. Libérate de la madre necesitada que te controla.

Gran parte de los consejos de Peterson me parece de una vaga banalidad exhortativa. Al igual que Hobbes y Nietzsche antes que él, parece imaginar un universo excesivamente brutal, casi sin benevolencia, belleza, apego y amor. Su receta para la superación personal es solitaria, no relacional, sin emociones. Yo diría que las vidas de los jóvenes se pueden mejorar más a través de un vínculo cariñoso que con los llamamientos desganados y sin gracia de Peterson al autosacrificio.

Pero el énfasis en la fuerza de la voluntad, el arranque, los llamamientos a la dureza y el respeto por sí mismo, todo esto resuena en alguna necesidad de su público. Él no consuela. Él exige: “Deja de hacer lo que sabes que está mal.(…) Di solo aquellas cosas que te hacen fuerte. Haz solo aquellas cosas de las que puedas hablar con honor”.

Y Peterson personifica las virtudes fuertes y valientes que defiende. Su video viral más reciente, con más de cuatro millones de visitas, es una entrevista que hizo con Cathy Newman en Channel 4 News de Gran Bretaña. Newman sintió que había algo disruptivo para la ortodoxia progresista en la cosmovisión de Peterson, pero no podía entenderlo. Entonces, como destacó Conor Friedersdorf en The Atlantic, ella hizo lo que mucha gente hace en las actuales discusiones. En lugar de escuchar a Peterson, ella simplemente distorsionó, simplificó y reformuló sus puntos de vista para hacerlos parecer ofensivos y caricaturescos.

Peterson la corrigió y refutó con calma y comprensión. Es la confrontación de medios más devastadoramente unilateral que jamás verás. Me recordó a un joven William F. Buckley.

El camino de Peterson es crudo, pero es un camino idealista, y para millones de jóvenes, resulta ser el antídoto perfecto para el cóctel de mimos y acusaciones en el que se crían.