Padres e hijos

Ser padre es la máxima expresión de masculinidad en la vida. Pero para muchos hombres, la vida consiste en una búsqueda del padre perdido.

Proyecto Karnayna
Jan 23, 2018 · 8 min read

Frank Piltman

Sabemos que criar a los hijos es la experiencia central de la vida, la mayor fuente de autoconciencia, la verdadera fuente de orgullo y alegría, el vínculo más eterno con un compañero. Entonces, ¿por qué tantos hombres han estado

renunciando a esto durante tanto tiempo?, ¿le irá mejor a la actual remesa de padres pospatriarcales?

Durante un par de cientos de años, cada generación de padres ha transmitido a sus hijos, no solamente cada vez menos poder, sino menos sabiduría. Y menos amor. Finalmente hemos llegado a un punto en el que muchos padres son irrelevantes en la vida de sus hijos. Se tiró la fruta sana junto a la podrida, y el padre fue expulsado con el patriarcado. Todo el mundo parecía estar confuso sin saber qué hacer con los hombres o con su masculinidad problemática y desorientada.

Además, durante estos mismos 200 años, cada generación de padres ha tenido menos autoridad que la anterior. El concepto de paternidad cambió de manera drástica después de la Revolución Industrial. La economía de repente dictó que alguien tenía que ir del hogar al trabajo. Los hombres generalmente eran los elegidos, ya que no podían producir leche. Tal vez vendrían a casa por la noche o solo los fines de semana.

Como resultado, la masculinidad dejó de definirse en términos de participación doméstica, es decir, de habilidades para la paternidad y el matrimonio, y comenzó a definirse en términos de ganar dinero. Los hombres dejaron de hacer todas las cosas que solían hacer. En lugar de eso, se convirtieron principalmente en el Padre Proveedor, llevando las cosas a la familia en lugar de vivir y trabajar en casa con la familia.

Esto llevó gradualmente a los padres a encontrar otros papeles que cumplir cuando llegaban a casa después de trabajar en otro lugar: el Padre Disciplinario: “¡Espera a que tu padre vuelva a casa!” y el Padre Auditoría: “Dile a papá lo que hiciste hoy”.


El padre proveedor

Si todas las funciones del padre eran económicas, si todo su estatus se medía por los bienes que proporcionaba, el padre rico y económicamente poderoso se convertiría en un potencial tirano; pero el padre que no era rico y famoso sería un fracaso ineludible, una decepción, un bufón. La posición del padre en la familia ya no estaba determinada por lo bien que funcionaba como padre, sino por su estatus a los ojos del mundo, en una serie de concursos económicos en los que pocos hombres salían ganando en ser el más rico de todos, y donde la mayoría de los hombres salían perdiendo.

Una vez que el padre abandonaba su vida familiar y se convertía en parte del equipo de trabajo, los valores familiares dejaron de ser los principales definidores de sí mismo. En su lugar, adoptó los valores y los calificativos del trabajo de otros trabajadores. Su trabajo dejó de ser algo que hacía por el bien de su familia y se convertiría en trabajo por el bien del trabajo.

Esto no se fue frenando al alcanzar un nivel de comodidad suficiente; en su lugar, se esforzó todavía más en obtener la aprobación de sus compañeros de trabajo y ganarse la gloria a sus ojos. Él trabajaba porque trabajaba; eso fue lo que hizo porque era lo que era. Ya no era un paterfamilias, era un homolaboriosus. Él era un hombre trabajador, la identidad más querida de su corazón era la intensidad de su esfuerzo, y su familia debería entender que sus demandas sobre su tiempo estaban en segundo lugar.

En su mente, se había mudado. Él había ido a conquistar el mundo.


El padre exitoso

Cuando la sociedad decidió que criar a los hijos era un trabajo de mujeres y que ganar dinero era el objetivo único de la vida de los hombres, los padres se volvieron demasiado ocupados como para estar con sus hijos y los niños comenzaron a crecer sin padres. Eso no habría sido crítico si hubiera tíos y primos y abuelos y hermanos mayores para modelar la masculinidad de los niños. Pero nuestras ideas sobre la salud mental y los objetivos de la industria de la vivienda exigían que las familias quedasen reducidas al tamaño de una pareja casada y sus hijos.

La reducción de la familia a una unidad nuclear tan pequeña y aislada la hizo suficientemente móvil para los fines de la sociedad industrial. Los trabajadores ya no estaban enraizados en la tierra o la comunidad. Ahora nada se interponía entre un hombre y su trabajo. Las empresas pueden extraer la máxima lealtad de los empleados al hacerlos parte de la familia del trabajo y alejarlos de la familia del hogar. Los hombres Papás fueron severamente penalizados, al igual que lo son ahora las mujeres Mamás.

Los niños de esta generación pueden crecer con la idea de que la vida de un padre es su trabajo, y su familia no debe esperar nada más de él.

Recuerdo a un hombre, hablando de los problemas de su hijo, diciendo: “No sé lo que Betty pudo haber hecho mal al criar a ese niño. Sé que no fui yo, ya que estaba demasiado ocupado trabajando y se lo dejé ella. Apenas vi al niño, así que no pude haber hecho nada malo”.


Hambre de padre

La vida para la mayoría de los niños y para muchos hombres adultos es una búsqueda frustrante para el padre perdido que aun no ha ofrecido protección, provisión, cuidado, modelado o, especialmente, unción. Todos esos tipos duros que quieren asustar al mundo para que se los vea como a hombres y que llenan las cárceles; todos esos hombres que no saben cómo ser un hombre con una mujer y que llenan los tribunales de divorcio; todos esos tiburones de las finanzas que quieren tener más con la esperanza de que tener más los haga sentirse mejor; y todos esos filantrópicos masculapáticos, contendientes y controladores, todos ellos sufren del Hambre de Padre.

Hacen sus rituales de adolescentes día tras día durante toda la vida, esperando que un padre los unja y los trate lo suficientemente bien para ser considerado un hombre.

Llaman la atención sobre su dolor, se meten en problemas, se hacen daño, hacen cosas que son malas para ellos, como si le estuvieran pidiendo a un padre que los tome en sus manos y los arregle o al menos les diga cómo maneja el dolor un hombre adulto.

Compiten con otros niños a los que no se acercan lo suficiente como para dejarles ver su vergüenza por no sentirse como hombres, por no haber sido ungidos, y por eso no saben que los otros niños sienten lo mismo.

En apenas 200 años, en algunas familias en apenas dos generaciones, hemos pasado de una sobredosis tóxica de paternidad a una deficiencia fatal. No es que tengamos demasiada madre, sino muy poco padre.


Los mitos de la masculinidad

Nuestros modernos creadores de mitos están ocupados abordando las relaciones entre padres e hijos para encontrar conexiones entre la conciencia prepatriarcal y pospatriarcal, entre el antiguo temor del padre demasiado poderoso y el nuevo anhelo de que un padre nos ame, nos enseñe y nos unja.

El dolor, la pena y la vergüenza de la relación fracasada padre-hijo parecen universales, como se evidencia en las películas populares de las últimas décadas cuyos temas de padre e hijo eclipsaron todo lo que sucedía entre hombres y mujeres.

Los mitos sobre padre e hijo atrajeron al gran público en los años setenta y ochenta. Los hombres temían ser como sus padres, pero deseaban desesperadamente vincularse con ellos, incluso si nunca podían complacerlos lo suficiente como para sentirse ungidos.

En 1989, la película que marcó el tono del Movimiento de los Hombres fue Field of Dreams. El béisbol, con sus reglas claras y educadas y todas sus estadísticas y jugadores, con hombres y niños normales en lugar de monstruos extravagantes, es la metáfora de la vida de un hombre.

En esta fantasía mágica, el granjero de Iowa Ray Kinsella (Kevin Costner) nos cuenta la historia de su vida: cómo murió su madre cuando tenía dos años, por lo que su padre abandonó sus esfuerzos por jugar al béisbol profesional para criar a su hijo.

Costner escucha una voz desde su maizal diciéndole “Si lo construyes, él vendrá”. Entiende que el mensaje significa que si corta su maizal y construye un campo de béisbol, aparecerá el héroe de su padre, Joe Jackson. Lo hace. Luego aparece el padre de Costner con su uniforme de béisbol, y padre e hijo juegan demoradamente a hacer pases de manera solemne. Padre e hijo no hablan mucho, solo juegan a atraparla con total solemnidad. Y es suficiente.

Lo que sucede entre el padre y el hijo, y lo que no sucede entre ellos, es sin duda el determinante más importante de si un niño se convertirá en un hombre capaz de dar vida a los demás o si vivirá avergonzado y se echará atrás antes de exponer su intimidad ante hombres, mujeres y niños.


Una nueva generación de cuidadores

Es necesario que todas las relaciones se desarrollen para que un niño se convierta en un hombre capaz de vivir en paz y cooperación con su comunidad y de devolverlo algo a su familia. La paternidad hace que un hombre, sea cual sea su posición a los ojos del mundo, se sienta fuerte, bueno e importante, del mismo modo que hace que su hijo se sienta amado y valorado.

Afortunadamente, la crianza de los hijos no es un proceso eficiente: el viejo concepto de “tiempo de calidad” es una salida cruel. Un padre que sale con sus hijos revive las alegrías de su propia infancia. El juego es la cuestión.

Convertirse en el Padre Cuidador, en lugar de tan solo el Padre Proveedor, le permite a un hombre plantarse por completo y expresar su humanidad y masculinidad. La paternidad es la cosa más masculina que un hombre puede hacer.

¿Descubrirá esta nueva generación el poder sanador de la paternidad? Al ver ahora a los jóvenes llegar a la madurez, veo que muchos están dispuestos a arriesgarse a ser padres prácticos de una manera que era rara en mi generación. Mi hijo, mi yerno y mis sobrinos, por ejemplo, quieren niños, no niños que tener, sino niños que criar.

No están solos. Me siento optimista con el tipo de paternidad que harán estos muchachos. La pauta es el aprecio: los chicos que han tenido una figura paterna quieren ser padres, y los que no, lo temen.


Fragmentos de Man Enough: Fathers, Sons, and the Search for Masculinity

Fuente: Psichology Today


Proyecto Karnayna

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Traducciones para aclararse sobre cuestiones de género [de los hombres] y temas relacionados. #i2

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