Las grietas de la vida
Oh, la insoportable levedad de los tiempos difíciles.

¿Cómo se prepara uno para el enfrentamiento? Un desafío a la vez.
¿Cómo saber que es tiempo de cambiar, si cambiar no estaba escrito en la agenda?
Vivimos sobre una realidad vacilante; dentro de un torbellino. La felicidad es el ojo, la calma, un breve instante en el que nada permanece.
Los tiempos difíciles son notificaciones. Avisos que nos recuerdan vulnerables, frágiles al impacto.
Revelaciones. Visiones de un temple aletargado, que despierta ante el escalofrío que anuncia el extravío, la pérdida.
La vida es una constante confrontación. Para librar batallas y celebrar victorias, es irremediable someterse a la disciplina de los desaciertos.
¡Oh, el desasosiego que causa lo imperfecto! La memoria de lo falible. La oportunidad de inspeccionar nuestros adentros para restaurarlos.
Ajustar viejas costumbres, hallar nuevos bríos.
La estrategia en el campo siempre debe acompañarse de una insensata valentía. El instinto nos hace hábiles, recios.
Las dificultades son pausas. Una grieta en el tiempo para recordar quiénes podríamos ser, si no fuéramos tan vagos.
El positivismo es irritante, un camino tortuoso. La introspección es clave; la voluntad se transforma en tenacidad cuando gana el autoconocimiento.
La capacidad no está en duda. La duda siempre es una posibilidad. Y la probabilidad del infortunio es innegable.
Siente con libertad cada estocada. Húndete en lo más profundo de la culpa y la incertidumbre. Incurre en la autocompasión. Desmorónate.
Destruye tus convicciones y con lo que queda, arma un nuevo rompecabezas. Reinventa tu metodología. Dibuja un motivo. ¡Espabílate!
A las dificultades también se les acaba el tiempo.
Cassandra.
