Crónica de una marcha anunciada

“¡Chipá, chipá, chipá!” era una de las tantas frases que se escuchaban en la Plaza de Mayo el viernes 1° de septiembre. Los puestos esparcidos a lo largo de las calles laterales vendían no sólo esta típica comida paraguaya, sino también los ya habituales choripanes, sándwiches de bondiola, hamburguesas, gaseosas y hasta algodones de azúcar. Se podían percibir hasta con los sentidos: a través del olfato el olor a choripán y también con la vista el humo gris que salía de las pequeñas parrillas. El típico olor proveniente de una obra en construcción un día soleado de verano, o el del asado familiar del domingo.

La preocupación principal en la Plaza de Mayo ese día era una: conocer el paradero de Santiago Maldonado, quien desapareció a unos 120 kilómetros de El Bolsón, en Chubut. En ese momento, Santiago estaba acompañando a la comunidad mapuche en un reclamo por el reconocimiento de unas tierras. La sociedad argentina en estas instancias se divide en dos: los que sostienen que fue una desaparición forzada perpetuada desde gendarmería, y el otro bando, que cree que el Estado no tiene nada que ver. Eso por el momento no podemos saberlo. Todos los que se encuentran en la marcha de Plaza de Mayo se inclinan más por la primera opción y piden al Estado explicaciones.

Frente a la Pirámide de Mayo había un escenario montado en el que más tarde hablaría el hermano de Maldonado, quien también leería una carta escrita por la familia. Alrededor del mismo, la plaza se hallaba abarrotada de banderas y carteles: algunos pertenecientes a agrupaciones políticas (Desde La Cámpora, hasta el Frente de Izquierda y el Partido de Trabajadores Socialistas) y otros simplemente con frases como “Aparición con vida de Santiago Maldonado”, “El Estado es responsable”, “Lo desapareció gendarmería” entre otras. Ya sabemos de qué lado de la vereda se encuentran quienes pintaron estas banderas.

A sólo unos metros, sobre la calle Roca, varias personas salen de un edificio que parecen ser oficinas y miran en dirección a Plaza de Mayo. “Todos queremos que aparezca Maldonado, pero también queremos llegar al trabajo, a nuestras casas. No sé si está es la forma”, comenta una chica de aproximadamente 30 años. Como respuesta a esos dichos, uno de sus aparentes compañeros le pregunta cuál sería un mejor modo de reclamar por su aparición. La chica no responde y se empieza a notar cierto clima de tensión en la charla. Otro de los jóvenes en la conversación acota que

definitivamente no es la forma porque “El Estado no tiene nada que ver”. Acá la diferencia en las opiniones de cada uno está bien marcada, excepto la de la chica, que no formuló ninguna frase muy valorativa.

Dos hombres en la entrada del Cabildo. “Menos mal que te encontré, entre que no tengo señal en el teléfono y con la cantidad de gente que hay se me iba a hacer imposible poder verte” comenta uno de ellos mientras comienzan a pintar una bandera que dice “¿Dónde está Santiago?”. A unos metros, en la intersección de las calles Roca e Hipólito Yrigoyen dos jóvenes de unos 30 años conversan, y al parecer no están muy de acuerdo con el espíritu de la marcha: “Menos mal que era sin banderas políticas. Todos queremos que aparezca Maldonado pero ya se aprovechan y lo usan para hacer política” dice uno de ellos por lo bajo. En menos de 200 metros, hay una cantidad de opiniones respecto al tema comparable a las que las hay en torno a la religión. Demasiadas.

El tránsito estaba cerrado de manera parcial, por momentos circulaba algún que otro vehículo. Pasa un muchacho en una de las famosas EcoBicis del Gobierno de la Ciudad y uno de los manifestantes le grita “¡Eh, Macri gato!”. La gente que quería llegar rápido a su casa después del trabajo, evitaba la zona: ya sea por la demora que implicaría transitar las inmediaciones del área, o por querer evitar cualquier tipo de conflicto que pueda llegar a darse. Pero también estaban aquellas personas (a juzgar por su vestimenta, recién salidos de trabajar) que, parados en la plaza, y sin tocar bombos ni agitar banderas reclamaban a su modo por la aparición de Santiago Maldonado. Entre ellos un hombre de 38 años. De aspecto cansado, algo despeinado, con las mangas de la camisa arremangadas y con la expresión que tiene alguien un viernes al salir del trabajo, cuando se cargan encima todas las horas laborales de la semana. Comenta que está a favor del espíritu de la marcha.

¿Qué opinas respecto al paradero de Santiago Maldonado?

Algo muy probable es que lo haya matado gendarmería. Por el bien del país espero que no, pero lo da a pensar. No me gustaría, no es lo que deseo.

En cuanto a tocar el tema en las escuelas, ¿Cuál es tu postura?

Me parece bien porque es un reflejo de nuestra historia. Se le tiene que preguntar a los chicos, se tiene que reflexionar sobre ello.

***

Si bien el sentido de la marcha era ese, reclamarle al Estado por la aparición de Santiago Maldonado y probablemente los que estén en la marcha sostengan la hipótesis de que fue llevado por gendarmería, algunas personas (muy pocas) que asistieron a la marcha no sostienen al 100% esa hipótesis. Sentada en uno de los bancos del centro de la plaza, una chica de veintitantos. Pelo castaño, largo y suelto, un suéter atado en sus caderas y un morral que parece cargar una enciclopedia completa. “Yo no sé si el Estado tiene que ver, de verdad te lo digo. Pero me parece que estar acá es una manera de decir ‘Me cansé de que desaparezca gente’ porque si prendemos la tele vemos todo el tiempo gente desaparecida. Desde chicas como Anahí que después lamentablemente apareció muerta, hasta chicos como Santiago.” Se muestra algo cansada con la situación, mientras le dice estas palabras al chico que la acompaña cuya expresión no parece mostrar opinión alguna.

A unos metros de ellos, una situación similar. Mujer de 57 años, hablando con un chico. Parecen no conocerse. El chico se va y ella se ata el pelo, se pone los lentes de sol –los rayos pegaban cada vez más fuerte sobre la plaza- y prende un cigarrillo. “El gobierno trató de embarrar la cancha de diferentes formas durante todo este mes, atacando en demasiadas situaciones. Acusaron a la víctima de “tatuador” como una cosa negativa, dijeron que no estaba bien que este allí donde desapareció, entre otras acusaciones. Formaron un cuestionamiento y criminalización de la sospecha, sospechar de la víctima.

¿Qué opinas respecto a la controversia que se armó en cuanto a tocar el tema Maldonado en las escuelas?

Mira, ahora dicen todos dicen “con los chicos no” pero, ¿los chicos viven en marte? Se enteran de todo si prenden la radio, la televisión. Pareciera que los pibes antes estaban en una burbuja y ahora recién se están enterando de la realidad. Todo se dice de hecho, lo que no escuchan en la escuela en boca de la señorita lo escuchan en cualquier otro lado. Más como son estos niñitos del 2017 que manejan el celular y las redes como si nada, que están llenas de información y se pueden enterar de todo.

Y en cuanto a las hipótesis sobre su paradero, ¿Cuál sostenes?

Es claro que lo tiene gendarmería. Apoyo a los mapuches y les creo lo que dicen, yo los estoy conociendo mucho más a partir de esto. Me gustó mucho el discurso de una mujer mapuche, Soraya, muy interesante; planteando todo desde su cosmovisión. Así que yo le creo a los mapuches, en principio.

A medida que los minutos pasan, la plaza se va viendo abarrotada de más banderas, más personas, más ganas de que aparezca Maldonado. El momento de inicio de la marcha se va acercando.

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