Este no es un texto para discutir la calidad musical de BTS. En este texto no voy a presentar argumentos para defender ninguna causa. Mi objetivo no es convencer a nadie de que BTS es un grupo bacán. Lo que hace mucho tiempo tengo ganas de hacer es contar la historia de por qué me gusta tanto BTS y por qué me descubrí, sorpresivamente, tan involucrada a mis 26 años en este fandom.

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Escuché a BTS por primera vez en abril del 2019, hace exactamente un año. Recuerdo la fecha más o menos con precisión porque fue cuando entré a mi trabajo actual. Sólo los conocía de nombre. Una de mis mejores amigas los escuchaba hace muchos años y había intentando enseñarme a distinguirlos, sin demasiado éxito. En mi mente eran “el que sabe inglés”, “el que se ríe igual que yo”, “el que le gusta a la Jac”, “el que creció”, “el feo” (perdóname Hoseok) y los demás. Como muchos, observaba el fenómeno de BTS con una distancia un poco arrogante. ¿Qué gracia podía encontrarle a un grupo pre-fabricado por terceros que no escribía todas sus canciones y que además era parte de una industria medio turbia como es la de los idols? La Jac, mi amiga, me daba buenos argumentos, pero la verdad es que nunca la pesqué mucho. …


Existe una ciudad al suroeste de Corea del Sur que se llama Gwangju. Está lejos de Seoul, la capital. En mayo de 1980, los ciudadanos de Gwangju — junto a los de otras ciudades - se unieron para exigir democracia después de que su antiguo dictador fuera asesinado y otro dictador estuviese instalándose en su lugar. Como suele pasar, las manifestaciones eran lideradas por jóvenes, entre quienes se contaban muchos universitarios pero también muchos escolares que con dificultad estaban entrando en la adolescencia. La reacción del gobierno frente a las manifestaciones en Gwangju fue enviar militares y dispararles a todos. Literalmente a todos. La brutalidad fue preferida y premiada, potenciada por la mentira de que estas manifestaciones estaban siendo instigadas por espías comunistas de Corea del Norte. Sin importar edad o género, los heridos fueron rematados y los sobrevivientes encarcelados, torturados y/o violados. Hasta el día de hoy no existe consenso en torno al número de personas asesinadas pero cifras internacionales lo estiman entre 1.000 y 2.000 personas. Muchas personas aún se encuentran desaparecidas. …


Nota importante: Este texto fue escrito el 25 de agosto del 2019, antes de que Chile se acabara el 18 de octubre del mismo año. Hoy, la forma en la que está escrito se siente un poco distante — sin volver a pasar un proceso de edición, al menos — pero me parece que describe de forma adecuada lo que sentí por el libro apenas lo terminé. Aunque no es una reseña que me enorgullezca pues hoy veo demasiados aspectos imprecisos que se podrían mejorar, deseo subirla así. Aquí está.

* * *

Tiempo atrás trabajé en una librería y fui feliz. Me pagaban poco y no me gustaba tener que agacharme a reorganizar libros empolvados porque me dolían las piernas y la espalda y me daba alergia en las manos y alergia en la nariz, pero estaba rodeada de personas que quería, incluso mi jefe. En esos tiempos me puse al día con lo propio. Empecé a prestarle atención a los nuevos libros chilenos y latinoamericanos que salían. Me aprendí los nombres de las editoriales. Busqué a sus autores en Google. Y leí muchos libros en el rato en que mi jefe salía al banco o a dejar pedidos fuera de Santiago o a darse una vuelta por Plaza Ñuñoa mientras se comía una manzana verde. Nada de esto tiene que ver (tanto) con el libro, pero pienso que “Paisajes” de Macarena Araya Lira es el tipo de libro que habría leído en esos intervalos. Llegado fin de mes, me lo habría llevado a la casa. Además del sueldo, parte de la paga era poder llevarnos un libro todos los meses. …


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Tenía grandes expectativas para este libro. Recientemente editado en español por La Bestia Equilátera, me costó un montón encontrarlo en inglés porque estaba agotado en todas partes. Las buenas críticas le llueven, en todo lugar y en todos los idiomas, incluso en Goodreads, donde en general los lectores y lectoras son bastante exigentes y es difícil encontrar un libro que promedie sobre las 4 estrellas. Pero hace tiempo que no sufría una decepción tan grande. Hace tiempo que no tenía que escribir un comentario en el que intento mantener la compostura pero al final simplemente termino desahogando mi indignación.

The Elementals es una novela publicada en 1981 que se desarrolla en torno a dos familias que, después del inquietante funeral de una de sus matriarcas, deciden retirarse a un balneario aislado al sur de Estados Unidos donde ambas familias compartieron sus mejores momentos. En este remoto lugar todo lo que los espera son tres hermosas casas victorianas; una para cada familia y una tercera casa a la que nadie se acerca y que se encuentra inhabitable al estar siendo lentamente consumida por la arena de una duna. Pero algo más pasa con esa casa. …


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Este libro me gustó tanto que todavía estoy tratando de precisar los motivos en medio de mi sorpresa. Tiempo atrás, en un taller con la Arelis Uribe, había leído “La ola”, el que es al parecer uno de los cuentos por los que más se conoce a Liliana Colanzi y, aunque me había gustado, no había encendido mis pasiones al punto que sí lo hicieron los demás cuentos que componen “Nuestro mundo muerto”. A continuación, quisiera hablar sobre este libro desde varios frentes.

Primero, la forma en la que llegué a él, más bien anecdótica. Desde que conocí a Mariana Henríquez que busco escritoras latinoamericanas que escriban terror. Terror en el sentido amplio y complejo de la palabra. Relatos oscuros, inquietantes, y que aprovechen la tradición y variedad de supersticiones que tenemos en latinoamérica. Me puse a investigar porque tenía que llevarme mi libro mensual de la librería en la que trabajaba y quería hacer cundir el beneficio. Al principio quería algo de Aurora Venturini o Silvina Ocampo, pero no había stock. En internet, casi todas las escritoras de terror que se recomendaban eran norteamericanas o europeas. Hasta que me topé con este nombre conocido: Liliana Colanzi. Me encogí de hombros, revisé el catálogo y busqué el único libro disponible. Fingiendo que trabajaba, me leí el primer cuento: “El ojo”. Partía un poco flojo. Muchos clichés de adolescentes atormentados, una madre fanática religiosa, un violento encuentro sexual y de pronto: el apocalipsis. …


Escrito en mi cuaderno del diplomado un 2/08/2018

Quién soy
si no tengo pelos de gato en la ropa negra
quién soy
sin mi mala postura
la espalda encorvada
una incipiente joroba en un cuerpo joven

Las personas empoderadas
vuelven propio todo eso que la sociedad les ha dicho que está mal
y dicen
sí, voy a desarrollar una joroba
¡Y qué!

Pero yo quiero que me digan que no
que voy a verme linda y derecha
siempre
que estoy exagerando
que no se me notan tanto
los pelos de gato

Y quisiera creerlo
no pensar que es un comentario que nace de la lástima
si no que
son ojos que de verdad me ven
y a través de ellos
puedo verme a mi misma como de verdad soy

Quién soy
realmente
¿es esta persona que veo yo?
¿la persona que ven los demás?
¿o una mezcla que no ve realmente nadie?
cuál es la verdadera


(Texto publicado originalmente a fines del 2017)

A los 13 años era una pequeña antisocial. Una niña ratísima. Me pasaba la mayor parte del tiempo jugando a Los Sims, dibujando y leyendo artículos en Wikipedia. Esa era la afición que más me enorgullecía y en la que más tiempo invertía: leer artículos en Wikipedia, lo que en mi mente era una actividad sumamente intelectual y elogiable.

Mis artículos favoritos eran de temas que para entonces consideraba cultos, de alta complejidad y exclusivos, es decir, leía puras cuestiones raras: métodos para identificar a las brujas en la edad media, biografías de astronautas famosos y de todo tipo de sectas y religiones que rompieran con la rutina del aburrido catolicismo. …


Texto ganador de una mención honrosa en los Juegos Literarios Gabriela Mistral 2018 en la categoría Cuento Juvenil.

Ya estaban todos durmiendo cuando me descubrí el bultito en el brazo. Lo miré y él me miró. Nunca lo había visto. De pie frente al espejo del baño, con el cepillo de dientes en una mano, sentí como me subía un frío por el cuerpo; estaba sumergida en el agua del ártico y de pronto no podía respirar. Me iba a morir. Me iba a morir ahí mismo, con el cepillo en la mano y el agua hasta el cuello. Pero aún no me moría. Mi mamá dormía. Uno de mis gatos me tironeaba una hilacha del pijama. …


Un intento de comentario imparcial sobre la serie de Netflix: “La maldición de Hill House”.

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Qué difícil es escribir sobre algo o alguien que te gusta mucho; algo o alguien que enciende tus pasiones. El corazón se me acelera y no puedo hilar palabras en orden. Nada parece suficiente y todo pierde su poca objetividad. Sin embargo, en la poca imparcialidad que podré reunir, quisiera comentar una de las últimas series de Netflix: “La maldición de Hill House”, basada en la novela más famosa de mi escritora favorita, Shirley Jackson.

Francamente, cuando terminé el primer capítulo estaba indignada. Me pareció espantoso, ridículo e irrespetuoso. Sin todavía entender bien la naturaleza de mi indignación, acudí a las redes sociales y vacié toda mi ira. Después me calmé, pensé: no puedo juzgar una serie entera por su primer capítulo, así que la vi entera. También conversé con algunas personas a quienes les había gustado la serie — incluso hice una encuesta por Instagram, para acceder a un mayor número de argumentos y personas — e intenté hacer un análisis un poco más sereno y objetivo. …

About

Catalina J. García

Me gusta la literatura tanto como la pizza.

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