Amor y café.

Yo siempre pensé que el amor era como tomar café.
Creía que el amor era un buen café oscuro,
cargado,
Y mientras más cargado estuviese, más exquisito sería.
Tenía la idea de que,
como el café,
con el tiempo me acostumbraría a su amargura.
Y que por ende lo «amaría»
Pensaba que con azúcar se neutralizaría.
Y aprendí que sí,
efectivamente,
es amargo,
y aprendes a tolerarlo
y a acostumbrarte a ello.
Como el azúcar al café
le adicionamos mil y un cosas,
Pero un «amor» mal preparado no lo salvan diez cucharadas de azúcar.
Al amor, así como al café hay que saber apreciarlo,
Así como el buen café es para paladares exigentes,
El buen amor es para corazones exigentes.
Y no se encuentra tan fácil como al café…